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Comprar, comer, reir (III parte)

5 Oct

En cualquier momento hago un desastre. El iPad es tan beio…

28 Sep via Mobile Web

Entramos al Mac Store de The Falls. La idea era comprar una mac mini para Mateo que cumple 18 años y la va a necesitar para la facultad el año que viene y los subsiguientes. O al menos eso se supone que espero como madre de un hijo casi universitario.

Entrar a un mac store en USA es una experiencia divertida. Miles de aparatos, todos para toquetearlos, para probarlos, unos vendedores con toda la onda y que saben de que hablan (a diferencia de lugares como Best Buy donde los vendedores son ineptos y no te dan bola) y el clima techie que se respira que te hace tener ganas de gastarte ahí toda la guita y asaltar un banco para poder comprar un poco más.

Los vendedores tienen una especie de ipod touch en la mano y desde ahí piden al deposito a tu nombre lo que quieras llevarte, te lo facturan, te lo cobran y si pagas en efectivo, hasta abren la caja que está en las mesas para darte el vuelto.

Me tenté de manera suma con un iPad. No lo necesito. No me hace falta. Pero no puede ser más lindo. Y como ya viene mi cumpleaños pensé: qué joder, me lo regalo. La consulta a Paz tuvo exactamente la respuesta esperada: ¡Compralo!

Lo consulté en twitter (?) y todos dijeron lo mismo: ¡Compralo!

Y adentro mío, la voz de mi conciencia me decía: tenes una netbook, necesitas también un teclado porque no vas a poder escribir cómoda, es una compra al pedo pero es divino así que ¡Compralo!

Y le dije nomas al vendedor: Y voy a llevar también… un iPad. (es de destacar que el 99% de los residentes en Miami hablan español neutro. Y no se bien por qué, yo, cuando hablo con ellos también hablo en español neutro. No les digo: a vos que te parece? sino que largo un A ti que te parece? que deja a mas de un argentino sorprendido por el rápido manejo del idioma. No en vano tengo una madre española con la que hablo de tu sin que se me mueva un pelo y sin que se me mueva ese mismo pelo, paso del tu al vos sin escalas, cuando hablo, por ejemplo entre ella y una amiga. Soy bilingüe, creo (?)

Pero sigo, porque ahí el tipo me cagó al preguntar: El que tiene WiFi o el que además tiene 3G?

Ugh, no. Cuándo yo estoy decidida apenas no me podes dar opciones. Si el tipo fuera un vendedor argentino, me hubiera enchufado el más caro. Pero el tipo era decente. Y me explicó: Si llevas el que es sólo wifi, nunca le vas a poder poner 3G, es una decisión que tienes que pensar… con 3G lo puedes llevar al parque y conectarte desde allí…

Yo le retruqué con un: si voy al parque (?) con el iPad, en Argentina me dan un palazo en la cabeza, me pegan dos tiros, me tiran a una zanja y después me lo afanan pero el tipo no fue capaz de decirme un: ah, entonces es obvio que necesitas uno con wifi y usarlo sólo adentro de tu casa… No señor, el tipo me sonrió y me dijo: piénsalo, no puedes arrepentirte después…

Maldito!

Decidí pensarlo, todavía tenía que ir al Mac Store de Lincoln Road y podía comprarlo ahí. Al final, primó la prudencia y la lógica. El iPad es divino pero no me hace falta. Y ya venía cargadita con la electrónica para la aduana, no tenía ganas de estresarme… No, no compre el iPad. Y ahora necesito que ustedes me den razones para no arrepentirme.

Cuando me dio el precio de la mac mini y le sumó el tax tuvimos esta pequeña conversación:

 -A ese precio me tienes que sumar el tax, no?

-Si, claro, el tax se agrega a todas las compras que hagas.

-Ok, si. Me cuesta calcularlo porque en Argentina lo tenemos ya incluido en todos los precios.

-Es el mismo en todo el país?

-Si.

-Y ya viene en el precio de lo que compras?

-Si, desde una computadora hasta un kilo de azúcar.

-Ah, acá hay estados que cobran más tax que otros, pagas según donde vivas.

-No te quejes, en Argentina es del 21%

-21? eso es muchísimo. Y a fin de año cuánto te devuelven? Porque acá, dependiendo la cantidad de taxes que has pagado a cuenta de tu declaración anual, a fin de año te devuelven el dinero que pagaste de más…

-¿Eh? ¿devolverte impuestos? En Argentina no solo no te devuelven nada, sino que además la escuela publica es un desastre, y la seguridad no existe, los transportes andan mal y ni se te ocurra enfermarte porque para que te den turno en un hospital tenes que llegar a las 5 de la mañana y te dan para dos meses después…

-Oh… It´s not a lovely place Argentina.

-No, it’s not…

 

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Comprar, comer, reir (Parte II)

4 Oct
Lobster y shrimps en Bubba Gump. Miami no es Miami sin Bubba Gump.

29 Sep via TweetDeck

Cuando viajo, intento comer la comida que se come en el país donde estoy. En España comí jamón crudo y gambas como para toda la temporada. En Italia, le di a la pizza sin culpa y cuando viajo a USA hago algo parecido. No con la pizza claro. Tampoco con las hamburguesas, creo que jamás entré a un Mac Donalds en Estados Unidos. Todos los que piensan que USA es sinónimo de hamburguesa o panchos con papas fritas se equivocan de cabo a rabo.

Miami está lleno de parrillas argentinas (argentinian steakhouses) pero jamás entenderé a quien hace 8000 km para comer lo que se come en la esquina de su casa. Y además, Miami, queda al lado del mar. Todo lo que sea seafood es de primera. Bien fresco, bien rico.

Nuestro viaje culinario empezaba en el News café con un desayuno básico. O baguel con queso o un plato de frutas. Las frutas eran tantas que recién a las 4 de la tarde teníamos hambre de nuevo. Melón, guayaba, ananá, banana, sandía, uvas…

Frutas para empezar la mañana

Una delicia natural. Pero como a eso de las 4 de la tarde estábamos en medio de las compras no teníamos tiempo para sentarnos a almorzar. Nada mejor que buscar un starbucks y pedir un sándwich. Paz se deleitaba con los paninis de tomate, queso y albahaca. Yo con unos de huevo y lechuga. Combinación extraña, lo sé, pero sinceramente, no se qué le ponían adentro además del huevo y la lechuga, eran riquisimos.

A la noche, nos tomábamos la cosa mas en serio. Rumbeábamos para lugares diferentes. Comimos una noche en Ocean Dr. unos calamaris que estaban increíbles de ricos y de picantes. Por suerte existe el free refill de coca light. Debemos haber tomado cinco litros para tolerarlos. Yo sólo tomo alcohol cuando no manejo y era la conductora siempre, así que abandoné el alcohol para cuando íbamos caminando. La ensalada Ceasar con Grilled Shrimps de esa noche me llevó a una dimensión diferente en lo que a camarones yo había probado en mi vida.. No se de donde los sacaron pero parecían pequeñas langostas sazonadas de una manera que jamás probé. Medio dulzones, con un dejo de leña. Impresionantes. Así costaron, claro. Pero bien valieron cada uno de los dolares pagados.

Otra noche rumbeamos para CocoWalk. Ahí notamos, por primera vez, la recesión americana de la que tanto hablan. Pero calculo que se puede deber a que el lugar no está tan de moda, la última vez que fui, en el año 2007, el lugar hervía de gente, los negocios estaban abiertos a cualquier hora y había música por todas partes. Esta vez lo vi mas caído, muchos locales vacíos con cartel de For Leasing y poca gente. Comimos muy bien pero le faltaba algo de alegría.

Fuimos también al Bayside Marketplace. Y comimos, de más está decirlo, en Bubba Gump. ¿Qué decir de Bubba Gump? Los que vieron la película Forest Gump se imaginarán qué se come en ese restaurante. Los que no la vieron, no saben lo que se pierden…

Nos sentamos afuera, había un olor a fritanga que te despeinaba. Pero en Bubba Gump eso no importa. Te ponen un tacho de zinc con un rollo de papel de cocina para que uses de servilletas y en otro tacho de zinc trajeron el “Bubba´s after the storm bucket of boat trash”. Era una montaña de papas fritas con pescado embebido en una salsa de cajú, unos langostinos fritos que eran un poema y unos cachos de langosta fritos y empanados que se te deshacían en la boca. Tocar el cielo y comer eso, debe ser parecido. La cuota de colesterol ingerida nos sirve hasta el año que viene pero quien nos quita lo bailado? Eh?

Shrimps and lobster en Bubba Gump.

Una tarde almorzamos en Lincoln Road. Una ensalada griega, con lechuga, queso feta, cebolla y aceitunas a la que, obviamente, le agregaron langostinos (perdón, no lo puedo evitar, los que se consiguen acá dan pena al lado de aquellos) y esa noche, que era la última, volvimos a Española Way a comer en un restaurancito italiano donde pedimos una picada que tenía el salame mas picante que probé en mi vida (litros de coca light) y un plato de lo que ellos llaman langostino (prawn) pero que en España se llama cigala. Una especie de langostino enorme pero con pinzas como la langosta. No importa como la llamen. Una delicia desde cualquier punto de vista. Comer langosta ahí es un cacho impresionante porque tienen la pecera con los bichos vivos a la vista para que vos elijas cuál queres comer.

Cigalas en Española Way. Excelente manera de terminar el viaje.

Con respecto al café, a mi me gusta mucho desayunar con café americano. En casa lo hago siempre. Pero una vez que pasó la mañana, el café tiene que ser café del bueno. Y eso a los gringos no les sale tan bien. En algunos restaurantes pedimos un café despues de comer pero, definitivamente, el mejor que tomé fue el de cortesía del negocio Nespresso de Lincoln Road, un vivalto impecable, cómo sólo ellos saben prepararlo y donde, de paso, compré 360 cápsulas para traerme a Argentina porque acá cuestan exactamente el doble. Ladrones!

¿Igualdad de género?

8 Mar

El día que los hombres sean capaces de cambiar un pañal cagado sin poner cara de asco, hablaremos de igualdad de género.

1 hour ago via TweetDeck

Gran revuelo causó mi tweet, sobre todo entre los hombres. Varios salieron con los tapones de punta a decirme que ellos eran capaces de cambiar pañales sin morir en el intento . Bien por ellos, no hay nada que una madre argentina agradezca mas que un cambio de pañal. Ahora bien, mi contra pregunta fue: pero cambiaste ese pañal sin empezar a los gritos del estilo: ¿pero que comiste anoche, desgraciado? ¿Momia? Porque todos sabemos que los hombres, cuando hacen algo que no quieren hacer o a lo que no están acostumbrados, son bastante escandalosos…

Las diferencias están a la vista.

Cosas que una mujer no debería hacer nunca:

Cambiar la rueda de un auto: Imposible, se te rompen las uñas, se te ensucian las manos y es muy difícil cambiarla sin arrodillarte, ergo se te ensucia también el pantalón. Si se pincha una rueda hay que llamar al auxilio para que venga y lo hagan ellos, después de todo es a lo que se dedican.

Ir al cine a ver una de tiros. O de zombies. Las mujeres vamos al cine a lagrimear. Una película de amor, con desarrollo tortuoso pero final feliz es lo que nos gusta. Eso de ir a ver muertos vivos o tipos que se cagan a tiros no tiene gracia.

Usar el taladro: El taladro es cosa de tipos, así como la planchita es cosa de minas. Y no somos menos por eso. Cuando una mujer agarra el taladro y arremete contra una pared, el resultado suele ser espantoso. Porque el taladro se mueve, porque la pared es muy dura, porque la mecha es mas chica o mas grande que el tarugo o por lo recién enunciado, pero todo junto. Hoy en día existen unos cuelga cuadros de 3M que se pegan a la pared que no dejan rastros mas allá de un poquito saltada la pared. Cosa que una mujer puede arreglar con un pincel.

Hablar de futbol: Las mujeres, a codazo limpio, nos hemos hecho un lugar frente a la tele para ver el partido de futbol entre Argentina y quien sea. Nos lo ganamos. Pero la realidad es que a nosotras nos interesan mas las piernas de Rooney que si el lineman cobró bien o mal. Nos interesa mas la facha de Ballack que si fue orsai o no. Y a los tipos les jode que hagamos esos comentarios. Sobre todo si están por tirar un penal.

Aunque vendan taladros rosa, el taladro no es cosa de mujeres, a mi no me engañan...

 

Cosas que un hombre no debería hacer nunca:

Ir a las reuniones con las maestras jardineras: Las maestras jardineras tienen un código que sólo es comprensible para una madre. Te dicen, sin que se les mueva un pelo, hoy hicimos caca en la pelela. Las madres entendemos que el hoy hicimos significa tu hijo hizo, yo lo llevé. Los padres no captan estas licencias semánticas y ponen cara de asco.

Lavar los platos: Siguiendo con los serios problemas semánticos de los hombres, cuando una les pide que laven los platos, hacen eso. Lavan los platos. Pueden llegar a enjuagar algún vaso y/o tenedor. Pero les aseguro que las fuentes engrasadas, las asaderas pegoteadas, quedaran sin remedio sobre el horno, muriéndose de risa. Me dijiste los platos, esa fuente no es plato, llegó a decir mi hijo de 17 años este verano. Y les juro que no se estaba haciendo el piola, lo decía convencido.

Ir al supermercado a comprar queso light y cif: La ultima vez que le pedí a mi marido que fuera al súper a comprar queso y cif me llamó desde la caja diciendo: Compre una linterna y un ventilador, ¿vos que me habías pedido?

Acompañar a una mujer de compras: A las mujeres nos gusta salir de shopping. Pero ir de shopping no significa ir a un negocio, elegir algo, probarlo y pasar por caja. No, no, no. Ir a comprar un jean, por ejemplo, significa entrar a un negocio, pasear por todos los percheros, aunque sean de camisas, elegir dos vestidos, tres jeans y dos remeras, entrar al probador, salir a cada ratito pidiéndole a la vendedora que traiga un talle más (en el peor de los casos) o uno menos, salir a preguntarle al acompañante cuál nos queda mejor, volver a entrar al probador, cambiar de atuendo, salir con cara de derrotadas diciendo todo me queda mal y huir del local con clarísimas intenciones de entrar al de al lado. A hacer lo mismo.

Ojo con los hombres que lavan los platos. El resultado puede no ser el esperado...

 

No me cierra el día de la mujer. Me suena a día de la bandera. O del animal. ¿Por qué tiene que haber un día que englobe a la mitad de la población? Lo que inicialmente era una reivindicación de los derechos femeninos, hoy se convirtió en una pasada de factura de mujeres que quieren ser consideradas iguales a los hombres. Y sin traer acá a todo el blablá freudiano, déjenme decirles que es una batalla perdida de antemano. Porque no somos iguales. Ni mejores ni peores, diferentes y ya. Hay cosas que unos pueden hacer y les salen bien y hay otras cosas que no. Obviamente hay excepciones a la regla y hay mujeres que son un as con el taladro y varones que hacen las compras en el supermercado todas las semanas sin comprar una sola linterna. Pero no es lo habitual.

Me joden los hombres que se llenan la boca con la “igualdad” porque queda cool pero que después no luchan para que las mujeres que trabajan con ellos se les pague lo mismo por igual laburo. Y me joden las mujeres que vociferan por la igualdad de oportunidades pero a la primera de cambio dejan el laburo colgado porque el nene tiene fiebre.

Unas horas mas tarde, queriendo retrucar a quienes habían saltado por mi tweet de los pañales, mandé otro. Y ese, curiosamente, me dio la razón.

El día que los hombres se animen a pegar el tiron de la cera caliente espatulada en la entrepierna, hablaremos de igualdad de genero.

1 hour ago via TweetDeck

Al menos ningún hombre de mi time line se animó a decir: ¡Pero che, yo lo hago siempre!

¿Vieron que no éramos iguales?