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Es simple, no es claro.

14 Jun

Voy a #mataratodos. Prendan Cronica. La que acogota al empleado de Claro soy yo.

    9 Jun via Twitter for BlackBerry®

En el año 2000 CTI, empresa de telefonía celular del interior del país, desembarcaba orgullosa, en Capital Federal y Gran Buenos Aires. No era para menos. Venía dispuesta a presentar batalla ante Movicom y Miniphone, las dos grandes compañías. Si bien ésta última ya se había escindido un año antes en Unifon y Personal, todos seguíamos llamándolo Miniphone.

Los de CTI vinieron con todo. Ofrecían teléfonos modernos, minuto barato y la posibilidad de elegir el numero. Fui una de las primeras clientas de la zona, con mi celular que terminaba en MAJO.

Cuando me mudé hace 9 años, cometí el imperdonable error de enamorarme de una casa que está a solo una cuadra del rio. Y la señal de CTI no llegaba. Prometieron que llegaría pero no. En el año 2008 dejamos de ser CTI y pasamos a ser Claro, con un desembolso importantísimo en publicidad. Fue en lo único en lo que desembolsaron. Junto con el cambio de nombre, por lo visto cambiaron los cordobeses que te atienden en el *611. O capaz los tipos estaban hartos de que los llamaran para putearlos, no los culpo. La cosa es que empezaron a responder mal a mis reclamos. Mal me refiero a que me digan: Bueno señora, si no tiene señal será problema de su teléfono (aclaro que no tenía señal yo ni mis dos hijos que usaban la misma compañía), o Señora cálmese, que nosotros no podemos hacer nada, espérese unos días y vemos si se le soluciona (?). Me han paseado de operador en operador, me han dejado de garpe escuchando la musiquita y, por último, me han cortado el teléfono diciéndome: si usted no entiende, el problema es suyo (??). Convengamos que no vivo enfrente al obelisco pero tampoco vivo en medio del campo ni en plena Patagonia. Vivo en San Fernando, rodeada de gente, en calle asfaltada, con agua potable y gas natural y a 100 metros de una Universidad. Es increible que en todos estos años no hayan hecho nada para mejorar la calidad del servicio a los clientes.

Durante años esperé que entrara en vigencia la ley de portabilidad numérica. Que Mi número sea Mío y no de la empresa que me lo presta. Después de todo el chip (que viene a ser donde está el número) me lo cobran. Pero el lobby de las empresas lo frenó durante años y lo que debía ser una prioridad porque es una simple defensa de los derechos del consumidor, lo cajonearon durante años y aún hoy, a 5 años de la promulgación de la ley, todavía no está reglamentada. Una muestra mas de cómo piensa el Poder Ejecutivo en los ciudadanos. Mientras tanto, las compañías sabiendo que a una le jode tener que cambiar de número, se aprovechan de eso.

Cada vez que compras un teléfono, te lo subsidian. Bah, te lo cobran a la mitad de lo que te lo cobrarían liberado. Que, entre nos, es un auténtico robo a mano armada. Pero el subsidio no te lo dan de buenos pibes que son. Todas las compañías hacen lo mismo. Te venden el teléfono junto con el plan y tenes que mantener el plan por un año y medio para no tener que pagar el “subsidio”.

De a poco, en casa fuimos abandonando la empresa. El primero fue Mateo. El más pragmático de la familia, revoleó el celular, pidió que le compren otro y que sea de otra compañía. Una que, al menos, le diera la posibilidad de comunicarse cuando estuviera en casa y los amigos le mandan mensajitos para arreglar la salida del viernes a la noche.

Yo fui la segunda. 11 años después de pedir, reclamar, rogar y hasta implorar por una mísera línea de señal en casa para no tener que ir hasta la esquina (?) a conseguir comunicarme y después de una noche en que uno de mis hijos me mando mensajito avisando que no dormiría en casa y que el mensaje me llegó recién a las 11 de la mañana siguiente (con el consiguiente ataque de pánico, llamada a medio mundo y puteada al gamberro) decidí que bien podían Slim y Claro meterse mi número donde mas apropiado les pareciera. Me pasé a otra compañía y llame al *611 para pedir que pasen mi línea a tarjeta. No pedí que me la cierren por un motivo muy simple. Para darla de baja tenía que mandar una carta (?) (si, una carta con estampilla, o sea escribirla, imprimirla, encontrar un sobre, escribirle la dirección, averiguar donde cazzo hay un correo y mandarla desde allí certificada, expreso y con acuse de recibo porque si no, estos tipos no admiten haberla recibido, ¡¡es de locos!!). Mi tiempo vale mas, pensé y por eso decidí pasarla a tarjeta. De paso puse en el contestador mi nuevo número, por si alguien quería comunicarse conmigo y no le había mandado mensajito.

Primero intentaron convencerme de las bondades de contarlos como proveedores de telefonía móvil. Soy cliente hace años– les dije- sé muy bien cuales son esas bondades y es por eso que les digo: Gusto, pero me privo.

Después intentaron alertarme de todos los beneficios que perdería al dejar atrás una línea con tantos años de trayectoria. Los beneficios de tener señal cuando estoy en mi casa son mayores– repliqué- y ustedes eso no me lo garantizan.

Probaron luego con el soborno vil, proponiendo bajarme el abono si me mantenía como clienta y prometiéndome un pack de 300 SMS gratis por única vez (?). Respondí agradecida: Cualquier abono barato que me ofrezcas, si no me dan señal para usar esos minutos, es caro.

Tantearon entonces la posibilidad de que yo transfiera la línea a otra persona. No creo poder ayudarte en eso. Todos los que me conocen saben, por mi, el mal servicio que ustedes brindan, así que dudo que a a alguien le interese– respondí sonriendo.

Por último, y ya con voz agresiva, la empleada pasó a la amenaza velada advirtiéndome que si yo quería que mi cuenta se pasara a tarjeta, debía cargarle por medio no electrónico una tarjeta de $30 antes del día 3 de Abril por que si no, me cobrarían el abono de ese mes y a llorar a la Iglesia. No hay problema corazón, ya mismo voy a cargarla.

Así fue como deje de ser cliente de Claro y, desde entonces, con otra compañía, mi teléfono móvil suena en casa a cada rato. Los primeros días, todos nos sorprendíamos cuando sonaba. Woww, solía ser el comentario…Funciona!

Lamentablemente para mi, mi hija Paz todavía está en las redes de Claro. Con una línea que tiene una antigüedad similar a la mía, compró un BlackBerry en Octubre del año pasado. Hace unos días dejó de responderle el teclado y lo llevé al service, ya que tiene un año de garantía. Pues no. Cómo tenía una rajadurita en la carcasa, la garantía no corre. Aunque el problema sea de teclado bloqueado. Pague usted $500 y le damos uno nuevo. Firmando, claro está, un contrato a un año y medio mas. Los mande al mismo diablo, dije que les devolvía el teléfono y que me cambiaba de compañía, a lo que responden que primero tengo que pagar el subsidio. El subsidio de un teléfono roto que no me arreglan. En fin… mandaré carta documento, intentaré zafarme de la burla a la que me están sometiendo pero, con seguridad no voy a volver a comprarles un telefono. Y cuando hayan pasado los 8 meses que faltan, los pienso volver a mandar a LPMQLP. Todo con una sonrisa de dama educada.

Fui excelente cliente. Cliente de los que sería bueno cuidar, con debito automático en la tarjeta, abono libre (y habiendo pagado fortunas en algún mes en el que me distraje), a medida que los chicos fueron creciendo, les compré línea y teléfono de Claro. Jamás, en los 11 últimos años, tuvieron una queja. Yo tuve miles. Es increíble que una empresa cuide tan poco a quienes, en definitiva, les dan de comer. Unos boludos, créanme.

Hijos frustrados, trabajo bien hecho.

21 Sep

@domanand yo soy de las turras que tiran todas las obras de arte de sus hijos, cosa que arreglaran en el analista en años venideros, espero.

sábado, 18 de septiembre de 2010 14:06:29 via TweetDeck

Creo que frustrar a los hijos es tarea fundamental de las madres, así como lo es alimentarlos y enseñarles a no decir malas palabras. Un niño sin frustraciones será el día del mañana, una persona con serios problemas. Imagínense a ese niño, de adolescente, diciéndole a sus amigos: mi vieja? Es buena onda che, me deja hacer lo que quiero. Una masa la vieja.
O, lo que sería peor, imaginen ustedes a un adulto que llega al analista y solo puede decir: mi madre ha sido una persona realmente maravillosa.
No, no, no.
Las madres tenemos una misión que cumplir en esta vida y esta es la de hacer la vida de nuestros angelitos lo suficientemente miserable como para que puedan quejarse con motivos reales.

No se desanime, una buena madre solo es reconocida como tal cuando sus hijos le festejan el cumpleaños numero 90.

Cuando empecé a pensar en este post le pregunté a mi hijo de 16 años por qué motivos estaba frustrado. Me miró con rencor y solo dijo.
-Nunca me compraste zapatillas con luces en la suela.
¿? ¿Que sos? ¿Una linterna caminante?
Eran carísimas, eran horribles y, definitivamente, se le iba a gastar la pila y no las iba a querer usar mas.

Que al menos tenga la decencia de agradecer que no le compre estas zapatillas...

Soy capaz de reconocer las culpas que tengo. No llevé a mi hija mujer jamas al teatro a ver Bandana, pero fui lo suficientemente astuta como para convencer a la abuela de la criatura para que lo haga.

Mensaje que me envió la abuela de mi hija despues de acompañarla a un recital de Bandana. Gracias má, te debo una!

Los fui a ver a los actos, pero nunca me esmeré del todo con el disfraz. Les mandé libros al colegio pero jamás fui a leerles a la clase. Les hice todas las maquetas que hubo que hacer, pero jamas les expliqué matemática. O al menos no de una manera entendible.
Les festejé todos los cumpleaños pero jamas en la Plaza de la Fantasía ni en el Parque de la Costa que era donde soñaban.

No será "la torta de cumpleaños" pero tengan en cuenta el esfuerzo...

Tiré todos los cuadernos de primer grado y las carpetas de plástica. Pero guardé y enmarqué el primer dibujo de la familia que hizo cada uno en sala de 2 años.
Les preparé la comida que les gustaba pero cada vez que me pedían permiso para hacer una torta los sacaba carpiendo, mirá si voy a dejar que me dejes todo hecho un desastre, me rayes la tartera de teflón y encima te quemes con el horno.

Es saludable mantener a los niños alejados de la cocina hasta la mayoría de edad.


A la hora de incentivar el arte les di una computadora con el photoshop, que es limpia y no desordena nada. Pero, si bien tiré todas las “artesanías” que han hecho en el colegio, tuve la delicadeza de hacerlo cuando no estaban presentes.

La tortilla la preparé cuando miraban para otro lado.


Confisqué, sin culpa alguna, todos los juegos que les regalaron que consideré nocivos para mi salud mental o para mi cintura. Por eso desaparecieron las 10000 piezas (ojo, no exagero, eran diez mil!!!) para hacer collares que mi hermana le regalo a mi hija cuando tenía 8 años. Primero se cayeron al piso, las 10000. Barrí unas 9865 y calculo que las 135 restantes fueron a parar debajo de la heladera, del lavarropas y el horno. Nunca supe mas de ellas. Confisqué también el juego de química que una abuela regaló para Navidad, cuando mancharon las sillas del jardín con limadura de hierro y tiré sin piedad a la basura el juego de “arma tus propias figuras de yeso” que (otra vez, ¿cuando no?) mi hermana tuvo la iluminada idea de regalarle a uno de mis hijos.
Tiré bolitas y piezas de rasti de a montones. Y cada vez que traian malas notas, me apropiaba de los controles del nintendo 64.


Los obligué a ir a natación aunque no les gustaba. Pero, debo decir a mi favor, que nunca los hice competir en una carrera. En la playa no me metí al mar con ellos (odio las olas) pero siempre convencí al papá de que lo haga.


Papá siempre tiene un minuto para meterse al mar con los chicos, mientras mamá toma daikiri en la playa.

En el colegio los he defendido cuando me llamaba la maestra para decirme que eran burros pero en casa los cagaba a pedos por vagos.
Mi hija mayor rogó años por un celular como el de sus amigas y tuvo que sobrevivir con uno viejisimo pero que funcionaba perfectamente. Podrá decirle al analista eso, me hago cargo.

Tenga el celular preparado en el momento del parto, los chicos cada vez lo piden antes.



Y, definitivamente lo que mas los ha frustrado, llenado de vergüenza y odio hacia mi, su santa y abnegada madre, es que jamas me desmaterialicé cuando llegaban sus amigos. Tampoco me ponía a charlar con ellos, ni a animar la fiesta. Pero siempre estuve presente, saludando cuando iban entrando, vigilando que la cosa se mantenga dentro de ciertos parámetros de orden. Aún a riesgo, lo sé, ¡que horror!, de que sus amigos descubrieran que mis hijos, igual que ellos y que buena parte del planeta, tienen madre.

No hay nada que hacerle, todos hemos tenido una.


odiosos problemas de señal

20 Ene

“Claro y la #pmqlp”
11:49 PM Jan 20th from twitterberry

Si no fuera porque el gobierno me niega la posibilidad de que mi número de celular sea mío a claro le daría un buen patadon en el culo. La señal en casa es malisima, no llega, tengo que salir a la calle para poder llamar a alguien y los mensajes me llegan con horas de atraso. En Pinamar es aún peor (si es que es posible). Tengo que salir al balcon, hacer la parabolica humana, volarme con el viento y conseguir una misera rayita. El día que el gobierno me lo permita (hay una ley que así lo manda) me voy con mi numero que tengo desde el año 2000 a otra parte. Que los de Claro lo sepan.