El país de las maravillas

1 Jun

Que habremos hecho para merecer 8 años seguidos de kirchnerismo… no sé, pensalo.

28  May via TweetDeck

Hace un tiempo me llamó un amigo por una denuncia que habían recibido en la redacción de La Nación sobre un grupito de mocosas de 11 años que se dedicaban a asaltar a chicas de colegios privados de la zona cuando éstas paseaban por las calles del centro de San Isidro, al mediodía o a la hora de salir del colegio.

Sinceramente, no había escuchado nada. Hasta me pareció raro. El centro de San Isidro es un lugar muy transitado, hay gente por todos lado, hay policía (aunque nunca volveremos a tener a un Garrido), no encontras nunca lugar donde dejar el auto, hay turistas, hay tribunales. Es, de los de por acá, el centro mas concurrido.

Me senté en la computadora, todavía escéptica y elegí a las madres de los compañeros de colegio de mis dos hijos varones como destinatarias de mi mail. Fue claro y sencillo: ¿Alguna de ustedes escuchó algo sobre una bandita que asalta, golpea y roba a chicas de colegios en el centro de San Isidro?

A los 10 minutos no paraban de llegarme mensajes, llamadas telefónicas y mails. La cosa no solo existía sino que era gravísima.

Los casos eran muchos. A medida que pasaban las horas, me asombraba más. El modus operandum era siempre el mismo. Iban de a tres o cuatro, elegían la víctima, siempre chicas de 16/17 años con uniforme de colegio y mochila, la rodeaban, la golpeaban, le arrancaban la mochila y se la abrían, les tiraban del pelo, las mordían (?), las pateaban. Todo esto a plena luz del día en la plaza de la municipalidad, la plaza de la catedral o las calles que rodean el casco histórico. Cualquier cosa servía para el ataque. Una navaja, un vidrio. La cosa pasó a mayores cuando, con absoluta impunidad, a una le tajearon la cara con una óptica de auto rota.

Un grupo de padres decidió juntar firmas para presentar ante la intendencia un proyecto de corredores escolares, similar a lo que hay en la ciudad de Buenos Aires para preservar la integridad de los chicos dándoles una zona “protegida” para moverse. Directores de colegios de la zona, preocupados por el asunto, hicieron lo mismo.

Firmé la nota. Mi hijo de 17 años camina esas calles a diario. Pero la firmé a desgano porque no me conformo con lo que me ofrecen. No me convence que le digan por donde tiene que ir, que tenga que seguir una ruta determinada para estar seguro. ¿Cómo es esto? ¿Los chicos tienen que cambiar su rutina porque no podemos darle seguridad al caminar por las calles del barrio a plena luz del día?

Hace unos años hemos venido viendo ciertos cambios en nuestra sociedad. Nos fuimos acostumbrando de a poco, como la rana que cocinan con agua a fuego lento. Nos enrejamos en casa por miedo a los robos, llevamos y traemos chicos de acá para allá por miedo a que les pase algo, no los dejamos andar en bicicleta o jugar a la escondida en la vereda. Nuestros hijos no tienen amigos del barrio, y si hay alguno que tiene, son amigos que se juntan adentro de las casas. Algunos se mudan a barrios cerrados y durante un tiempo viven eso, pero es bien sabido que llega un momento en que los chicos tienen que salir del gueto y no saben moverse solos. Les damos celulares para que nos llamen ante cualquier emergencia, se los roban en la calle y al día siguiente les damos otro. No se toman colectivos, no toman trenes solos. Nosotros también salimos con miedo, escondemos la cartera debajo del asiento cuando manejamos, ponemos traba en la puerta y nos encomendamos a quien sea cuando vamos al supermercado a las 10 de la mañana. Cada día, cuando salimos a trabajar sabemos que estamos a la buena de Dios. En casa, cerramos rejas, espiamos con cámaras de circuito cerrado al delivery que trae la pizza, ponemos alarmas, tenemos un ñato chupando frío en la esquina cuidando que no haya gente extraña merodeando por el barrio. Los que tenemos hijos adolescentes, cuando salen de noche cruzamos los dedos de las manos y de los pies, esperando que vuelvan a casa sanos y salvos.

La vida de los chicos que viven por esta zona es un tanto diferente a la que tienen los chicos que viven en Buenos Aires. Como todo queda lejos, no suelen moverse solos. Ir a la librería, en el caso de mis hijos, equivale a cruzar la vía del tren, caminar 7 cuadras bastante despobladas, varias de ellas en barranca, cruzar la avenida Libertador en su parte mas ancha y pegar la vuelta. ¿Resultado? La mayoría de la veces, hasta que tienen determinada edad, los llevo, los traigo, los espero… Un bodrio para todos. Para mi porque vivo como remisera de mis hijos. Para ellos, porque suelen depender de mi para hacer cosas que deberían hacer solos. Y cada vez que queremos aflojarnos un poco, suceden casos como el de Matías Belardi y otra vez entramos en pánico. Boludeces de pequebú, dicen los pseudoprogres. Los pseudoprogres a los que no les mataron un hijo, claro.

El asunto es que mientras nosotros cada vez estamos mas presos, los delincuentes están cada vez más libres. Con toda la perorata de la falta de oportunidades, que no hay que criminalizar la pobreza, que hay que redistribuir y toda la sanata progresista, estamos como estamos. Es curioso que un gobierno que se llena la boca de como ha cambiado la vida de los argentinos no se de cuenta de que la han cambiado para peor. O se den cuenta pero se hagan los boludos. Y ojo, hablo por San Isidro porque es el lugar donde he pasado la mayor parte de mi vida. Mi vida familiar, laboral, social, transcurre acá. Pero podría ser Villa Zagala o Versalles. Lo mismo da. El asunto es que no estamos tranquilos en ningún lado. Y nosotros, adultos, podemos manejarlo. Pero cuando se meten con nuestros hijos, la cosa cambia. Ellos lidian cada noche que salen con: robos, secuestros, patotas, drogas, boludos que chupan como esponjas y después se suben a un auto y manejan. No es fácil dejarlos salir. Yo confieso que las noches en que los dos mayores se quedan en casa, me voy a dormir con una sensación de tranquilidad indescriptible. Pero tampoco puedo obligarlos a que no hagan lo que tienen que hacer, salir, divertirse, conocer gente.

Vivir como chicos normales, bah.

Nada fácil en este país Nacional y Popular, donde el que sale a pegarle un tiro a otro es protegido porque no tuvo las mismas posibilidades que el que ligó el tiro, aunque ese tiro le haya volado el marulo.

Un país en el que, sin que a nadie se le mueva un pelo, un grupete de chicos que recién están empezando a tener acné toman un colegio nacional, impiden el dictado de clases, jodiendo a miles de chicos que si, con acento, quieren estudiar y no se mueven hasta que el rector renuncie. Avalado, claro está por los padres.

Un país donde no todos somos iguales ante la ley, donde desde el gobierno te dicen: Con las madres no se metan. Y no es que nos estén defendiendo a nosotras, madres argentinas que todo lo hacemos por nuestros hijos como Nazarena (y bien que lo merecemos, claro está). No, no. Con las madres de Plaza de Mayo, denunciadas por corrupción, pago de sobreprecios con dinero nuestro que desde Casa Rosada y por rendiciones poco claras de dónde gastan los que gastan. A esas no se las puede investigar. Los colegios privados tienen que informar el nombre y CUIT de padres que pagan una cuota superior a $2000 para que la AFIP se fije si tienen todo en regla y esta agrupación maneja 300 palos sin rendirle cuenta a nadie. Curioso, no?

Un país donde festejamos los 201 años de la Revolución de Mayo y la presidente, en cadena nacional, con escarapela y todo, da un discurso sobre su marido, que asumió 8 años atrás y cambió la Argentina y que dejó su vida por nosotros. Denle un año más y apuesto a que sale con que “El” fundó la Argentina. Los 200 años que festejamos el año pasado no existieron, se borraron, desaparecieron. French y Beruti no saben dónde meterse tantas escarapelas.

Un país donde, infantil como pocos, el gobierno niega lo que no le gusta. Esta gente no leyó a Piaget y su apartado sobre la permanencia del objeto. Destrozaron el indec, para que no nos cuente cuál es la inflación ni cuanto aumentó la pobreza. Ahora multan a consultoras privadas que se animaban a decirlo. Y Guillermo Moreno (el prototipo del soldado kirchnerista) hasta llegó a amenzar con carcel a quién se atreviera a difundir datos sobre índices de precios. Cada vez que salgo del supermercado tiro el ticket a la basura. No vaya a ser que guarde uno y se me ocurra compararlo con el de la semana pasada y termine tras las rejas.

¿Será realmente que nos lo merecemos? ¿Tan turros habremos sido en otras vidas para tener que soportar este karma?

 

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6 comentarios to “El país de las maravillas”

  1. Dientuki junio 1, 2011 a 12:12 pm #

    Triste pero cierto… lo mas triste es que no parece que vaya a cambiar para mejor.

  2. Sergio @nosoyperfecto junio 1, 2011 a 4:23 pm #

    Aunque ya no crio chicos siempre leo tu blog esperando reirme un rato leyendo tus desventuras.
    Hoy conseguiste deprimirme. No por mi. Lo mejor que hice en mi vida fue criar a mis hijas en el exterior y como no se consideran argentinas, jamas se les ocurriria volver.
    Me da mucha pena que en un pais como este tengamos que vivir como vivimos.
    10 años viviendo en el exterior y a veces en paises nuevos, de inmigrantes como el nuestro me permiten decir que hay varios paises con mucho menos recursos que este en los que se vive tan bien!
    Bastaría tomar uno como modelo y copiarlo.
    Para eso precisariamos gobernantes inteligentes y no corruptos. Un milagro.

  3. PiensoLuegoPiensoLuegoExisto (PLPLE) junio 1, 2011 a 8:40 pm #

    Nada que agregar; más certero y realista, imposible. Yo no puedo terminar de lidiar con la calle diaria, que tengo que ir viendo cómo hago con mi hija de 4 (en el presente y para el futuro).

    Saludos, fuerza y espero que tu escrito (subjetivo?) sirva para aclararle el cerebro a los salames de siempre.

    PLPLE

  4. luciana @luestef junio 2, 2011 a 12:24 pm #

    Es muy interesante lo que escribiste, refleja nuestra triste realidad, el como vivimos y como nos sentimos.
    Solo esta en nosotros poder cambiarla. Lo haremos?

  5. Iván Dawidowski junio 13, 2011 a 11:28 pm #

    Tenemos la memoria muy pero muy frágil, ese es nuestro principal problema. Una memoria débil, de corto plazo, sin compromiso para aquello que no ocurra en otra zona que no sea nuestro barrio.
    Ojo, no me excluyo de esta descripción, solo que me da pena que como como ¿grupo? ¿sociedad? ¿equipo? no seamos capaces de mirar a un mismo norte, más allá de la diferencia.
    Me encanta lo que escribís, Majo, pero no lo que describís…

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  1. La inteligencia de internet #8 « ▀▄ PiensoLuegoPiensoLuegoExisto ▄▀ (PLPLE) - junio 16, 2011

    […] “El asunto es que mientras nosotros cada vez estamos mas presos, los delincuentes están cada vez más libres. Con toda la perorata de la falta de oportunidades, que no hay que criminalizar la pobreza, que hay que redistribuir y toda la sanata progresista, estamos como estamos. Es curioso que un gobierno que se llena la boca de como ha cambiado la vida de los argentinos no se de cuenta de que la han cambiado para peor. O se den cuenta pero se hagan los boludos.[…] El asunto es que no estamos tranquilos en ningún lado. Y nosotros, adultos, podemos manejarlo. Pero cuando se meten con nuestros hijos, la cosa cambia. ” (Una Madre…) […]

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