Meu Brasil Brasileiro

19 Ene

Mañana llega @merypazz. Mamá Gallina está empezando a juntar a los pollitos de nuevo.

9:04 AM – 19 Jan 12 via Twitter for iPad

Hemos pasado un año nuevo diferente. Si bien no es el primero que pasamos separados como familia porque Paz ya el año pasado se habia ido a Punta del Este, fue el primero en el que sentí, como un puñal, que mis hijos habían crecido demasiado.

Mateo había informado, meses antes, que el 26 de diciembre se iba a una misión del colegio. A Balcarce, no muy lejos. Pero lo suficientemente lejos como para no estar con nosotros. Paz sacó pasaje para Ecuador el 1 de enero, a las 3 de la mañana tenia que estar en Ezeiza. Olvidate de que vamos a dejar nuestra fiesta de año nuevo para llevarte, advertí antes de que cerrara la compra. Me hizo hombritos. Y así, de un plumazo, caí en la horrible cuenta de que mis dos hijos mayores, que para mi todavía son mis bebes, no tenían planeado estar conmigo recibiendo el año.

Nuestro festejo del 31, desde hace muchos años es el mismo. Comemos en casa solos y a eso de las 10 y media, 11 de la noche nos vamos al Club Náutico de San Isidro, a 15 cuadras de casa, donde recibimos el 1 en medio de una descomunal fiesta al aire libre, a la orilla del río con, mas o menos, 3000 personas. Todos tenemos amigos, desde nosotros hasta el de 9 años… La cuenta regresiva hasta las 0:00, los besos y los abrazos, un espectacular show de fuegos artificiales y dos pistas de baile, una con música para la juventud y otra con música decente. Bailamos, chupamos, nos cruzamos con amigos y vecinos y solemos volver a eso de las 4 de la mañana con Javier dormido en el auto. Mateo y Paz solían quedarse con sus amigos hasta que la fiesta terminara a eso de las 7 de la mañana.

Pero este año, parecía que iba a ser diferente. Comeríamos solos en casa con Javier y a la hora del brindis no aparecerían los dos mas grandes a darme el beso de feliz año nuevo. Y, debo admitir, que aunque soy una madre moderna e intento darles libertad a mis hijos, convencida de que es lo mejor para ellos, se me partía el corazón.

Cardo cortó el mambo por lo sano y propuso irnos a Brasil a pasar la Reveillon. Recibir el 2012 en el país donde pasé casi todos mis veranos hasta los 25 años, donde nos conocimos con Cardo, donde cada perfume y cada sabor viene acompañado por una oleada de lembranças que me invaden y que intento mantener ahí quietas, para disfrutarlas aunque sea un ratito. Definitivamente era una buena idea. Y lo fué. Vaya que lo fue. Ilhabela es muy diferente a Itapema (donde pasé mis vacaciones durante años) y a Floripa, donde fuimos con los chicos algunos años. Playa diferente, gente diferente, pero los mismos sabores y olores que me hacen sentir un poquito en casa.

De todos modos, estar lejos de mis hijos el 31 no fue fácil. Yo me puedo hacer la canchera pero se me piantó un lagrimón al hablar por movi con Paz, a punto de salir para Ezeiza y más aun al tener que dejarle un mensaje a Mateo en el movi porque lo tenia apagado.

Comimos en un pub irlandés en la Vila, debajo de un diluvio descomunal que terminó haciendo saltar los fusibles de casi toda la isla y terminamos viendo los fuegos artificiales que la Prefecturia de Ilhabela había organizado desde la playa de nuestro hotel, que tenia una vista bastante directa a toda la bahía, con un grupete de brasileros bastante en pedo y muy divertidos.

Pasamos unos días divinos en Brasil. Me saque las ganas de sol, playa, caipirissimas, camarãos, peixes. Pasé por Ô Boticario y compré una colonia AquaFresca, que me remite de un golpe a mi adolescencia cuando era la única colonia que usaba, volví a chapucear el portugués, idioma que amo tanto que hasta he tomado clases acá por el puro gusto de hablarlo, volví a escuchar esa música que te de ganas de bailar por la calle, cosa que no podes hacer porque ahí, en la calle, hasta una mocosa de 3 años empieza a escuchar esa batucada y te da lecciones de cómo se samba.

Brasil tiene una onda linda, la alegría sigue siendo solo brasilera, aunque nos quieran hacer creer que nosotros somos mejores. Mentiras.

De vuelta en casa, mañana llega Paz desde Ecuador, a quién no veo desde el 29 de diciembre. Y en Pinamar volveremos a encontrarnos con Tute, a quién no vemos desde el 26.

Y ya el 31 estaremos volviendo a casa, otra vez todos debajo del ala de mamá Gallina. Cómo debe ser. Cómo a mi me gusta.

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4 comentarios to “Meu Brasil Brasileiro”

  1. Lidia enero 20, 2012 a 9:36 am #

    Es para que se caiga un lagrimón…

  2. Heriberto Madariaga, Sub-oficial Principal (RE) enero 27, 2012 a 6:10 am #

    Es un post que llega a fondo porque casi todos tenemos hijos que crecen, recuerdos cálidos e inolvidables de gente amada y lugares favoritos en algún rincón del planeta. Y compartimos entonces la sensación de que cada 31 de diciembre termina un ciclo para que comience otro en el que aquello que nos dio alegría queda ahora un poquito más lejano…

    • majogm enero 28, 2012 a 8:58 am #

      Mírelo desde otra perspectiva, estimado. Piense que hay gente que no tiene esos recuerdos. Y vive como si nada.

  3. Gachi Zamolo (@gachizamolo) febrero 1, 2012 a 2:14 am #

    Ay Majo! Aunque no escriba, siempre te leo. Ponés excatamente las palabras que yo usaría: Ya me estoy “preparando psicológicamente” (mentira!) para que empiecen a adolescerme, los que están con un pie en “la edad del pavo” mientras toman helado de crema del cielo …También soy mamá gallina y esta entrada, me movilizó un montón. Gracias! ;)

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