Comprar, comer, reir (Parte II)

4 Oct
Lobster y shrimps en Bubba Gump. Miami no es Miami sin Bubba Gump.

29 Sep via TweetDeck

Cuando viajo, intento comer la comida que se come en el país donde estoy. En España comí jamón crudo y gambas como para toda la temporada. En Italia, le di a la pizza sin culpa y cuando viajo a USA hago algo parecido. No con la pizza claro. Tampoco con las hamburguesas, creo que jamás entré a un Mac Donalds en Estados Unidos. Todos los que piensan que USA es sinónimo de hamburguesa o panchos con papas fritas se equivocan de cabo a rabo.

Miami está lleno de parrillas argentinas (argentinian steakhouses) pero jamás entenderé a quien hace 8000 km para comer lo que se come en la esquina de su casa. Y además, Miami, queda al lado del mar. Todo lo que sea seafood es de primera. Bien fresco, bien rico.

Nuestro viaje culinario empezaba en el News café con un desayuno básico. O baguel con queso o un plato de frutas. Las frutas eran tantas que recién a las 4 de la tarde teníamos hambre de nuevo. Melón, guayaba, ananá, banana, sandía, uvas…

Frutas para empezar la mañana

Una delicia natural. Pero como a eso de las 4 de la tarde estábamos en medio de las compras no teníamos tiempo para sentarnos a almorzar. Nada mejor que buscar un starbucks y pedir un sándwich. Paz se deleitaba con los paninis de tomate, queso y albahaca. Yo con unos de huevo y lechuga. Combinación extraña, lo sé, pero sinceramente, no se qué le ponían adentro además del huevo y la lechuga, eran riquisimos.

A la noche, nos tomábamos la cosa mas en serio. Rumbeábamos para lugares diferentes. Comimos una noche en Ocean Dr. unos calamaris que estaban increíbles de ricos y de picantes. Por suerte existe el free refill de coca light. Debemos haber tomado cinco litros para tolerarlos. Yo sólo tomo alcohol cuando no manejo y era la conductora siempre, así que abandoné el alcohol para cuando íbamos caminando. La ensalada Ceasar con Grilled Shrimps de esa noche me llevó a una dimensión diferente en lo que a camarones yo había probado en mi vida.. No se de donde los sacaron pero parecían pequeñas langostas sazonadas de una manera que jamás probé. Medio dulzones, con un dejo de leña. Impresionantes. Así costaron, claro. Pero bien valieron cada uno de los dolares pagados.

Otra noche rumbeamos para CocoWalk. Ahí notamos, por primera vez, la recesión americana de la que tanto hablan. Pero calculo que se puede deber a que el lugar no está tan de moda, la última vez que fui, en el año 2007, el lugar hervía de gente, los negocios estaban abiertos a cualquier hora y había música por todas partes. Esta vez lo vi mas caído, muchos locales vacíos con cartel de For Leasing y poca gente. Comimos muy bien pero le faltaba algo de alegría.

Fuimos también al Bayside Marketplace. Y comimos, de más está decirlo, en Bubba Gump. ¿Qué decir de Bubba Gump? Los que vieron la película Forest Gump se imaginarán qué se come en ese restaurante. Los que no la vieron, no saben lo que se pierden…

Nos sentamos afuera, había un olor a fritanga que te despeinaba. Pero en Bubba Gump eso no importa. Te ponen un tacho de zinc con un rollo de papel de cocina para que uses de servilletas y en otro tacho de zinc trajeron el “Bubba´s after the storm bucket of boat trash”. Era una montaña de papas fritas con pescado embebido en una salsa de cajú, unos langostinos fritos que eran un poema y unos cachos de langosta fritos y empanados que se te deshacían en la boca. Tocar el cielo y comer eso, debe ser parecido. La cuota de colesterol ingerida nos sirve hasta el año que viene pero quien nos quita lo bailado? Eh?

Shrimps and lobster en Bubba Gump.

Una tarde almorzamos en Lincoln Road. Una ensalada griega, con lechuga, queso feta, cebolla y aceitunas a la que, obviamente, le agregaron langostinos (perdón, no lo puedo evitar, los que se consiguen acá dan pena al lado de aquellos) y esa noche, que era la última, volvimos a Española Way a comer en un restaurancito italiano donde pedimos una picada que tenía el salame mas picante que probé en mi vida (litros de coca light) y un plato de lo que ellos llaman langostino (prawn) pero que en España se llama cigala. Una especie de langostino enorme pero con pinzas como la langosta. No importa como la llamen. Una delicia desde cualquier punto de vista. Comer langosta ahí es un cacho impresionante porque tienen la pecera con los bichos vivos a la vista para que vos elijas cuál queres comer.

Cigalas en Española Way. Excelente manera de terminar el viaje.

Con respecto al café, a mi me gusta mucho desayunar con café americano. En casa lo hago siempre. Pero una vez que pasó la mañana, el café tiene que ser café del bueno. Y eso a los gringos no les sale tan bien. En algunos restaurantes pedimos un café despues de comer pero, definitivamente, el mejor que tomé fue el de cortesía del negocio Nespresso de Lincoln Road, un vivalto impecable, cómo sólo ellos saben prepararlo y donde, de paso, compré 360 cápsulas para traerme a Argentina porque acá cuestan exactamente el doble. Ladrones!

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2 comentarios to “Comprar, comer, reir (Parte II)”

  1. Santiago octubre 4, 2011 a 11:00 pm #

    A veces cuando no hay demasiado tiempo para cocinar he comprobado que es posible comer bien buscando buenas opciones de delivery de comida italiana en la coruña: http://guia.just-eat.es/

  2. hebe octubre 7, 2011 a 9:58 pm #

    Que buenos menus en Miami no se pude salir de esos platos. Espanola Way me encanta. Que buen disfrute.

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