¡Los inútiles al poder!

16 Jul

Nada más peligroso que un inútil que no se enteró de que es inútil. Son peligrosísimos. Y te salen más caros que un hijo tonto.

 monk

Grupo muy extendido últimamente, el de los inútiles. En realidad, inútiles hubo siempre pero antes estaban más ocultos. O al menos, no los veíamos tanto y entorpecían menos la vida de los demás.

El inútil es todo aquel que no sirve para nada. Los hay. Está lleno. Mire usted a su alrededor y los va a descubrir. Ya sea en el ámbito familiar, laboral, en la tele o en la calle. Están por todas partes. Cumplen, en la mayoría de los casos, la heroica tarea de no hacer nada útil ni bien. Uno los ve a diario probando suerte en emprendimientos que debían ser unos negociones tremendos y que terminan en rotundos fracasos o lidiando, impotentes, con trabajos para los que se consideran capacitados pero en los que entorpecen más de lo que colaboran.

El inútil es el pobre infeliz que no es capaz de nada. Suelen ser inofensivos si uno los mantiene lejos. Pero atenti, que un pequeño grupo de inútiles es peligroso porque es muy de tomarse en serio. Está bien que lo haga porque, claramente, nadie más lo hace. Una falta tremenda de sentido del humor los acompaña por la vida porque creen que el responsable de su ruina siempre es otro. En lugar de aceptar sus propias limitaciones, busca culpar a los demás de lo injusta que es la vida. Y se amargan. Un inútil amargado es peligrosísimo porque de pronto, por un vuelco del destino, una mala decisión, un giro de la suerte o un claro trabajo de extorsión, el inútil puede tener poder. Y ahí, agarrate.

Nada es más peligroso que el inútil resentido y con poder. Porque se la cree. Le falta experiencia, le falta idoneidad pero le sobra soberbia y ganas de revancha. Revancha contra lo que sea que considere el responsable de su incapacidad de éxito anterior. Y contra todo aquel que, durante años, haciendo bien su trabajo no hizo más que enrostrarles la inhabilidad congénita para triunfar en la vida que tienen.

Y se creen los dueños del mundo, se sientan en un banquito bien alto y desde ahí disfrutan haciendo las cosas mal. No por maldad, solo por incapacidad. El inútil no es intrínsecamente malo (bueno, si, algunos lo son). Es incapaz. Y no van a tardar en demostrarlo. Ya sea un puesto político, en un negocio, en un emprendimiento o simplemente en la mesa de entradas de una sociedad de fomento barrial.

La ola expansiva de la actividad de un inútil siempre está relacionada con la importancia del puesto al que logran acceder dejando atrás la meritocracia. Lógicamente, si llegan a manejar una empresa o un ministerio nacional van a ser mucho más dañinos que si solo se ocupan de la venta de entradas en una kermese parroquial. Pero en el lugar que ocupen, sea cual fuere, se van a encargar de usar ese poder para vengarse del otro, de aquel que fue capaz de lograr algo por las suyas.

Inútiles que en su vida consiguieron nada, en lugar de aceptar sus propias limitaciones, se creen que pueden hacer lo que no saben hacer. Y encima, alguien que invierte tiempo (propio) y dinero (de los demás) en hacer las cosas mal es carísimo. Y en esa decisión de hacer las cosas mal, arrastran a la ruina a los que la vienen peleando, porque la teoría parecería ser que si otros pudieron, uno puede. Y que me disculpen los libros de autoayuda, no suele ser así. Cada uno tiene limitaciones y la astucia es descubrirlas, aceptarlas y conseguir gente idónea para cumplir las tareas que uno no puede cumplir.

Pero el inútil, cuando está resentido, no puede hacer eso. No hace falta irse muy lejos para comprobarlo. Basta con ir a la kermese parroquial, al último emprendimiento barrial o al ministerio de economía.

Los inútiles han llegado al poder y no están dejando burrada por hacer. Habrá que intentar aguantar la debacle que están generando. Cuando hayan pasado y sean solo un mal recuerdo, quedaran en pié los útiles, para volver a construir lo que el inepto destruyó. Y mientras lo hacen se escuchará la voz bajita del que todo lo hace mal, farfullar que la culpa de su espectacular fracaso la tiene otro.

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Una respuesta to “¡Los inútiles al poder!”

  1. Mónica Frau julio 16, 2015 a 11:34 pm #

    Más peligrosos aún que los inútiles en el poder, son los corruptos en los lugares de decisión. Esos sí que dañan!
    Saludos.

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