Brasil, ¿te digo qué se siente?

14 Jul

Lo peor que nos deja el mundial son los kilos de más por tanta picada, almuerzo, té y picada de nuevo. Que vuelvan los mundiales en Asia!

14 Jul 2014 vía Twitter for Android

bra3

Messi con pinta de lunes. De lunes negro.

 

Hoy el lunes parece mucho más lunes que los lunes comunes y corrientes de todo el año. Ayer era todo risas hasta que un alemán al que no le conocíamos ni el apellido nos metió un gol en el minuto 113 y nos dejó ahí, con el maní salado en una mano, la copa de cerveza en la otra y un silencio atroz en la garganta. ¿Y eso? Nos mirábamos sin entender qué había pasado. Y lo que había pasado, a juzgar por el festejo de los alemanes, era que nos habían metido un gol cuando quedaban 7 minutos del alargue de la final del mundial. Vida perra.

Hubo gente que salió a festejar. Está bien. Le hace bien al que considera que un segundo puesto es muy honroso, les hace bien a los jugadores saber que acá se los banca, le hace bien al que ya tenía comprados los cohetes para tirar y no quiere guardarlos hasta Navidad, le hace bien a los vendedores de banderas argentinas que si no, no las van a poder vender hasta el 25 de mayo del año que viene. A mí no me hacía bien y no salimos. No porque sea exitista, sino más bien porque el segundo puesto ya lo habíamos celebrado el miércoles cuando ganamos la semifinal. Y porque el horno no estaba para bollos. Javier, de 12 años, lloraba desconsolado frente a la tele, abrazado a la bandera argentina que había tenido en la mano los 120 minutos que duró el partido, con la desilusión pintada en la cara y una mala onda que no admitía ningún tipo de jolgorio. Mejor así, pensé. Yo no me alegro con un segundo puesto. Tampoco le voy encima a la selección ni opino que son unos pechos fríos. En el Mundial jugaron 32 equipos y somos mejores que 30 (en realidad eso está en discusión pero la tabla de posiciones así lo indica) pero para salir a las calles a festejar, en mi humilde opinión, hay que ser mejor que 31. Y no lo fuimos, fin de la discusión.

A eso de las 10 de la noche, Javier ya estaba jugando a la play, pensando en otra cosa y la que estaba con ganas de llorar desconsolada frente a la tele (sin la bandera argentina porque ya la había guardado) era yo, viendo el desparramo que se armó en el obelisco.

¿Qué se siente? Tristeza, viendo en lo que nos convertimos. Impotencia, porque la policía no actúa ante los vándalos. Amargura, porque los ves en tu propia cara destrozando lo que es tuyo. Bronca, porque de alguna manera el discursillo progre caló tan hondo en este país de culposos seriales que hoy los 120 detenidos estarán libres. Ganas de salir a patear tachos, cuando escuchas a Berni decir que esto estuvo todo organizado y aun así, la policía federal no actuó. Odio, cuando lees a la mili-idiocia k diciendo que la culpa de todo la tiene Clarín. Desconcierto, cuando cambias de canal y ves que ningún otro muestra el zafarrancho que se armó en pleno corazón de la capital del país. Y unas ganas enormes de ponerte a dormir cuando te das cuenta de que si hubiéramos ganado, pasaba lo mismo, porque esto no fue una cuestión de intolerancia a la frustración, sino más bien una muestra de lo que nos deja, como sociedad, la bonita década ganada en planes, en exclusión social, en no criminalizar el vandalismo porque la culpa no es de los salvajes sino del neoliberalismo, en bancar a los barrabravas porque son “hinchas fanáticos que arengan y arengan desde el paravalanchas” y en una falta de educación y respeto por el otro que venimos aprendiendo del ejemplo de una maestra que nos da clase a diario (si la laringofaringitis se lo permite, claro) desde el atril del Salón de la Mujer en la Casa Rosada.

bra4

Hordas de alegres entusiastas colman las calles de la ciudad…

Yo apagué la tele y me puse a dormir. Porque la vida ya es bastante perra como para amargarse más por culpa de unos delincuentes de cuarta.

Hoy la mañana se presentó mal aspectada. La balanza no perdona y un mes de picada, almuerzo, postre, té, otra picada solo puede traer malas noticias. Por suerte Javier empezó las vacaciones y no tuve que armarme de valor para ir a despertarlo. Salí de casa temprano y en el bajo de San Isidro, las banderas celestes y blancas, que el viernes eran símbolo de alegría y festejo, hoy estaban más tristes y sin flamear tan alto. Dicen que es porque salimos segundos. Después de ver el desastre de anoche, creo que es porque no tenemos salida.

 

Así que ahí tenés, Brasil. Eso se siente. Igual, cada vez que un argentino cruce a Uruguayana o se baje del avión en Guarulhos, lo vamos a hacer tarareando a CCR. Porque aunque tengamos un país lleno de impresentables que no pueden juntarse a festejar algo sin destrozar lo que encuentren a su paso, con ustedes vamos a estar hablando de fútbol y podremos haber perdido la final en tu casa, pero del 7 a 1 en semis, no se vuelve nunca más.

Brasil, decime qué se siente...

Brasil, decime qué se siente…

 

Anuncios

Una respuesta to “Brasil, ¿te digo qué se siente?”

  1. Mónica Frau julio 15, 2014 a 10:14 am #

    Acabo de descubrir tu blog. También soy mujer, madre y argentina. Te sigo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: