El de 9 creció. Deal with that!

15 Dic
Como pretenden que yo, que lo crié de potrillo…

5 Dec via TweetDeck

La última semana de clases tuvimos una reunión en el colegio de el de 9. Citados por ambas directoras, me pasé el fin de semana cortando clavos. No estoy acostumbrada a los llamados de parte del colegio porque el angelito tiene problemas. Con Paz me pasaba una vez al año pero no era nada terrible, la mocosa no entendía como se ponían las hojas en la carpeta, se le explicaba el mecanismo de margen ancho arriba, margen angosto abajo, se le pegaban tres gritos la siguiente vez que lo pusiera al revés y a otra cosa mariposa. Con Mateo la cosa fue aún más fácil. Jamás, en los 14 años que fue al colegio tuve un llamado diciendo que se portaba mal. Cultor de un perfil bajísimo en el colegio, pasamos unos años divinos, con unas notas bastante fuleras pero ya terminamos quinto año y no hay malos recuerdos en ese sentido. Con Javier, como siempre, la cosa es diferente.
A principio de año recibí citación. Molesta en clase, no presta atención, habla, hace ruido. La maestra nos mandó a hacerle un psicodiagnostico. El psicodiagnostico dio bien, el chico es inteligente. Pero vago. Muy vago. No le gusta el colegio. Y se dedicó a demostrarlo, sin dejarnos una sola sombra de duda, ni por un momento.
Cada día, cuando lo acompañaba al colegio y le estampaba el beso en la puerta, le repetía como un mantra: Prestá atención, copia todo, no charles, no molestes, trae todas las carpetas… Y actuó nomas como un mantra porque el mocoso entraba al colegio como en trance, totalmente relajado y así transcurría su día hasta las 4 y 20 de la tarde. No hacía nada. Pero cuando digo nada es nada. N. A. D. A.
Viendo que mis indicaciones no eran escuchadas en absoluto, todas las tardes le revisaba la mochila. En el patio del colegio. Todas las tardes también, lo mandaba de vuelta a su aula (2 pisos) a que busque la carpeta de inglés, o la de castellano, o el libro de matemática, o el cuaderno de comunicaciones o la cartuchera… o todo junto. Ha subido hasta 3 veces seguidas porque siempre le faltaban 5 pal peso… Finalmente, el tipo empezó a conectar que el dolor de piernas que tenía por subir la escalera tantas veces se debía a que cuando armaba la mochila se olvidaba algo y empezó a traer todo… en Noviembre!
El cuaderno de comunicaciones da vergüenza. Las únicas notas que tiene enteras son las de la maestra diciendo que no trabajó en clase, que no participó en la experiencia de ciencias, que no cantó en el coro o que no trajo el libro de sociales. Las suyas empiezan con un prometedor: Señores padres: los chicos de cuarto grado… y no escribe más, dejándome con la intriga.
En los exámenes no le fue mal. Le fue ahí. Gracias a la tutora, gracias a las amenazas  esgrimidas por la abajo firmante, gracias a la paciencia de la maestra y gracias a que el angelito es inteligente, pasamos.
Mientras aplaudíamos el final de tercero poli de Mateo empecé a hacer cuentas con los dedos y me dio un escalofrío. Javier pasa a quinto grado. Le faltan dos años de primaria y seis de secundaria. Ocho largos años en total. Quise llorar. Amargamente. Van a ser ocho largos años y si no cambia la actitud, van a ser ocho larguísimos años.

Fuimos pues a la reunión. Y definitivamente, la tienen clara. Nos sentamos a escucharlas y lo que dijeron es más que evidente: Javier tiene que dejar de ser chiquito. Porque ya no lo es. Aunque en casa sea el más chico, aunque haya tanta diferencia de edad con sus hermanos. Aunque sea mi bebe. Tengo que dejarlo que crezca. O más bien: tengo que hacerlo crecer.
Que se haga cargo de sus cosas. No andar solucionando sus problemas. Si él no trae el libro de inglés y al día siguiente tiene prueba, es él quien tiene que volver al colegio a buscarlo y no ir yo a la clase vacía y empezar a revisar los bancos porque el mocoso ni siquiera fue capaz de indicar con precisión en cuál de los 27 bancos que hay en el aula, deposita sus cosas cada día.
Tengo que entrar a la mañana y a lo sumo, alcanzarle la ropa. Y no despertarlo a las 7 y media y cambiarlo mientras el tipo sigue roncando. Si no lleva el almuerzo desde temprano, no llevárselo a las corridas antes del recreo de las 9 y 20, no vaya a ser que lo busque y pobrecito, no lo encuentre.
Cuando vamos caminando al colegio, dejar de acarrearle la mochila. Aunque tenga ruedas. ¡Porque tiene ruedas! Y ojo, que aveces es mochila, lunchbox y guitarra. A la tarde, que se vuelva solo y no ir a buscarlo en auto porque está cansado y si lo hago caminar 3 míseras cuadras, el tipo pone cara de culo.
Cuando llega a casa, tiene que tomar el te y ponerse a hacer los deberes. Mamá no debería abrirle la mochila ni llamar a la mamá de Nacho o a la de Fran para preguntarles que sigue, en el cuaderno de comunicaciones, en la nota que empieza con : Señores padres: los alumnos de cuarto grado… porque no escribió nada más. O porque se aburrió, o porque se atrasó o por el motivo que sea.
Mamá no debería ir a las muestras de arte ni a los actos del día de la bandera si el gusano no se toma el laburo de anotar el horario y la fecha del evento. Y si no está mamá para aplaudirlo cuando canta “palomita blanca y vidalitá”, que se joda.
A la hora de ducharse, el mocoso debería combinar las canillas sólo, quemándose o congelándose hasta que encuentre el termino medio y bajo ningún concepto debería yo, su santa y abnegada madre, ir a ponerle el shampoo y a asegurarme que el enjuague del marote sea el correcto. Si le queda un poco de espuma, le quedará el pelo pajoso un día. Nada grave.
A la hora de dormir, un niño de 9 años, ante el grito materno de “a dormir!” debe dar beso de buenas noches e irse a la cama sólo. No vale que mamá lo acompañe ni que recen juntos el Jesucito de mi vida, como si recién hubiera cumplido 3 años. Ya tomó la Primera Comunión y se sabe el padrenuestro, no jodamos.

Pues bien. Necesitaba que alguien me lo enrostre sin reparos y ya lo han hecho. Cuando Javier nació, Mateo tenía 9 años y Paz 12. Mi miedo, terrible miedo, era que el tipo se convierta en un mocoso agrandado, de esos que se creen mil y mascan chicle a los 5. Y me aseguré de que eso no pasara. Tanto me aseguré que el tipo se siente de cinco años. Sin el chicle. Y lo disfruta cada día. Se le acabó la joda. O mas bien debiera decir: se nos acabó la joda. A los dos.

Talvez es momento de que le pase mi avatar a Javier.

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8 comentarios to “El de 9 creció. Deal with that!”

  1. mel diciembre 15, 2011 a 1:11 am #

    querida majo, no te angusties. tengo 23 años y mi mama todavia me levanta todas las mañanas, me prepara el desayuno y a veces me abre las canillas de la ducha. soy normal, me recibi de la facultad con promedio 9, nunca traje problemas… no te angusties por malcriarlo y no le quites la infancia: no tiene 5 años pero tampoco tiene 17. es un mimo.

    • majogm diciembre 15, 2011 a 5:46 pm #

      Jajaja, gracias por el comentario Mel! No voy a dejar de mimarlo, me sale naturalmente. Pero voy a avivarlo un poco, me conviene .-)

  2. MajoCh diciembre 15, 2011 a 11:53 am #

    1º que nada: GENIAAAAAAAAAAAA que bien escribis guacha.
    Mi querida hermana del alma, ya no quedan dudas de que lo somos, pq NUEVAMENTE me vi a mi misma reflejada en tu relato. No desesperes, crecen y a pesar de todooooooos los rituales amorosos y asistencias de todo tipo que les hicimos cuando eran niños. La adolescencia se encarga de que ninguno de esos rastros quede intacto, cortan todos los cordones a los hachazos para después volver ( espero) a restablecer un vinculo desde el amor.

    • majogm diciembre 15, 2011 a 5:47 pm #

      Vos tenes suerte porque el tuyo ya terminó el colegio. El mio pasó a quinto grado. Quinto grado!!! Socorro!

  3. Isa diciembre 15, 2011 a 12:29 pm #

    Majo! Como siempre… IMPECABLE!!!!

    • majogm diciembre 15, 2011 a 5:48 pm #

      Gracias Isa! Ya te va a tocar con los tuyos. Usa la experiencia ajena, mandalo solo al colegio en 1° grado. Aunque tenga que cruzar la avenida Cordoba!

  4. Brenda L (@bredeshopping) febrero 21, 2012 a 7:23 pm #

    Que bueno!!! es increíble como te enseñan estos guachos, yo con la más chica que ahora tiene 6 cuando tenía 3 tuve reunión en el cole, y por supuesto me mandaron al sicólogo.La nena no quería hacer caca en el inodoro, por consiguiente de quien es la culpa?????DE LA MADRE!!!! siempre siempre. Asi que allá fui, después de pensar y pensar, de pedirles consejos a mis amigas,y todas me mandaban al loquero. Ok estoy chapa dije.
    Hoy me veo 3 años atrás y gracias a la sico aprendí tantas cosas que a veces pienso que es demasiado.
    Obvio que la terapia fue un puntapié para muchas cosas, pero que hasta ese momento jamás se me hubiese ocurrido pisar un consultorio para locos…jajajaj asi que te digo, ellos nos enseñan más de lo que creemos!!Besos.

  5. Dawn noviembre 22, 2012 a 8:51 pm #

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