Llorá como quieras.

16 Nov

 

Pasé por FB y los catadores de conciencia están como locos diciéndote qué es lo que te tiene que dar pena y qué no debería darte tanta (?)

9:20 – 16 nov. 2015 ·

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Después del atentado que sufrieron los parisinos y que nos dejó a todos petrificados frente a la tele durante buena parte del viernes a la tarde y noche, muchos nos volcamos a las redes sociales que es nuestra manera de formar parte de lo que está pasando. A través de twitter, facebook, instagram, dimos rienda libre a nuestro horror, a nuestra solidaridad con los atacados, a nuestro reclamo de paz mundial y a nuestro profundo rechazo al Estado Islámico y a los suicidas que consideran que tienen derecho a decidir quién merece vivir y quién no. Lo de siempre. Lo que antes hacíamos en casa, sentados frente a la televisión, mientras hablábamos por teléfono con la tía Martha, ahora lo hacemos más público, a través de Internet. Y así como nuestra voz en repudio llega a todas partes y se viraliza, también tenemos el gusto de leer voces que no están tan de acuerdo con lo que exponemos detrás de un avatar y un nickname. Y aparecen los que opinan que Francia se merece que los maten en las calles porque ellos hicieron desastres en Angola o que el que a hierro mata a hierro muere y toda esa sarta de giladas que siempre hay alguno que proclama y hay muchos que sostienen. Y está bien que así sea. Para eso están las redes sociales. Viene pasando desde que conocí Internet y formé parte, allá por el 99, de un foro en el que cada vez que pasaba algo, se formaban dos bandos bien definidos. Un bando se horrorizaba por lo que estaba pasando, el otro lo justificaba diciendo se la buscaron. Y variaba la postura de cada uno según el responsable de la catástrofe. ¿Hubo una intifada en Israel? De un lado gritábamos loco, así no se puede vivir y del otro nos retrucaban con un Palestina es un pueblo libre y que se vayan los israelíes de ahí. ¿Desertaba el equipo completo de baseball de Cuba y pedía asilo político en San Francisco? Un grupete se quejaba diciendo pero que manga de garcas y otros decíamos lo bien que hacen, y que se mueran todos los comunistas. Gente opinando. Como debe ser. Aunque jamás nos pudieramos poner de acuerdo. Por que esa es la idea de cualquier red social (de algun manera, aquel foro lo era, antes de que se hiciera común el término). Gente de diferentes lugares del mundo, con diferentes realidades, con diferentes maneras de ver las cosas.  Sería aburridisimo que todos opináramos igual.

Lo que no existía en aquella época eran los catadores de conciencia. Los que se paran en la delgada linea roja que divide las opiniones y, con el dedito acusador, nos dicen que debería darnos vergüenza pensar como pensamos. Ahora sí. Son los que parecería que quieren quedar bien con Dios y con el diablo. Si el ataque hubiera sido perpetrado por Hamás, sin lugar a duda estarían diciendo que Israel tiene la culpa, que ay, los pobres palestinos y que a joderse toca. Pero con los muchachos del Estado Islámico la cosa se complica porque no tienen buena prensa. Tanto que ni siquiera los del propio Hamás los bancan. Nadie con un poco de cerebro puede defender a esta runfla de salvajes hijos de puta y entonces, al progre de cojín se le hace cuesta arriba el asunto. El fin de semana surgió en Facebook una aplicación que te permite teñir tu avatar con los colores de la bandera de Francia en apoyo al país que fue atacado. Y eso era lo que hacía falta para que una retahilla de almas sensibles salieran a echarte en cara que a vos te horroriza Paris pero no dijiste nada de la muerte de 40 personas en Beirut, o de 100 en una manifestación en Turquía o los 224 pasajeros del avión ruso que volaron en pedazos cuando venían de un centro turístico egipcio. Y encima le echan en cara a Facebook porque no te da la opción de ponerte la bandera del Libano en el avatar.

A ver. Uno se conmueve con lo que le es cercano. No creo que sea tan difícil de entender. Por eso algunos se ponen la bandera francesa en el avatar. Porque conocen París. O porque conocen gente que vive en París. O porque les gustaría conocer París. No creo que haya entre nosotros mucha gente que vaya a pasar la luna de miel a Beirut, o que tome habitualmente un avión que hace la ruta San Petersburgo-El Cairo. Es lógico que me duela París. Sin que yo sea una mala persona porque no me pongo la bandera del Líbano. Capaz es porque nunca fui al Líbano. O porque nunca fui a un balneario egipcio a pasar las vacaciones. Pero sí fui a París. Y me senté en esos barcitos y me pedí un café. Hay empatía con el que estaba ahí sentado y lo mataron de un balazo porque podría haber sido yo. bandera3

¿Cuál es la necesidad de venir a medir con una vara lo que a mí debería dolerme y lo que no me tendría que molestar tanto? ¿Quién te dio el título de juez? Si queres defender a ISIS y decir que los franceses se lo merecen por infieles y por ser la capital de la perversión, bienvenido, sentate y empecemos a discutir como discutíamos en el café hace 15 años, a los gritos y diciendo malas palabras. Pero no me vengas a catar la conciencia, a correr por izquierda, a poner en duda mi moral ni a decirme qué me tiene que doler y qué no. Porque lo primero que te quieren quitar los fundamentalistas es la libertad. De pensar, de actuar y de moverte. Y con la mía, no negocio.

A todo esto, yo no puse la bandera de Francia, pero vos ¿cambiaste tu avatar por la bandera del Líbano? Porque si queres hacerlo, con una búsqueda en google, un crop y un cambio de avatar se soluciona. Acá la tenes, podes usarla.bandera1

¡Los inútiles al poder!

16 Jul

Nada más peligroso que un inútil que no se enteró de que es inútil. Son peligrosísimos. Y te salen más caros que un hijo tonto.

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Grupo muy extendido últimamente, el de los inútiles. En realidad, inútiles hubo siempre pero antes estaban más ocultos. O al menos, no los veíamos tanto y entorpecían menos la vida de los demás.

El inútil es todo aquel que no sirve para nada. Los hay. Está lleno. Mire usted a su alrededor y los va a descubrir. Ya sea en el ámbito familiar, laboral, en la tele o en la calle. Están por todas partes. Cumplen, en la mayoría de los casos, la heroica tarea de no hacer nada útil ni bien. Uno los ve a diario probando suerte en emprendimientos que debían ser unos negociones tremendos y que terminan en rotundos fracasos o lidiando, impotentes, con trabajos para los que se consideran capacitados pero en los que entorpecen más de lo que colaboran.

El inútil es el pobre infeliz que no es capaz de nada. Suelen ser inofensivos si uno los mantiene lejos. Pero atenti, que un pequeño grupo de inútiles es peligroso porque es muy de tomarse en serio. Está bien que lo haga porque, claramente, nadie más lo hace. Una falta tremenda de sentido del humor los acompaña por la vida porque creen que el responsable de su ruina siempre es otro. En lugar de aceptar sus propias limitaciones, busca culpar a los demás de lo injusta que es la vida. Y se amargan. Un inútil amargado es peligrosísimo porque de pronto, por un vuelco del destino, una mala decisión, un giro de la suerte o un claro trabajo de extorsión, el inútil puede tener poder. Y ahí, agarrate.

Nada es más peligroso que el inútil resentido y con poder. Porque se la cree. Le falta experiencia, le falta idoneidad pero le sobra soberbia y ganas de revancha. Revancha contra lo que sea que considere el responsable de su incapacidad de éxito anterior. Y contra todo aquel que, durante años, haciendo bien su trabajo no hizo más que enrostrarles la inhabilidad congénita para triunfar en la vida que tienen.

Y se creen los dueños del mundo, se sientan en un banquito bien alto y desde ahí disfrutan haciendo las cosas mal. No por maldad, solo por incapacidad. El inútil no es intrínsecamente malo (bueno, si, algunos lo son). Es incapaz. Y no van a tardar en demostrarlo. Ya sea un puesto político, en un negocio, en un emprendimiento o simplemente en la mesa de entradas de una sociedad de fomento barrial.

La ola expansiva de la actividad de un inútil siempre está relacionada con la importancia del puesto al que logran acceder dejando atrás la meritocracia. Lógicamente, si llegan a manejar una empresa o un ministerio nacional van a ser mucho más dañinos que si solo se ocupan de la venta de entradas en una kermese parroquial. Pero en el lugar que ocupen, sea cual fuere, se van a encargar de usar ese poder para vengarse del otro, de aquel que fue capaz de lograr algo por las suyas.

Inútiles que en su vida consiguieron nada, en lugar de aceptar sus propias limitaciones, se creen que pueden hacer lo que no saben hacer. Y encima, alguien que invierte tiempo (propio) y dinero (de los demás) en hacer las cosas mal es carísimo. Y en esa decisión de hacer las cosas mal, arrastran a la ruina a los que la vienen peleando, porque la teoría parecería ser que si otros pudieron, uno puede. Y que me disculpen los libros de autoayuda, no suele ser así. Cada uno tiene limitaciones y la astucia es descubrirlas, aceptarlas y conseguir gente idónea para cumplir las tareas que uno no puede cumplir.

Pero el inútil, cuando está resentido, no puede hacer eso. No hace falta irse muy lejos para comprobarlo. Basta con ir a la kermese parroquial, al último emprendimiento barrial o al ministerio de economía.

Los inútiles han llegado al poder y no están dejando burrada por hacer. Habrá que intentar aguantar la debacle que están generando. Cuando hayan pasado y sean solo un mal recuerdo, quedaran en pié los útiles, para volver a construir lo que el inepto destruyó. Y mientras lo hacen se escuchará la voz bajita del que todo lo hace mal, farfullar que la culpa de su espectacular fracaso la tiene otro.

Las mamis del cole

13 Nov

Las mamis del cole te van a sacar las papas del fuego hasta que el angelito esté en quinto año, asi que más te vale que las cuides. #respect.

10:16 AM. 24 Oct 2014

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Dentro de las diferentes tribus urbanas con las que compartimos la vida cotidiana, al lado de los compañeros del laburo, los pibes del club y las cuñadas antipáticas, existe una categoría que, aunque ha sido explorada infinidad de veces por las más prestigiosas universidades del mundo, sigue mutando y reinventándose a sí misma constantemente: las mamis del cole.

Antes que nada quiero detenerme a marcar la importancia invalorable que este grupo de mujeres, cuya edad oscila entre los 25 y los 40 años, tiene en su intento (infructuoso a veces, pero intento al fin) de convertir a su pequeño demonio de sala de dos, que muerde a los compañeros y llora desconsolado cada vez que usted desaparece de su ángulo de visión, en un ser hecho y derecho, capaz de empezar la universidad y valerse por sí mismo, medianamente bien.

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Las mamis del cole tienen mala prensa. Una se imagina un grupo de mujeres al pedo, que de lo único que hablan es del disfraz de mariposa para el acto de fin de año y tiende a asustarse cuando empiezan a llegar mails decidiendo si a la maestra de plástica se le regala lo mismo que a la de música el 11 de septiembre. Pero a no desesperar porque esas mismas mamis del cole que en primaria pueden ser agotadoras, en secundaria pasan a ser aliadas incondicionales de toda madre que se precie de tal.

Esas mismas mamis del cole son las que arman un grupo en WhatsApp ofreciéndole traer a su hijo del cumpleaños del sábado, que se festeja en la loma del culo. O las que le mandan por mail la foto de las catorce páginas del libro de Historia que su hijo tiene que rendir mañana y dejó en el colegio.

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Según la Real Academia Española, mami del cole es aquella mujer que tiene un hijo en edad escolar, cuya vida gira en torno a la educación y relaciones sociales del mismo y, para lograrlo, interactúa con sus pares. La mami del cole actúa tímidamente en jardín de infantes. Ese es reino donde las maestras jardineras mandan y no hay mucha libertad de acción. Pero así como la ve, tímida y respetuosa, lo que está haciendo es tomar impulso para el primer día de primaria, que le abre seis años enteros en los que podrá actuar en plenitud.

 

Si utilizamos un criterio de clasificación por modus operandi, las mamis del cole se dividen en tres grandes grupos:

Generadoras.

Solucionadoras.

Desentendidas.

 La generadora es aquella madre más atenta al mundo exterior. O más al pedo. Es la que inicia la cadena de mails sobre el regalo del día del maestro, la que propone que todos los chicos que cumplen años en el primer trimestre de cuarto grado festejen juntos en las canchitas del Marín, la que pide entrevista con la directora semana por medio y después les cuenta a las demás que los chicos (según dice la directora, claro) se portan pésimo, la que organiza el café de madres en Marzo y la despedida del gordito Estévez, que se cambia de colegio, a fin de año.

Puede parecer medio rompepelotas pero, créanme, es necesaria. La madre generadora es la que le recordará que el miércoles les sacan la foto grupal a los chicos, la que le va a hacer saber a usted que el viernes tienen que ir con equipo de gimnasia porque juegan un partido contra el colegio de acá a la vuelta y la que le avisa que la maestra de lengua dijo que va a tomar el poema del quirquincho en la prueba del jueves. Cosas de las que, desde luego, su hijo no estaba enterado.  Pide la lista el primer día de clase y tiene en su poder el nombre y teléfono de la madre del nuevo, a quien estudia y tantea antes de dar un veredicto al resto de las madres, mientras plantea la urgente necesidad de hacer un café para darle la bienvenida.

La madre generadora suele ser primeriza y es fácil reconocerla en la puerta del colegio todos los días, a la mañana y a la tarde. Está ahí porque, es bien sabido que la puerta del colegio es la fuente misma de toda información. Por ahí salen maestros, directores, profesores de gimnasia y otras madres. Y a todo aquel que sale, se le puede hacer una pregunta.

 

La madre solucionadora es la contraprestación necesaria a la generadora. Sin madre solucionadora, la generadora estaría desesperada y la primera solo tiene razón de ser si existe la segunda. Es la que responde el mail diciendo cuanta guita pone cada una para el regalo del maestro, la que va al colegio con 2 sweaters de repuesto para los que lo perdieron así salen todos iguales en la foto grupal, la que googlea y reenvía por mail el poema del quirquincho, la que opina que los chicos se portan mal porque la maestra no impone autoridad, organiza el día y el lugar donde se le da la bienvenida formal a la madre del nuevo y la que decide que, a la despedida del gordito Estévez, la primer mitad de la lista lleva torta y la segunda mitad, coca.

En la puerta del colegio está una sola vez a la semana porque el primer paso ineludible para ser madre solucionadora es organizar, con éxito, un pool de 5×3 (cinco madres, cinco hijos, cinco cuadras a la redonda).

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Por último está la desentendida, gran pesadilla de los dos grupos anteriores. La desentendida es la madre que evolucionó. De madre generadora con el primero, pasó a ser solucionadora con el segundo y con el tercero y ya, con el cuarto hijo, pocas cosas le importan menos que los asuntos escolares porque sabe, ya lo vivió, que otras están ahí para ocuparse de generar y solucionar los problemas. La desentendida va al colegio el primer día y el último. El chico se vuelve en bondi con sus hermanos mayores. No participa del  regalo del día del maestro porque abre el mail el 17 de septiembre, su hijo sale con el sweater prestado en la foto grupal, lleva caramelos a la despedida del gordito Estévez y se saca un 4 en la prueba de lengua porque jamás leyó el poema del quirquincho. No sabe que hay un compañero nuevo y la primera vez que se cruza con la madre, la saluda convencida de que se conocen desde salita de 2.

  

Yo he sido madre generadora con Paz. Primeriza, inexperta, bastante pelotuda en todo lo que a ser madre refiere, las demás debían pensar que era medio fallada. Pero me soportaron estoicas. A ellas, mi eterna gratitud.

Con las de la clase de Mateo pasé a ser solucionadora. Tuve unas compañeras de rubro asombrosas que aún hoy, con Mateo en tercer año de la facultad,  me enseñan a no ahogarme en un vaso de agua.

Con Javier, soy madre desentendida. Ya está. Le pasé la posta a las más jóvenes que están ahí, ansiosas de cumplir su rol. Y cada día, cuando me llega un mensaje de WhatsApp avisándome que la de lengua toma el poema del quirquincho, agradezco al cielo cada uno de esos eslabones de mamis del cole que hacen mi vida mucho más fácil.  

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Porque tiene 12 años…

28 Oct

No los dejo arrobar a Casey Wander, no sean turros. Consíganme el user de la madre y me la dejan a mí solita.

10:07 AM – 28 Oct 2014

 

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Linda mezcla de Viva Perón y tengo 3 años.

 

 

Hoy tuvimos el lujazo de conocer al perfecto exponente del kirchnerismo falopa, versión kindergarden. Un mocoso de 11 años que ayer estaba en los festejos (¿?) por la muerte de Néstor en la ESMA diciendo cosas como “toda mi vida gobernó el kirchnerismo y espero que gobierne por el resto de mi vida”.

Además de, evidentemente no tener ni una pizca de conocimiento sobre cómo funciona la democracia y las bondades de la alternancia presidencial, lo absurdo del asunto es que nos encontramos con un chiquito que en lugar de estar jugando al FIFA2014 con sus amigos o estudiando regla de tres simple para la prueba que tienen mañana en quinto grado (¡!) está respondiendo pelotudeces ante las cámaras de la TV en un acto partidario.

Empieza con la novedad de que en el 2003 había peligro de golpe militar (ah mirá! Pensé que el único peligro ahí era el peronismo) y que fue Néstor el que frenó a los milicos que todavía tenían poder y nos cuenta, aliviadísimo, que gracias al tuerto no vamos a volver a los 90. Un pendejo que nació en el siglo XXI.

 

En fin. No me voy a meter con el chiquilín este porque tiene 11 años, es inimputable y no resiste el menor análisis la sarta de estupideces que dice con tonito de niño sabelotodo. A los que no logro entender es a los padres. Allá ellos y su ideología. Pero ¿hace falta exponer a un chiquito a repetir cosas sin sentido, que no entiende, por la pantalla de la TV pública y que hoy no se hable de otra cosa?

Tengo un hijo de 12 años. Juega a la play, mira videos en YouTube sobre cómo hacer experimentos, experimentos que después viene a recrear en mi cocina con el enchastre esperable. Detesta el colegio, juega al fútbol todos los sábados, no agarra un libro ni aunque le pagues, dice malas palabras cuando se enoja, ríe a carcajadas con los Simpsons, me baja jueguitos pedorros al teléfono, se hace el otario cuando lo mando a bañar y todos sus amigos (incluido él) tienen Boludo como sobrenombre. No le gusta la espinaca pero si la cocacola. A la noche hay que amenazarlo para que se vaya a dormir y a la mañana hay que amenazarlo para que se levante. Lleva unas cinco lapiceras perdidas en lo que va del año y ya ni pregunto con qué escribe. Tiene varias materias abajo y necesita romperse el culo estudiando este noviembre para salvarlas. Su paso por las redes sociales es controlado. Deja la ropa tirada cuando se cambia y es incapaz de combinar con un poco de decencia la escala cromática con la que se viste. No le gusta que le corte el pelo ni usar zapatillas nuevas porque los amigos lo gastan. Me destrozó un jazmín a pelotazos y todavía se nota el agujero en el cerco. Juega al Clash of Clans. Opina que el gol de Ibrahimovic de chilena desde afuera del área fue mucho mejor que el del Diego a los ingleses. Y que Messi es el mejor jugador del mundo. Es de Boca.

Y golpea dos veces la mesa con los nudillos cuando nos ponemos a hablar de política. Es su manera de pedir que cambiemos de tema. Porque no la entiende. Y le aburre. Y más allá de que en casa se habla mucho de política, intentamos frenarla cuando lo pide. Porque tiene 12 años. Tiene que hacer todo lo que dije arriba. Pero no hablar de política. No repetir como un loro las cosas que opinamos nosotros. Cuando sea grande, que hable y opine de lo que le pinte. Pero a los 12 que juegue al futbol con sus amigos, que conozca chicas, que se saque un 7 rasposo en matemática y que sea un chico de 12 años. No pido más que eso.

Al menos hasta dentro de un año.

Ahí pediré que sea uno de 13.

 

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Brasil, ¿te digo qué se siente?

14 Jul

Lo peor que nos deja el mundial son los kilos de más por tanta picada, almuerzo, té y picada de nuevo. Que vuelvan los mundiales en Asia!

14 Jul 2014 vía Twitter for Android

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Messi con pinta de lunes. De lunes negro.

 

Hoy el lunes parece mucho más lunes que los lunes comunes y corrientes de todo el año. Ayer era todo risas hasta que un alemán al que no le conocíamos ni el apellido nos metió un gol en el minuto 113 y nos dejó ahí, con el maní salado en una mano, la copa de cerveza en la otra y un silencio atroz en la garganta. ¿Y eso? Nos mirábamos sin entender qué había pasado. Y lo que había pasado, a juzgar por el festejo de los alemanes, era que nos habían metido un gol cuando quedaban 7 minutos del alargue de la final del mundial. Vida perra.

Hubo gente que salió a festejar. Está bien. Le hace bien al que considera que un segundo puesto es muy honroso, les hace bien a los jugadores saber que acá se los banca, le hace bien al que ya tenía comprados los cohetes para tirar y no quiere guardarlos hasta Navidad, le hace bien a los vendedores de banderas argentinas que si no, no las van a poder vender hasta el 25 de mayo del año que viene. A mí no me hacía bien y no salimos. No porque sea exitista, sino más bien porque el segundo puesto ya lo habíamos celebrado el miércoles cuando ganamos la semifinal. Y porque el horno no estaba para bollos. Javier, de 12 años, lloraba desconsolado frente a la tele, abrazado a la bandera argentina que había tenido en la mano los 120 minutos que duró el partido, con la desilusión pintada en la cara y una mala onda que no admitía ningún tipo de jolgorio. Mejor así, pensé. Yo no me alegro con un segundo puesto. Tampoco le voy encima a la selección ni opino que son unos pechos fríos. En el Mundial jugaron 32 equipos y somos mejores que 30 (en realidad eso está en discusión pero la tabla de posiciones así lo indica) pero para salir a las calles a festejar, en mi humilde opinión, hay que ser mejor que 31. Y no lo fuimos, fin de la discusión.

A eso de las 10 de la noche, Javier ya estaba jugando a la play, pensando en otra cosa y la que estaba con ganas de llorar desconsolada frente a la tele (sin la bandera argentina porque ya la había guardado) era yo, viendo el desparramo que se armó en el obelisco.

¿Qué se siente? Tristeza, viendo en lo que nos convertimos. Impotencia, porque la policía no actúa ante los vándalos. Amargura, porque los ves en tu propia cara destrozando lo que es tuyo. Bronca, porque de alguna manera el discursillo progre caló tan hondo en este país de culposos seriales que hoy los 120 detenidos estarán libres. Ganas de salir a patear tachos, cuando escuchas a Berni decir que esto estuvo todo organizado y aun así, la policía federal no actuó. Odio, cuando lees a la mili-idiocia k diciendo que la culpa de todo la tiene Clarín. Desconcierto, cuando cambias de canal y ves que ningún otro muestra el zafarrancho que se armó en pleno corazón de la capital del país. Y unas ganas enormes de ponerte a dormir cuando te das cuenta de que si hubiéramos ganado, pasaba lo mismo, porque esto no fue una cuestión de intolerancia a la frustración, sino más bien una muestra de lo que nos deja, como sociedad, la bonita década ganada en planes, en exclusión social, en no criminalizar el vandalismo porque la culpa no es de los salvajes sino del neoliberalismo, en bancar a los barrabravas porque son “hinchas fanáticos que arengan y arengan desde el paravalanchas” y en una falta de educación y respeto por el otro que venimos aprendiendo del ejemplo de una maestra que nos da clase a diario (si la laringofaringitis se lo permite, claro) desde el atril del Salón de la Mujer en la Casa Rosada.

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Hordas de alegres entusiastas colman las calles de la ciudad…

Yo apagué la tele y me puse a dormir. Porque la vida ya es bastante perra como para amargarse más por culpa de unos delincuentes de cuarta.

Hoy la mañana se presentó mal aspectada. La balanza no perdona y un mes de picada, almuerzo, postre, té, otra picada solo puede traer malas noticias. Por suerte Javier empezó las vacaciones y no tuve que armarme de valor para ir a despertarlo. Salí de casa temprano y en el bajo de San Isidro, las banderas celestes y blancas, que el viernes eran símbolo de alegría y festejo, hoy estaban más tristes y sin flamear tan alto. Dicen que es porque salimos segundos. Después de ver el desastre de anoche, creo que es porque no tenemos salida.

 

Así que ahí tenés, Brasil. Eso se siente. Igual, cada vez que un argentino cruce a Uruguayana o se baje del avión en Guarulhos, lo vamos a hacer tarareando a CCR. Porque aunque tengamos un país lleno de impresentables que no pueden juntarse a festejar algo sin destrozar lo que encuentren a su paso, con ustedes vamos a estar hablando de fútbol y podremos haber perdido la final en tu casa, pero del 7 a 1 en semis, no se vuelve nunca más.

Brasil, decime qué se siente...

Brasil, decime qué se siente…

 

Dejen festejar, che.

11 Jul

El de 12 salta de alegría! Salimos a tocar bocina porque a un futbolero no se le niega eso. Y a mí, que de futbolera tengo menos que de física nuclear, tampoco.

9 Julio 2014. 20:01 

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Después de 24 años, volvimos a una semifinal del campeonato mundial de fútbol y, como no podía ser de otra manera, el espíritu antinómico que llevamos inserto en el ADN argentino, marcado más a fuego que el mate y el che, boludo, salió a lucir en varios, ante el festejo (un tanto desmedido por el jolgorio de vernos en semifinal y no tener la copa en la mano todavía) pero entendible después de tantos años de volvernos en cuartos.

Me acuerdo del atronador grito que se escuchó en mi departamento de recién casada frente a la plaza Las Heras cuando Goyco atajó el último penal en aquella semifinal ante Italia en el 90, ruido que salía de las mismas entrañas de la ciudad, ciudad que hasta ese momento había respetado un silencio de misa y que de pronto despertó, eufórica y enloquecida para vomitar a miles de argentinos que sólo querían festejar, un rato, el pase a semifinal. Y aunque el domingo siguiente, un penal mal cobrado de Codesal nos devolvió a casa con la infamia del subcampeón, el festejo de la semi no nos lo quitó nadie.

Este miércoles, pasó lo mismo. Y hasta yo, que tengo menos futbol que la revista Para Ti, festejé cantando Brasil decime qué se siente, tocando la bocina por el centro de San Isidro y disfrutando lo que para mi hijo de 12 años es toda una novedad. Es mi primera final, somos casi los mejores del mundo en Fútbol. Qué se yo. Es festejar algo. Y no creo que esté mal.

Leyendo los diversos twits que se fueron dando luego del triunfo de la selección el 9 de Julio (no  hay nada más divertido que un mundial en twitter, sostengo convencida, después de haber vivido dos) descubrí que muchos ponen en duda nuestra inteligencia y consideran que el mundial nos enceguece y solo pensamos en fútbol y en goles y mientras tanto el gobierno hace lo que les viene en gana con nuestros derechos y nuestras libertades. Curioso, como si realmente nos hubieran demostrado a lo largo de estos años que necesitan que estemos todos distraídos en algo para llevarnos por delante.

Y déjenme decirles que, aunque parezca poco, en estos años hicimos mucho. Les rompimos los esquemas un 13 de septiembre, saliendo a la calle con frío, de a cientos de miles, convocados por redes sociales en una nueva modalidad por la que nadie daba dos mangos. Y les reventamos el obelisco y todas las plazas del país un caluroso 8 de noviembre en el que nos volvimos a juntar con consignas clarísimas para el gobierno y para la oposición. El 18 de Abril del año pasado volvimos a llenar plazas y calles, desmoronando en la propia cara de sus ideólogos, megaproyectos reeleccionistas y de “democratización de la justicia”. Y lo hicimos nosotros, saliendo con banderas cuya consigna fue sacada de nuestro propio himno nacional: Libertad, libertad, libertad. El año pasado tuvimos elecciones legislativas y miles de argentinos dejaron por primera vez la comodidad del domingo en casa para fiscalizarlas, sabiendo qué era lo que estaba en juego.

Cuando presentaron la lista de convocados al mundial, Capitanich dijo, sueltísimo que cuerpo, en un sincericidio digno de libros de estudio, que a partir del mundial en este país solo se iba a hablar de fútbol. Bastante mal les salió, me temo. El mundial ya está terminando y en este mes al gobierno se le vino abajo la causa que armaron contra Campagnoli con el único propósito de enseñarle a los demás fiscales qué te pasa si investigas al poder, un juez decidió que Boudou debía estar procesado por querer chorearse la máquina de hacer billetes, Cristina no se pudo ir de viaje porque no le da la cara (y eso que la tiene bastante dura) para dejar al impresentable de presidente a cargo. Y lo mandó a impostar peronismo (¡al tipo que viene de la UCeDe!) al acto de nuestra mayor fecha patria, rodeado por un gabinete de arrastrados que no pudieron, aunque quisieron, disimular la cara de culo, frente a un auditorio de 1500 personas, copado por los idiotas útiles de la Cámpora. Los fondos buitres siguen ocupando buena parte de las planas de los diarios y en los programas de radio con un poco de independencia ideológica no se habla de otra cosa. Mal, muy mal les salió.

Por eso, déjennos festejar en paz. No vamos a tener un país ni mejor ni peor por bordar una estrella más en el escudo. Vamos a seguir siendo nosotros, con nuestros aciertos y nuestros errores. Pero un poco más contentos durante unos días. Porque el fútbol, cuando es la selección nacional la que juega, tiene eso. Nos hermana. Nos amiga. Festejamos todos. Hasta los que no somos capaces de responder quién fue Di Stéfano cuando nos toca en el Preguntados. Y si, probablemente el gobierno aproveche para alzarse como gestores del triunfo. Déjenlos. Es más que evidente que están preparándose para la gran fiesta nacional y popular por nuestra supremacía ideológica y deportiva. Pero ¿cuánto tiempo les va a durar? No van a pasar tres días antes de que la caguen por algún lado. Porque son tan berretas que no lo pueden evitar. Y al menos, durante unos días nos vamos a levantar con una sonrisa. Y los que habitualmente veraneamos en Brasil, vamos a tener 20 días inolvidables en Enero, tirados en una reposera, tomando caipirinha y tarareando Brasil, decime que se siente… no me quiten ese gusto, se los pido por favor…

 

Nos vemos en Enero, hermanos...

Nos vemos en Enero…

 

 

 

 

¡Mamá, mamá, me gustan las naranjas!

3 Jun

Una de las grandes enseñanzas que le dejó el campamento al de 12 es que le gustan las naranjas (?)

3:16 PM – 3 Jun 2014

 

Como todos los años, me llegó, a poco de empezar las clases, una nota del colegio en la que me informaban el lugar y la fecha en la que iban a hacer el campamento.
A diferencia de mis hijos mayores, que adoraban ese programa, a Javier el asunto no lo atrae demasiado. Y como para mí la idea de dormir al aire libre, sin wifi ni microondas cerca, haciendo fogatas y respirando aire puro me resulta una experiencia no del todo fascinante, nunca lo obligué. En tercer grado fue y a las seis horas de haberle estampado un beso de nos vemos a la vuelta me llamaron por teléfono para avisarme que estaban muy preocupados porque el mocoso se sentía mal, le dolía mucho la panza y lloraba pidiendo hablar conmigo.
El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo, pensé y lo primero que hice fue preguntarle al maestro que estaba del otro lado del teléfono: ¿qué van a comer?
Guiso de rancho, con fideos fue la respuesta.
Olvidate, le dije, no le duele nada, llora porque no quiere comer eso. No le gustan los fideos ni el guiso. Y te aviso, tampoco le gusta la leche con nesquik, ni la galleta de campo con miel, ni las mandarinas de postre, ni los callos a la madrileña. Si van a darle empanadas, que sean de jamón y queso, no come de carne ni de humita ni de pollo, si hacen asado no le ofrezcas ensalada, las cosas verdes le dan asco, choripán no come a no ser que esté muriendo de hambre y si hacen pizza, intentá que no se le vea la salsa de tomate.
Después de mi declaración de principios, pedí hablar con él, le dije vos come pan y no me rompas las pelotas, mamá te quiere mucho pero no tanto como para subirme a un auto y hacer 180 kilómetros para buscarte por un capricho, le mandé un beso enorme y apagué el teléfono hasta dos días después, cuando tuve que ir a buscarlo. Cuando bajó del bondi le avisté la cara de culo. Me echó en cara que no lo había ido a salvar de tormento de los fideos con guiso durante todo el viaje a casa (por suerte son tres cuadras nada más), llegó y se comió una fuente entera de muffins con Ades de manzana y no me habló durante tres horas.
Durante cuarto, quinto y sexto grado, no quiso volver a repetir la experiencia. Y yo, sinceramente, tampoco. Cómo había un grupo bastante especial en la clase, que vivía jodiendo al resto del plantel, eran varios los que desistían de pasar unos días en sana camaradería al aire libre. El colegio, preocupado por los casos de bullying que se estaban dando, fue llamando a las madres para preguntar por qué los chicos no querían ir. No pasa nada demasiado dramático, el mío no va porque no le gustan los fideos fue mi respuesta sincera cuando me tocó el turno. Pero comen otras cosas, me dijeron, en el campamento a Villa Paranacito comen lo que ellos mismos pescan.
Este mocoso no come milanesas, ¿a vos te parece que se va a comer un surubí a la parrilla?

La lógica de mi argumento los dejó sin palabras y así nos dejaron en paz. A él y, sobre todo, a mí.
La cosa es que este año, por primera vez desde la fatídica experiencia de 3ro, vino suelto de cuerpo diciendo que quería ir. Tocaba en la isla Martín García.
Ok, dije yo, pero tené en cuenta que no tengo modo de ir a rescatarte si te quieren hacer comer fideos con guiso porque vas a estar en medio del Rio de la Plata, después no podes enojarte conmigo.
Igual no irías me dijo con cierto tono de rencor en la voz, sospecho que no se le pasó del todo el encule de 3er grado.
Como sé que dicen que el desayuno es la comida más importante del día y sabiendo que solo iba a comer salteado, desafiando todas las indicaciones que nos dieron sobre qué cosas llevar y qué cosas no, le metí adentro del bolso una caja de Ades y un paquete de galletitas por cada uno de los días que iba a estar lejos de casa, les hice hombritos a las otras madres que me censuraron con la mirada y le avisé al mocoso que no se coma todo el primer día porque después iba a pasar tres, a pan y agua.
Volvió cansado, sucio como conciencia kirchnerista, quemado por el sol, contento y con algunas novedades gastronómicas. Comieron salchichas con papas y las papas, no eran ni de paquete ni mc cain y, a diferencia de las que le quise hacer comer durante años en casa, no le parecieron tan horribles. Hicieron hamburguesas con sus propias manos y eran riquísimas (aunque no fueran goodmark), comió fideos (¡!), aunque después se sinceró y dijo que habían sido 15 (los contó, parece) (¿a quién se le ocurre contar fideos?) y por último, cómo si hubiera descubierto la pólvora, proclamó que había comido naranjas haciéndoles un agujero con un cuchillo y chupando el jugo y que no le había dado asco.
¡Tomá! Todo un aventurero.

Yo sé que mi hijo menor es un malcriado y me hago cargo. Intento cocinar comida que le guste porque además de ser un malcriado es un cabeza dura y sé que si no quiere comer, no va a comer. No importa cuánto tiempo dedique a esperar que se coma la crema de espinaca o el puré de calabaza. No lo va a hacer, ya probé y la experiencia indica que puede quedarse enfrente del plato durante horas sin que se le mueva un pelo. Las amenazas, que con sus hermanos mayores funcionaban a la perfección, con este caen en saco roto. No come y puede sobrevivir haciendo fotosíntesis. Por mi parte, considero que de hambre no se va a morir, yo hubiera sido igual si mi madre me lo hubiera permitido, claro, y ya llegará el momento en que se busque una novia que prepare fideos con guiso o callos a la Madrileña y el muy maldito se lo va a comer encantado, echándome en cara, probablemente, que nunca le cociné algo así de rico. Los hijos son todos iguales. Así de ingratos.

 

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Vení, cumpa, explicame

10 Abr

 Che cumpa, te acordas cuando Moyano bloqueaba la salida de Clarin? No te parecía cool en ese momento?

8:44 AM – 10 Apr 2014 ·

Aquí también La Nación crece (?)

Aquí también La Nación crece (?)

Dicen que uno de los muchos  logros del kirchnerismo y los 10 años de década gastada bajo el gobierno matrimonial de Néstor y Cristina, es que devolvieron los jóvenes a la política. Sin querer detenerme del todo en la utilidad para el país y el propio individuo de esta bonita costumbre (no hace falta más que recordar a las juventudes y su compromiso con la militancia en la Europa de mediados del siglo XX), lo cierto es que hoy en día una se cruza con algunos personajes pintorescos como vos, cumpa, que se autodenominan “soldados de Cristina”.

Está bien. Si algo se le puede reprochar al menemismo neoliberal es que a  los jóvenes de aquella época (entre quienes orgullosamente me encuentro) lo único que nos interesaba era laburar, ganar unos mangos, comprarnos con un crédito hipotecario un departamento de dos ambientes con balcón a la calle, viajar por la panamericana ensanchada  y no tener que esperar tres años para que te pongan un mísero teléfono fijo. De política, poco y nada. Después llegó la época de la Alianza en la que los jóvenes ocupaban el tiempo en buscar laburo y sobrevivir medianamente. El horno no estaba para bollos y no había lugar para soldados. Después de la debacle del 2001, a la juventud le tocó juntar los pedazos que les correspondían de un país bastante destrozado y llevarlos al club del trueque para cambiarlos por una heladera y un carro tirado por un matungo flaco y medio sarnoso.

El asunto es que llegó Néstor, y sin dejar las convicciones (ni las costumbres de pasión por la guita ajena) en la puerta de la Casa Rosada, de a poco empezó a convocar a esa juventud maravillosa y postergada y a darle algo de bola. Los pibes piolas como vos, que igual que todos los adolescentes lo único que reclaman es atención, abrazaron enfervorizados la causa kirchnerista. Sobre todo después de que Néstor pasó para el otro lado y la pobre viuda de luto quedó a cargo de los negocios que el santacruceño había empezado (con bastante éxito, todo hay que admitirlo).

Ok, cumpa. Estás en tu derecho. Podes gritarle al movilero de TN que devuelva los nietos aunque las pruebas de ADN tengan rigor científco. Podes ir a escuchar extasiado a Fidel Castro hablando de las virtudes del comunismo y las pestes del capitalismo, aunque después te vayas a comer un Big Mac con papas y coca, antes de tomarte del 189 que te lleva de vuelta a casa. Podes ir a gritar en Casa Rosada que a los gorilas, donde vayan, los iremos a buscar, aunque sepas que tu viejo, el que se partió el lomo toda su vida para que a vos y a tus hermanos no les falte nada, es más antiperonista que Braden. Podes emocionarte cuando Cristina dice que se siente un poco la mamá de todos los argentinos, aunque desde ya te aclaro que en la sucesión no te van a dejar entrar.

Está bien. En mi época, los chicos rebeldes eran medio zurditos, pontificaban sobre la genialidad de la vida detrás de la cortina de hierro,  desde este lado de esa cortina, con un vaso de wiscola en una mano y un  marlboro en la otra, pagado por la mensualidad que les daba papá, que solía ser tremendo capitalista. Es lo que corresponde. La juventud es el momento en que uno tiene que mandarse todas las cagadas que no se mandó de chico por miedo al castigo y que no debería mandarse de adulto porque puede terminar en cana. Hasta ahí vamos bien.

Lo que no podes hacer, cumpa, es gritarle a tu abuelo que es un cipayo vende patria cuando protesta porque el 11% de aumento que va a cobrar con su jubilación en Mayo, ya no le sirve en Marzo porque devaluaron un 25% en Febrero. No vale enarbolar la bandera contra la dictadura pidiendo cárcel común para los genocidas, con Milani a los abrazos con Cristina. Tampoco vale llamar vaga a tu vecina maestra, la que te ayudaba con el factoreo cuando estabas en sexto grado, porque se pliega al paro de docentes, exigiendo que las paritarias sean del mismo nivel que se calcula va a ser la inflación. No podes pretender tampoco, que tus hermanos abracen la causa con el mismo fervor que vos, porque cuando ellos terminan de laburar quieren volver a casa y no meterse en el supermercado de la esquina a controlar que los precios estén bien cuidados. No son unos turros que quieren la vuelta del neoliberalismo asesino. Solo son laburantes que están cansados. No acuses de ser miembros de la derecha recalcitrante a los parroquianos que van a tomar el vermú y a jugar a los dados al bar del Cholo frente a la estación. Yo sé que no está bien que entre cinco agarren y caguen a trompadas a un pobre motochorro que solo acababa de hacer volar por los aires a la kiosquera cuando le robó, de un tirón, la cartera. Pensá que al Cholo, en lo que va del año, lo afanaron cuatro veces y la última lo fajaron tanto que terminó en el hospital. Hoy estás hecho una furia porque hay un paro nacional, organizado por Moyano. Si, si. El mismo Moyano que hace un tiempo le bloqueaba la salida de los diarios a Clarin y a vos te parecía genial. ¿Qué pasó? ¿Ahora hacer piquetes está mal? Para mí, siempre estuvo mal pero vos me decías que no había que criminalizar la protesta social y blah blah blah… No repitas como un loro que gracias Néstor y Cristina recuperamos YPF, Aerolineas y los goles secuestrados. Porque, en serio, quedás como un tarado. A YPF se la estamos dando a Chevron, que es una empresa insigne del Imperio, con Aerolineas le estas subsidiando con tu guita el viaje a Miami del jovato de la esquina, ¿lo ubicas? El pelado que largó a la mujer y a los cinco chicos y se juntó con una mocosa que podría ser su hija. Y la chiruza le pide que la lleve a los malls de Miami, no como la doña Martha, que se contentaba con quince días de Febrero en un departamento en San Clemente. De los goles, mejor ni hablar, porque nos están saliendo más caros que un hijo bobo. Y yo, sinceramente, no considero que ver fútbol sea un derecho humano irrenunciable. Pagarle el 82% móvil a los jubilados, capaz si, ¿no te parece?

En serio. Vos seguí con tu mambo. Hacé pintadas de la Cámpora dónde te guste, fumate todos los shows de standup que hace tu líder por cadena nacional pero no te enojes si yo apago la tele. Porque me da vergüenza ajena verla y oírla. No tanto por ella, que es una tipa grande y nadie la obliga a hacer el ridículo. Más bien por vos, que sin un mango en el bolsillo, sin posibilidad de conseguir un laburo más o menos decente, festejas la década ganada como si realmente hubieras ganado algo. Y si queres, creete todos los cuentos que te hace desde el atril, pero no me jodas. Por más que ella lo afirme, bañada en esa megalomanía que la acompaña a diario y vos insistas hasta las lágrimas, no van a lograr convencerme a mí de que Cristina es mi mamá.

 

Fin de año a la argentina.

11 Dic

La locutora de #LaCadena ahora va a decir “LA PRESIDENTA DE LOS 40 MILLONES DE ARGENTINOS” y atrás *esta promoción no incluye a Córdoba*

Sent by @juanip_ 8:36 AM – 4 Dec 13

Llega, como siempre esta bonita época del año y las tradiciones que nos acompañan desde hace años toman una dimensión particular. Empiezan las fiestas de fin de año en las empresas, los chicos, que se rascaron a tres manos durante todo el año, tienen que preparar veintiocho materias para rendir en diciembre, armamos el arbolito de Navidad y escuchamos villancicos, nos volcamos en masa a aprovechar los descuentos del Galicia y prendemos la tele para ver a dónde están saqueando supermercados, en una clara muestra de que el nuestro, es un país de usos y costumbres.

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Este año, descubrimos sorprendidos que los que saquean supermercados han variado de táctica y en lugar de ir a las góndolas de almacén, enfilan a las de electrónica. No los culpo. Lo más probable es que en las primeras se encuentren con los carteles que advierten que lo máximo que se puede llevar por grupo familiar son 2 kilos de azúcar, 1 de yerba y 2 de harina triplecero. En cambio, gracias al programa Televisores para todos y todas, impuesto por el, injustamente expatriado comisario Moreno, las teles que se fabrican en el exterior y se ensamblan en Tierra del Fuego, dónde además se le pone una bonita calcomanía que dice Industria Nacional, sobran y en la sección de electrónicos de los supermercados y tiendas afines está lleno de plasmas de 56 pulgadas, ideales para ver el mundial, que empieza dentro de unos meses. Que sean marginales no significa que tengan que ser boludos.

El espectáculo empezó en Córdoba, donde los canas, fogoneados vaya usted a saber por quién, decidieron acuartelarse y decir mi honra está en juego y por menos de 9 lucas de básico, no me muevo. Acto seguido,  las hordas salvajes de ganadores incondicionales del modelo de distribución de la riqueza con matriz diversificada de inclusión social,  barrieron con todo lo transportable en una Zanellita  50, producto también, bueno es destacarlo, del plan Motos para todos y todas, ideado por el mismo ex subsecretario de comercio interior, ahora devenido en agregado comercial de algún país al que, definitivamente, odiamos.

Mientras los cordobeses se atrincheraban en sus casas, muertos de miedo, el caos inundó la ciudad. El gobernador andaba haciendo combinaciones en aeropuertos internacionales y desde el gobierno nacional no se escuchó ni una palabra hasta el día siguiente, donde nuestro jefe de gabinete y presidente en ejercicio desde que la señora se mandó a guardar y dedica sus tardes a enseñarle a Simón a dar la patita, en una especie de suicidio político proclamó que vivimos en un país federal, dónde cada provincia se hace cargo de su seguridad, que a su teléfono no llamó nadie para pedirle el envío de gendarmería y que si el gobernador de Córdoba estaba en el  exterior, no era problema suyo. Algo así como háganse cargo ustedes que pertenecen a otro país.  A esto, De La Sota, viejo peronista que fuma bajo el agua, respondió con una nota publicando todos los teléfonos a los que había llamado y un aumento a los policías para calmar las aguas en la provincia y agitarlas en el resto del territorio nacional. De ahí a nada, se armó la de Dios es Cristo en buena parte del país y durante el día se levantaban apuestas en las casas de lotería y quiniela, intentando adivinar cuál provincia sería la próxima en la que la policía se amotinara sediciosa contra la democracia pidiendo un básico mayor a 4300 por mes más un uniforme al año.

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El asunto podría no haber pasado a mayores si fueramos Suiza. Pero como somos Argentina y nos gusta el drama, la violencia se hizo lugar junto al saqueo del chino del barrio y el local de Frávega de la rotonda. Y empezamos a contar muertos. Vamos por 12, y recién estamos a 11 de diciembre. A algunos, les dispararon. A otros, los molieron a golpes. A un chino que intentó defender su comercio, sus propios clientes de todo el año lo dejaron inconsciente adentro del local, al que prendieron fuego. La barbarie misma, diría un sanjuanino que hace 145 años quiso fundar un país en serio. Las imágenes (casi todas fruto de las máquinas de fotos de los usuarios de redes sociales ya que los canales de televisión, ley de medios y reparto de pauta oficial mediante, se hicieron bastante los boludos) eran terribles. Barricadas, vecinos armados en las terrazas de las casas y comercios, autos quemados en las esquinas. Parecía Bagdag, pero era la plaza vieja de Yerbabuena, en Tucumán. Y, lo que más se palpaba en lo que leíamos, era el miedo. Miedo atroz de la gente común, de ciudadanos argentinos, como vos o como yo, librados a la buena de Dios y sin poder reclamar algo tan básico y tan elemental cómo poder dormir de noche tranquilos.

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Pero que nada nos distraiga de lo realmente importante. Ayer cumplimos 30 años de democracia ininterrumpida y el kirchnerismo organizó una mega fiesta popular en plaza de Mayo, dónde pudimos ver a nuestra líder (de monocromático blanco y negro porque se sacó el luto pero no tanto) bailar junto a figuras del espectáculo como Moria Casan y la hija, dónde hubo un rincón para 1600 invitados VIP (porque parece que populares somos todos, aunque algunos más que otros), dónde a artistas que hace más de 15 años no meten un éxito, les pagaron como si fueran U2 y dónde pudimos escuchar, extasiados, a León Gieco que solo le pedía a Dios que la muerte no le sea indiferente.

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Lamentablemente la Muerte no lo tuvo en cuenta y decidió dejarlo seguir cantando y, en cambio, no serle indiferente a 12 ciudadanos de nuestra Argentina Profunda, dónde los fuegos artificiales en realidad no son símbolo de festejo como en la Plaza de Mayo porque, lamentablemente, allá son balas.

Ser Fiscal

29 Jul

No importa quién vota, ni cómo vota, ni dónde vota ni a quién vota. Lo que importa es quién cuenta los votos.

10:59 AM – 22 Jul 13 via twitter for Android

serfiscales

El 11 de Agosto, dentro de menos de 2 semanas, votamos las PASO (Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias), una especie de simulacro de elección ya que, por ejemplo en Provincia de Buenos Aires prácticamente (salvo algunas elecciones municipales) no hay elección primaria alguna. Los partidos políticos eligieron por nosotros quiénes serán los candidatos en Octubre así que nos hacen ir un domingo a votar y, dos meses después, otra vez a votar en la mayoría de los casos, lo mismo. Un gastadero de plata al pedo, bah.

El asunto es que, las primarias, en este país semiadolescente en el que transitamos nuestros días, solo sirven para dar un ganador que, en la elección general, ganará aún por más diferencia porque al argentino promedio le gusta jugar a ganador y ¿para qué votar a alguien que no tiene posibilidades de salir primero?

Por eso, aunque, repito, son un gastadero de guita que bien podríamos ahorrar en lugar de dilapidar en algo que no cumple su razón de ser, es importante fiscalizar que los votos lleguen a sus legítimos destinatarios. No es chiste. Desde la promulgación de la nueva ley electoral, es el Ministerio del Interior el responsable de llevar adelante el proceso (algo así como ser juez y parte) y es INDRA (una empresa bastante cuestionada) la encargada de contar los votos.

Hace tiempo nos hemos creído el cuento de que vivir en democracia significa ir cada dos años a votar y tener el sellito en el documento. Mentira. Vivir en democracia es mucho más que eso. Requiere un compromiso cívico para saber qué votamos, qué propone cada candidato, cuántas de las cosas que prometió ese candidato cumplió (en el caso de los que se presentan a un segundo mandato) y, por qué no, cuidar que el conteo de los votos refleje fielmente la voluntad popular a través de la fiscalización.

Cuál es el trabajo del fiscal? Es simple. Cuidar las urnas. Evitar que los votos se cuenten mal, vigilar que las autoridades de mesa hagan bien su trabajo, corroborar la identidad de los votantes, asegurarse de que haya boletas y fiscalizar la apertura de sobres y la computación de los votos correctamente. Además de eso, charlar con los otros fiscales, aplaudir a los chicos que votan por primera vez, comer medialunas que a veces te traen y tomar el café más espantoso que puedas imaginar, hecho por la directora de la escuela.

Desde la Red Ser Fiscal  buscamos 100000 fiscales comprometidos en la transparencia electoral, con la única misión de garantizar que se respete la voluntad de los votantes a la hora de emitir el voto.

Cuáles son los requisitos para ser fiscal?

Elegir un partido para el cual fiscalizar entre los que adhirieron a SERFISCAL (la adhesión de partidos cubre un espectro que va desde la centro izquierda hasta la centro derecha) ya que no existe en la ley electoral la figura del fiscal independiente y todo aquel que quiera realizar tal actividad debe hacerlo acreditado por un partido que se presente a elecciones.

Fiscalizar en la mesa donde estás empadronado (la nueva ley electoral impide agregar votantes a los padrones)

Realizar un curso de capacitación (la red o el partido que elijas te lo dan) si es la primera vez que vas a fiscalizar, para saber la diferencia entre votos válidos, nulos, impugnados, recurridos y en blanco.

Estar en la escuela desde las 7:30 AM para estar presente en el acto de apertura del comicio y dejar la escuela, con el certificado de escrutinio firmado por el presidente de mesa y otros fiscales en la mano, certificado que se entregará a los fiscales generales de cada partido para que cotejen los resultados con lo que carga INDRA y, en caso de haber diferencias entre ambos, reclamar ante la justicia electoral.

Levantarte al día siguiente e ir a trabajar cansado, pero seguro de que hiciste lo que estaba a tu alcance para que en tu país haya una mejor democracia. Y, de esa manera también, un poco más de República.