Insultos vistosos

15 Feb

“@carlospirovano BTW, el término “sopenco” hacía mucho que no lo escuchaba y me parece vistosísimo. Lo voy a implementar.”
14th febraury from TweetDeck in reply to carlospirovano

Pocas cosas me producen mas risa que los insultos que uno no se espera. Que te digan boludo, idiota o recontrapelotudo es algo común en estas pampas. Tan común que ni siquiera ofende.

Los que tenemos la suerte de tener padres españoles solemos ser bilingües para insultar.
– Che, vos, gamberro, ¿qué te parece que estás haciendo?- descoloca a cualquier mozalbete de la edad de mi Tute, sobre todo porque no sabe que significa la palabra gamberro.
– Si serás mentecato– deja a cualquiera pensando que quisiste decir.
– Que memo resultaste- provoca la misma reacción.
– Tu cabeza de alcornoque no funciona del todo bien, ¿no?- hace que los mas avispados intenten una aproximacion entre el caucho y la cabeza, aunque la mayoría ignorarán el significado de la palabra alcornoque.
– El zanguango éste está para el cachetazo- se me oye decir por los pasillos cuando pretendo que Javier vaya a la cama y el tipo responde: pará…

Si mamá decía “me cago en tus muertos” la cosa se estaba espesando, lo mejor era rajar a tiempo y si comías mal y rápido te convertías en un tragaldabas. Si mis niños hacen huevadas son unos mamertos y si quiero mandar a alguien ahí mismo, lo mando a que le den por culo aunque no es un término digno de una madre abnegada como yo.

En el plano de las maldiciones tambien me destaco, ojala te agarre un dolor tan grande que cuanto mas corras mas te duela y cuando pares revientes lo aprendí de mi madre tambien, que para esas cosas es muy ingeniosa. Y alguna vez escuché el Te voy a clavar un puñal y a echarte vinagre en la herida para que te escueza que tambien tiene lo suyo porque el verbo escocer no es un verbo que uno utilice habitualmente en la jerga diaria. Al menos yo no lo uso, ¿ustedes si?

La cosa es que para insultar hace falta imaginación. Caer en el insulto trillado hace que uno se quede con ganas de algo más. Y además, los insultos pasan de generación en generación, como el apellido y la receta de la sopa de pollo.

Otros que saben insultar:

Cuando vivíamos en Bahía Blanca, la señora X (no es que quiera mantener el anonimato, es que ni a ganchos me acuerdo de su apellido, sólo recuerdo que era la madre de unos que vivían a dos cuadras de casa) les gritaba a sus hijos y sin empacho: Hijos de puta, haganme caso. Curioso apelativo para sus hijos, que en definitiva era más un insulto hacia ella que hacia los chicos que, entre nosotros, no parecían muy preocupados por las actividades extrafamiliares de la jefa del hogar.

Mía, la amiga croata de mamá, lo retaba al hijo en su lengua materna. Jamás entendí que era lo que le decía pero el tono despejaba todas las dudas, lo estaba cagando a palos, a lo que el hijo sólo respondía: Bueno mamá, está bien mamá.
Ortrud, mi vecina alemana, hacía lo mismo con sus alemancitos, les hablaba en un bastante deficiente español hasta que se mandaban una cagada, ahí empezaba con una diatriba tedesca que me dejaba, del otro lado del cerco, con el culo lleno de preguntas.

Por último, dentro de los insultadores compulsivos que me han deleitado a lo largo de los años, se encuentra una vecina de la casa de mis padres, a la que una tarde escuché vociferar “engendros del demonio, cuando los agarre los mato, ¿me oyeron?. Sorprendida, me asomé por la tapia y me encontré con los causantes de semejante revuelo. Eran dos y les juro que no levantaban mas que metro veinte del suelo…

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