Instrucciones para sobrevivir a un pijama party

24 May

Hay determinado momento en la vida de una madre en el que su hijo, con cara inocente y una sonrisa llena de dientes blancos le pide permiso para hacer un pijama party. Es bien sabido que las madres solemos tener raptos de debilidad y estos guachos los conocen. No va a venir a proponerlo el día en que trae una nota de dos carillas en el cuaderno de comunicaciones en la que la maestra detalla lo mal que se porta en clase de música ni cuando llega del colegio con un ojo morado porque se agarró a piñas con el gordito Estévez sino más bien cuando porta, orgulloso, un 9 en la prueba de Lengua o le dice “mi mamá no está”  a los Testigos de Jehová cuando, con la biblia en la mano, tocan el timbre.  
Experta en estas lides, más porque me agarran distraída que por heroína, me pongo al servicio de la comunidad y paso a detallar algunas sugerencias para sobrevivir el acontecimiento sin demasiados sobresaltos:

Límite de edad.
Si su hijo tiene menos de 6 años o más de 14, no es recomendable hacer un pijama party. Si son menores, corre riesgo de que alguno de los invitados se haga pis encima o extrañe a su mamá y la haga pasar la noche en vela intentando comunicarse con la susodicha, trabajo imposible porque si la mujer es inteligente, apagó el teléfono y no está disponible. Si tiene más de 14, el riesgo es que llamen a una stripper, corra el alcohol, las apuestas y las drogas duras y usted termine con el grupo GEOF rodeando su casa y haciéndola salir con las manos en alto ante la mirada atónita de los vecinos.

Límite de concurrentes.
Es complicado buscar un equilibrio entre lo que su hijo pretende y lo que se considera lógico. A no resignarse. Usted es quien manda en casa y el mocoso tiene que entender que invitar a los 34 compañeros de la clase es inaceptable. Regatee. El dice 28, usted proponga 2. Todo es negociación en esta vida y la suya, créame, depende de ese número. Si es de una cifra, usted saldrá victoriosa, la pasará genial y su hijo la mirará con rencor por unas horas pero al final la perdonará, créame. Que aprenda a hacer elecciones. Si la vencen y el número tiene 2 cifras bajo ningún concepto admita que sean más de una docena. ¡Contando a su hijo! Tener más de 12 chicos en casa al mismo tiempo debería estar prohibido por la Convención de Ginebra o algún tratado internacional. La jurisprudencia la ampara, no se deje avasallar.

Comida.
Los chicos entre 6 y 14 años comen cualquier cosa. Limitemos el cualquier cosa a cosas fáciles de preparar y de dudoso valor alimenticio. Unos panchos, pizza o hamburguesas. El pato a la naranja, la paella valenciana y los Tournedós Rossini son para un público un poco más exigente. Con  forrajería infantil (chizitos, papas fritas y palitos) y unas cuantas cocacolas, el tema gastronómico queda solucionado. Tenga cuidado al cursar las invitaciones. Si su hijo es amigo de un chico que se llama Kal-El y los padres son de los que escuchan Enya y repiten mantras, es probable que el mocoso sea vegetariano y en lugar de comer las salchichas pretenda que usted le prepare humus y couscous. No lo invite. La misma recomendación sirve para nombres árabes, judíos, griegos o eslavos. No se arriesgue. Juan, Pedro, Santiago y algún Martín. A esos, seguro, le gustan los panchos. Evite innovar, se puede meter en serios problemas.
Con respecto a la torta, olvídese de las clases de Marta Ballina. Los niños de edad escolar no son grandes degustadores de cremas chantillís, merengues, pastas anastasias y esas cosas. Una chocotorta cumple con creces las expectativas de los chicos y a usted no se le quema en el horno. Obvie las velitas, a los varones no les entusiasman y corre riesgo de que le escupan la torta al soplarlas. Eso si, no se olvide de la bengala.

Actividades.
Las más prestigiosas universidades del mundo han organizado, a lo largo de los años, conferencias y simposios cuyo tema principal de estudio y debate es la actividad recomendable para los niños invitados a un pijama party. Igual que con las teorías sobre economía y desarrollo sustentable, los grandes pensadores no logran ponerse de acuerdo. La corriente estructuralista opina que usted tiene que pasar los tres meses previos organizando juegos, adivinanzas, concursos y carreras de embolsados y, por otro lado, la corriente Maradoniana sugiere tirarles una pelota de futbol y que se arreglen y servirse un whisky on the rocks mientras se hacen fauls en el jardín y destrozan las plantas. La primera, mantendrá a los niños ocupados durante las horas que dure el evento y a usted agotada durante medio año (tres meses de organización, tres meses de recuperación) y la segunda requiere que el número de invitados sea par, que los fauls no provoquen heridos ni contusos y que a usted le guste el whisky on the rocks. Gracias a las nuevas tecnologías, existe una tercera corriente a tener en cuenta. Puede prenderles la play y que se pasen horas matando zombies o soldados alemanes de la tercera guerra mundial. Recomendable opción, sobre todo si llueve o si no tiene mucho espacio, pero me siento obligada a advertirle que estos aparatos solo traen 4 controles, o sea, le quedan 8 niños dando vueltas, comiendo palitos, diciendo malas palabras y saltando por los sillones de su living. Piénselo. Pero piénselo bien y no se equivoque.
Para la hora en la que hay que ir bajando los decibeles con el único fin de que los angelitos duerman y la dejen a usted hacer lo propio, no hay nada mejor que ponerles una película y preparar pochoclo. Se apagan las luces, se aquietan los ánimos y de a poco los niños van entrando en ese maravilloso estado de somnolencia que a usted le augura paz y tranquilidad. Es de vital importancia la elección de un film apropiado. Nada de tiros, de robots ni de superhéroes. Tampoco perros que juegan al básquet ni guerras contra aliens de cabeza con forma de ojiva. El Aroma de la Papaya Verde o La Fiesta de Babette son títulos apropiados para conseguir los objetivos propuestos. Pero atención, tampoco hay que confiarse. Poco cultores del cine arte, algunos gamberros pueden aprovechar la tranquilidad del público para comenzar una guerra de pochoclo y/o almohadas y eso, mi estimada, es algo que a toda costa se debería evitar. En caso de que suceda, la única salida digna será que huya como rata por tirante y le deje el bardo a su marido que, en definitiva, es civilmente responsable de su hijo y, por lógica deducción, de sus amigos. Cara de perro, amenazas (veladas o no) (mejor, no veladas, porque los chicos de 11 años no suelen entender del todo las indirectas) y un patrullaje por la zona de descanso hasta que caiga el último bastión de la resistencia y duerman todos hasta el día siguiente.

Desayuno.
Lamentablemente, si la invitación es a un pijama party, usted no debe olvidarse del desayuno de los invitados. Tenga en cuenta que va a ser temprano. Siempre hay uno que tiene sueño ligero, se despierta y se encarga de levantar a toda la tropa cuando usted todavía está en pijama y con los pelos revueltos. No tenga miedo, mantenga la calma, falta poco para que el festejo culmine. Pero que el entusiasmo por el fin cercano no la haga cometer errores que pueden ser fatales. Proponga una sola opción de desayuno, como si su casa fuera un hostel de mochileros de Europa del Este en el 84. Unas medialunas, unas galletitas y un vaso de nesquik. Si alguno quiere algo más, que se vaya al bar de la esquina. No haga caso tampoco a las recomendaciones de las otras madres sobre las calorías que deben ingerir, el horario que deben respetar ni la cantidad de caramelos de goma que podían comer antes de desayunar. La valiente que se quedó al mando de los inadaptados fue usted, así que “mi casa, mis reglas”, hágase la otaria, diga a todo que si, sírvase un té de tilo y rece un rosario completo para que los vómitos de los invitados le tengan clemencia y aparezcan en unas horas, cuando los niños hayan sido entregados a sus legítimos dueños.
Una vez que los empiezan a pasar a buscar, asegúrese de que no queden pijamas tirados, medias sin compañero, botines debajo del sillón ni mochilas sin reclamar. Cerciórese también de que ninguna madre se haga la otaria y se olvide a su hijo unas horitas más y, cuando cierre la puerta, felicítese por el trabajo bien hecho y prométase que el año que viene va a ser más inteligente y le va a proponer a su hijo festejarlo en Disney World. Mucho más caro, es cierto, pero quien se ocupa de mantener a su hijo ocupado y feliz es Pluto. Usted, no.

pp

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8 comentarios to “Instrucciones para sobrevivir a un pijama party”

  1. Juliana mayo 24, 2013 a 6:40 pm #

    Excelente Majo, eso sí, guarda con el INADI y los vegetarianos, griegos, etc…

    • Gabriel mayo 28, 2013 a 1:17 pm #

      Pensé lo mismo, tal vez porque vivo en uno de esos países donde mucha gente se pasa la vida buscando de qué ofenderse en lugar de hacer algo productivo…

  2. jimena abril 26, 2014 a 3:22 am #

    esta buenisimo y yo justo voy a hacer una pijamada party en 3 dias jeje

  3. raulenis octubre 22, 2014 a 10:30 am #

    hola quiero saber en cuanto estan los boletos

  4. Owl Party julio 7, 2015 a 10:03 am #

    Hola somos Owl Party, Y damos un servicio completo para la organización de una pijamada (Pijama Party) increíble. Le ofrecemos a los padres,no tener que preocuparse por ningún detalle, le brindamos desde las invitaciones hasta el desayuno para los chicos!!!
    Además nuestro servicio incluye una guía completa para orientarte en el desarrollo de los juegos durante toda la noche, etc. Si desean saber mas acerca de nuestros productos, pueden visitarnos en http://www.owlparty.com.ar
    Saludos!

    • sarahy lares enero 21, 2017 a 2:55 pm #

      ps como ago para ir a pijama party

  5. sarahy lares enero 21, 2017 a 2:46 pm #

    una pregunta donde hago para participar en pijama party como se llama la pagina para participar

  6. sarahy lares enero 21, 2017 a 2:48 pm #

    como se llama la pgina para concursar para ir a pijama party me dicen porfa

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