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El de 9 creció. Deal with that!

15 Dic
Como pretenden que yo, que lo crié de potrillo…

5 Dec via TweetDeck

La última semana de clases tuvimos una reunión en el colegio de el de 9. Citados por ambas directoras, me pasé el fin de semana cortando clavos. No estoy acostumbrada a los llamados de parte del colegio porque el angelito tiene problemas. Con Paz me pasaba una vez al año pero no era nada terrible, la mocosa no entendía como se ponían las hojas en la carpeta, se le explicaba el mecanismo de margen ancho arriba, margen angosto abajo, se le pegaban tres gritos la siguiente vez que lo pusiera al revés y a otra cosa mariposa. Con Mateo la cosa fue aún más fácil. Jamás, en los 14 años que fue al colegio tuve un llamado diciendo que se portaba mal. Cultor de un perfil bajísimo en el colegio, pasamos unos años divinos, con unas notas bastante fuleras pero ya terminamos quinto año y no hay malos recuerdos en ese sentido. Con Javier, como siempre, la cosa es diferente.
A principio de año recibí citación. Molesta en clase, no presta atención, habla, hace ruido. La maestra nos mandó a hacerle un psicodiagnostico. El psicodiagnostico dio bien, el chico es inteligente. Pero vago. Muy vago. No le gusta el colegio. Y se dedicó a demostrarlo, sin dejarnos una sola sombra de duda, ni por un momento.
Cada día, cuando lo acompañaba al colegio y le estampaba el beso en la puerta, le repetía como un mantra: Prestá atención, copia todo, no charles, no molestes, trae todas las carpetas… Y actuó nomas como un mantra porque el mocoso entraba al colegio como en trance, totalmente relajado y así transcurría su día hasta las 4 y 20 de la tarde. No hacía nada. Pero cuando digo nada es nada. N. A. D. A.
Viendo que mis indicaciones no eran escuchadas en absoluto, todas las tardes le revisaba la mochila. En el patio del colegio. Todas las tardes también, lo mandaba de vuelta a su aula (2 pisos) a que busque la carpeta de inglés, o la de castellano, o el libro de matemática, o el cuaderno de comunicaciones o la cartuchera… o todo junto. Ha subido hasta 3 veces seguidas porque siempre le faltaban 5 pal peso… Finalmente, el tipo empezó a conectar que el dolor de piernas que tenía por subir la escalera tantas veces se debía a que cuando armaba la mochila se olvidaba algo y empezó a traer todo… en Noviembre!
El cuaderno de comunicaciones da vergüenza. Las únicas notas que tiene enteras son las de la maestra diciendo que no trabajó en clase, que no participó en la experiencia de ciencias, que no cantó en el coro o que no trajo el libro de sociales. Las suyas empiezan con un prometedor: Señores padres: los chicos de cuarto grado… y no escribe más, dejándome con la intriga.
En los exámenes no le fue mal. Le fue ahí. Gracias a la tutora, gracias a las amenazas  esgrimidas por la abajo firmante, gracias a la paciencia de la maestra y gracias a que el angelito es inteligente, pasamos.
Mientras aplaudíamos el final de tercero poli de Mateo empecé a hacer cuentas con los dedos y me dio un escalofrío. Javier pasa a quinto grado. Le faltan dos años de primaria y seis de secundaria. Ocho largos años en total. Quise llorar. Amargamente. Van a ser ocho largos años y si no cambia la actitud, van a ser ocho larguísimos años.

Fuimos pues a la reunión. Y definitivamente, la tienen clara. Nos sentamos a escucharlas y lo que dijeron es más que evidente: Javier tiene que dejar de ser chiquito. Porque ya no lo es. Aunque en casa sea el más chico, aunque haya tanta diferencia de edad con sus hermanos. Aunque sea mi bebe. Tengo que dejarlo que crezca. O más bien: tengo que hacerlo crecer.
Que se haga cargo de sus cosas. No andar solucionando sus problemas. Si él no trae el libro de inglés y al día siguiente tiene prueba, es él quien tiene que volver al colegio a buscarlo y no ir yo a la clase vacía y empezar a revisar los bancos porque el mocoso ni siquiera fue capaz de indicar con precisión en cuál de los 27 bancos que hay en el aula, deposita sus cosas cada día.
Tengo que entrar a la mañana y a lo sumo, alcanzarle la ropa. Y no despertarlo a las 7 y media y cambiarlo mientras el tipo sigue roncando. Si no lleva el almuerzo desde temprano, no llevárselo a las corridas antes del recreo de las 9 y 20, no vaya a ser que lo busque y pobrecito, no lo encuentre.
Cuando vamos caminando al colegio, dejar de acarrearle la mochila. Aunque tenga ruedas. ¡Porque tiene ruedas! Y ojo, que aveces es mochila, lunchbox y guitarra. A la tarde, que se vuelva solo y no ir a buscarlo en auto porque está cansado y si lo hago caminar 3 míseras cuadras, el tipo pone cara de culo.
Cuando llega a casa, tiene que tomar el te y ponerse a hacer los deberes. Mamá no debería abrirle la mochila ni llamar a la mamá de Nacho o a la de Fran para preguntarles que sigue, en el cuaderno de comunicaciones, en la nota que empieza con : Señores padres: los alumnos de cuarto grado… porque no escribió nada más. O porque se aburrió, o porque se atrasó o por el motivo que sea.
Mamá no debería ir a las muestras de arte ni a los actos del día de la bandera si el gusano no se toma el laburo de anotar el horario y la fecha del evento. Y si no está mamá para aplaudirlo cuando canta “palomita blanca y vidalitá”, que se joda.
A la hora de ducharse, el mocoso debería combinar las canillas sólo, quemándose o congelándose hasta que encuentre el termino medio y bajo ningún concepto debería yo, su santa y abnegada madre, ir a ponerle el shampoo y a asegurarme que el enjuague del marote sea el correcto. Si le queda un poco de espuma, le quedará el pelo pajoso un día. Nada grave.
A la hora de dormir, un niño de 9 años, ante el grito materno de “a dormir!” debe dar beso de buenas noches e irse a la cama sólo. No vale que mamá lo acompañe ni que recen juntos el Jesucito de mi vida, como si recién hubiera cumplido 3 años. Ya tomó la Primera Comunión y se sabe el padrenuestro, no jodamos.

Pues bien. Necesitaba que alguien me lo enrostre sin reparos y ya lo han hecho. Cuando Javier nació, Mateo tenía 9 años y Paz 12. Mi miedo, terrible miedo, era que el tipo se convierta en un mocoso agrandado, de esos que se creen mil y mascan chicle a los 5. Y me aseguré de que eso no pasara. Tanto me aseguré que el tipo se siente de cinco años. Sin el chicle. Y lo disfruta cada día. Se le acabó la joda. O mas bien debiera decir: se nos acabó la joda. A los dos.

Talvez es momento de que le pase mi avatar a Javier.

Mamá, vino la tutora…

21 Sep
Estamos a full con la tutora. Desde aca arriba se escuchan las carcajadas de ambos (?)

16 hours ago via TweetDeck

Se nos viene la noche...

Después de recibir el boletín de el de 9, con unas notas que te hacen sospechar que el dinero hasta ahora invertido en su educación fue a parar a saco roto y viendo que se viene la noche porque este colegio exige un desempeño escolar mas o menos aceptable para evitar que el educando se pase buena parte de diciembre yendo a recuperatorios, decidí hacerle caso a los que saben.

Una charla con las directoras a principio de año, me llevó a una reunión con la maestra en el primer trimestre, que a su vez me llevó a unas entrevistas con la psicopedagoga en el segundo trimestre, las que me están llevando a la contratación de una tutora para ver si solucionamos algo en el tercer trimestre.

Primero tuve reunión con las directoras. A fines de marzo me citaron, echándome en cara lo mal que se portaba Javier en clase, la poca atención que prestaba y el poco interés que mostraba en lo que pasaba dentro del aula. Les frené el carro. Vení a decirme que el mocoso se porta mal en Agosto y lo discutimos. Pero en Marzo no tuvo tiempo a portarse tan mal. Me mandaron a hablar con la maestra, que estaba dispuesta a ratificar sus dichos.

La reunión con la maestra no fue mucho más alentadora. Apenas me senté enfrente y con una sonrisa y para iniciar lo que yo pensaba iba a ser una conversación amistosa, le pregunte: y que tal va todo?– la tipa puso los ojos en blanco y solo respondió: mal, muy mal, así no vamos a llegar a ningún lado. Después de quejarse de lo poco que participaba en clase el angelito y de todo lo que molestaba a sus compañeros hablando y haciendo ruido, me sugirió ir a ver a una psicopedagoga.

Pero ojo, la psicopedagoga fue clarísima. El chico es super inteligente, es sólo que está peleado con el proceso educativo. Y me lo dijo sin que se le caiga la cara de vergüenza. Algo así como es un vago redomado que no tiene interés alguno en lo que la maestra pueda llegar a decir. Delicias de tener un hijo siendo grande. A los dos primeros les hubiera pegado tres gritos, les hubiera puesto una penitencia de esas que meten miedo y les hubiera requisado cualquier juguete y a otra cosa. Pero el paracaidista tiene ciertas ventajas sobre sus hermanos mayores. ¿La primera de ellas? Yo ya no quiero más lola. Y gracias a que yo tiré la toalla, el tipo sigue haciendo lo que le viene en gana y la psicopedagoga habla de peleas con el proceso educativo…

Otra de las indicaciones de la psicopedagoga fue: vos correte de ese lugar, contratá a alguien que lo haga, para mantener así el vinculo materno-filial intacto (?). La realidad es que mi vinculo materno-filial está intacto, yo le digo sos un soberano adoquín y el tipo me hace hombritos. No nos ofendemos por eso ni nos queremos menos. Pero como bien dijo el filosofo: no pretendas resultados diferentes si siempre haces lo mismo y como dije en este post, no es recomendable hacer los deberes con nuestros hijos, decidí contratar una tutora.

Algo similar a lo que nosotros llamábamos maestra particular, pero que ahora tiene otro nombre, con mejor prensa. El estigma de burro hay que sacarlo y la maestra particular era para esos casos, así que ahora existe el “sistema de tutoría”, que es una maestra que viene a tu casa a explicarle al angelito lo que no entendió en clase por estar mirando los pajaritos por la ventana y a terminar los deberes que no terminó en el colegio por estar jugando al tutifruti con el gordito Estévez. Lo mismo que antes, pero con un nombre mas cool, bah.

La cosa es que para evitar tener que seguir yendo en diciembre al colegio, tomé el toro por las astas y contraté a Sofi. Sofi vendrá tres veces por semana, le abrirá el cuaderno verde para ver si hay algo que hacer (siempre que Javier traiga el cuaderno verde, claro) (y siempre que haya anotado lo que hay que hacer en el cuaderno verde, de más esta decirlo). Sofi luego ordenará las hojas que Javier tiene totalmente desparramadas por la carpeta, sin seguir ningún tipo de lógica separación según materias, lo de lengua con lo de sociales, lo de naturales con general knwoledge y lo de creative writing con lo de homework. Lo único que identifica es lo de matemática porque las hojas son cuadriculadas. Una vez organizado eso, intentará que el mocoso haga unas cuentas y no se olvide de ningún numero en el camino. Y que estudie lo básico. O que al menos se entere de lo que están hablando, una vaga idea de lo que significa lo que dice la maestra. No pretendo un 10. No pretendo un hijo abanderado. Sólo quiero que el boletín no me de miedo. Y que el tipo pase esta época de su vida siendo feliz. Ya tendrá tiempo para tener problemas serios… ¿Es mucho pedir?

Mantengamos el vinculo materno-filial intacto (?)

¡Feliz Navidad!

24 Dic

@turca09 Los regalos propios tenes que considerarlos indemnización por tener que comprar los ajenos. @domanand @datta77

3 hours ago via TweetDeck

Llega esta época del año y aunque uno sea budista o adorador de krishna, regalos se compran. No hay con que darle. Es una fija como comprar cuadernos Rivadavia en Marzo o bufandas en Julio.
Y aunque todos los años la Navidad cae más o menos para las mismas fechas, no existe la previsión. Todos nos encontramos en la misma época comprando los mismos regalos, con el mismo ataque de locura cuando intentamos, vanamente, entrar al estacionamiento del Unicenter.
Somos de manual. Uno podría ir comprando los regalos a partir de Octubre. Ir haciendo acopio. Pero no. Entre el “no se que regalar” y el “tenes 30 días para los cambios”, nos encontramos todos el 23 de diciembre comprando como locos. Y, de más está decirlo, nos encontramos todos en el mismo lugar.

¿Vamos al shopping?
Ir a un shopping en esta semana debería estar prohibido. Entrar al estacionamiento es imposible. Dejas el auto a 500 metros de la entrada. Y te derretís en el camino. Llegas y lo único reconfortante es el aire acondicionado. Adentro te encontrás con 300 personas por metro cuadrado, una fila descomunal de padres con hijos esperando para ver a papa noel y sacarse la foto. El pobre quía que contrataron está desmayado de calor adentro del traje de peluche y friza, con una barba muchas veces postiza y un gorro ridículo que se le cae en medio de la cara.
Las colas en los negocios son eternas, las vendedoras están de un humor de perros, la gente camina a velocidad lenta tapando todos los pasillos, los chicos se pierden y lloran y las madres maldecimos la época navideña.

La carta a Papá Noel:
Este año, Javier de 8 años me dijo:
– Le escribimos la carta a Papá Noel?-
Disyuntiva la mía. Me encanta que los chicos crean en Papá Noel, los Reyes y el Ratón Perez. Mas aun si es mi hijo mas chico. Pero tampoco quiero que pase por boludo, tiene 8 años! Enseguida me alivió porque me dijo, muy suelto de cuerpo:
-No creas que soy idiota, eh? Yo ya sé que Papá Noel sos vos. O papá.
Teniendo en cuenta esta información fui de frente y pregunté: qué querés para navidad?
Mala idea.
Hizo una lista interminable. No sólo cree que yo soy Papá Noel, me temo. También piensa que soy Rockefeller!

Dime que regalas y te diré quién eres:

Regalos útiles:
Hay chicos que le piden a papá noel una pista de autos Hot Wheels y el muy garca les regala una cartuchera completa para el año que viene. No hay derecho. Otros piden una lancha a control remoto y reciben una mochila y un par de medias. Un fiasco. No sean turros, esos niños se convertirán en adultos que odiaran la Navidad, sépanlo.
Mi abuela, desde que tengo uso de memoria, siempre me regaló lo mismo: Un juego de toallon y toalla con una guarda tejida al crochet por ella misma. Se murió en el año 97 y todavía tengo algunas sin estrenar porque me los empezó a regalar cuando yo tenía 13 años y las fui juntando. Puedo arriesgar que a mis primas mujeres les pasa lo mismo…

Regalos caros:
Típico de hijos únicos que no han cumplido aún los 2 años, sus padres primerizos les regalan lo último que ha salido en las jugueterías. Un triciclo a motor, la casita para el jardín (o el balcón), un juego de cocina o un mini gimnasio de Fisher Price. Al pedo. Todos los regalos que son demasiado grandes estorbaran el día de mañana y la realidad innegable es que a esa edad, si les das el moño del paquete para que jueguen, los chicos están encantados.

Regalos vivos:
Seamos sinceros. Las madres somos piolas y tenemos visión de futuro. Nunca regalaríamos un ser vivo. A no ser que los destinatarios sean unos sobrinos y nos caiga mal, muy mal nuestra cuñada. Perro, gato, conejo o pez sólo traerán problemas el día del mañana. Pero los padres no piensan en eso. Y regalan un cachorrito que viene con moño incluido. Los niños, felices y alborotados. La madre se quiere matar.

Electrodomésticos:
Regalar una plancha para Navidad debería estar prohibido por la convención de Ginebra. Los únicos electrodomésticos que se regalan son los que no son absolutamente necesarios para la vida familiar armónica. Heladera, lavarropas, plancha y secador de pelo no se regalan. Se compran cuando hace falta.
Una cafetera express de 19 bares de presión, un parafinador de manos o un wine cooler si.
Nota de la autora: La planchita del pelo no es superficial, es necesidad básica. Maridos, no jodan con esto.

Zapatos y carteras:
Las carteras y los zapatos son un combo sensacional que yo, personalmente, recibo encantada. No jodamos con unos zapatos sin cartera haciendo juego. Es como invitar a comer pastas sin salsa o milanesas sin papas fritas. No vale.

Groupones
Con la moda de las compras comunitarias ha llegado este año la oferta de comprar vouchers y regalarlos. Hmmmm, no se si estoy de acuerdo. Recibir 8 sesiones para usar la plataforma vibratoria no me resulta del todo seductor. O una pizza con cerveza y nachos para dos.

Amigo Invisible:
Cuando la familia es enorme y el dinero escaso, muchos proponen jugar al amigo invisible. Yo no lo recomiendo. Muchas amigas mías lo hacen y el comentario suele ser:
-Que bajón, me tocó hacerle regalo a mi cuñada. No la soporto!
¿Que regalo puede comprarse con un “no la soporto” de base? Una cagada, nada mas.
Es mejor hacer menos regalos, mas baratos pero sólo regalarle algo a quien significa algo en nuestra vida. Es la época de Navidad, no debería confundírsela con la época de la Hipocresía.

Todos juntos y revueltos.
Cada persona tiene su costumbre para estas fechas. Tengo unos amigos que se van de vacaciones unos días antes y la pasan solos. Tengo otros amigos que juntan hijos, nueras, yernos, consuegras, abuelas propias y ajenas, primos propios y ajenos y la mesa navideña es enorme y llena de gente que se ve una sola vez al año. Hay gente que sale a comer a un restaurante y brinda con desconocidos. Otros que van a una parroquia y brindan con la comunidad.

Uno de los recuerdos mas lindos que tengo eran los viajes el 23 de diciembre desde Bahía Blanca hasta Rosario. 900 kilómetros de ida y los 900 de vuelta tres días después. Pasábamos navidad en casa de mi abuela con un montón de tíos y primos a quienes, por vivir en la loma del demonio, no veíamos en todo el año. Para mi era mágico. Tan mágico que lo único que pedí de recuerdo de la casa de mi abuela fue el pesebre blanco, que ocupa un lugar de honor en mi living navideño.
Soy una convencida de que la Nochebuena y la Navidad hay que pasarla con gente que uno quiere. Espero que mis hijos, el día de mañana, sientan lo mismo. Y que tengan los mismos buenos recuerdos de la Navidad de cuando eran chicos que tengo yo. Intenté, les juro, que así sea.

Desde este humilde blog, a todos mis lectores: tengan una Feliz Navidad. A la hora de levantar las copas, todos ustedes estarán en mis deseos de una Nochebuena en paz, que tanta falta nos hace en este bendito país.

Hijos frustrados, trabajo bien hecho.

21 Sep

@domanand yo soy de las turras que tiran todas las obras de arte de sus hijos, cosa que arreglaran en el analista en años venideros, espero.

sábado, 18 de septiembre de 2010 14:06:29 via TweetDeck

Creo que frustrar a los hijos es tarea fundamental de las madres, así como lo es alimentarlos y enseñarles a no decir malas palabras. Un niño sin frustraciones será el día del mañana, una persona con serios problemas. Imagínense a ese niño, de adolescente, diciéndole a sus amigos: mi vieja? Es buena onda che, me deja hacer lo que quiero. Una masa la vieja.
O, lo que sería peor, imaginen ustedes a un adulto que llega al analista y solo puede decir: mi madre ha sido una persona realmente maravillosa.
No, no, no.
Las madres tenemos una misión que cumplir en esta vida y esta es la de hacer la vida de nuestros angelitos lo suficientemente miserable como para que puedan quejarse con motivos reales.

No se desanime, una buena madre solo es reconocida como tal cuando sus hijos le festejan el cumpleaños numero 90.

Cuando empecé a pensar en este post le pregunté a mi hijo de 16 años por qué motivos estaba frustrado. Me miró con rencor y solo dijo.
-Nunca me compraste zapatillas con luces en la suela.
¿? ¿Que sos? ¿Una linterna caminante?
Eran carísimas, eran horribles y, definitivamente, se le iba a gastar la pila y no las iba a querer usar mas.

Que al menos tenga la decencia de agradecer que no le compre estas zapatillas...

Soy capaz de reconocer las culpas que tengo. No llevé a mi hija mujer jamas al teatro a ver Bandana, pero fui lo suficientemente astuta como para convencer a la abuela de la criatura para que lo haga.

Mensaje que me envió la abuela de mi hija despues de acompañarla a un recital de Bandana. Gracias má, te debo una!

Los fui a ver a los actos, pero nunca me esmeré del todo con el disfraz. Les mandé libros al colegio pero jamás fui a leerles a la clase. Les hice todas las maquetas que hubo que hacer, pero jamas les expliqué matemática. O al menos no de una manera entendible.
Les festejé todos los cumpleaños pero jamas en la Plaza de la Fantasía ni en el Parque de la Costa que era donde soñaban.

No será "la torta de cumpleaños" pero tengan en cuenta el esfuerzo...

Tiré todos los cuadernos de primer grado y las carpetas de plástica. Pero guardé y enmarqué el primer dibujo de la familia que hizo cada uno en sala de 2 años.
Les preparé la comida que les gustaba pero cada vez que me pedían permiso para hacer una torta los sacaba carpiendo, mirá si voy a dejar que me dejes todo hecho un desastre, me rayes la tartera de teflón y encima te quemes con el horno.

Es saludable mantener a los niños alejados de la cocina hasta la mayoría de edad.


A la hora de incentivar el arte les di una computadora con el photoshop, que es limpia y no desordena nada. Pero, si bien tiré todas las “artesanías” que han hecho en el colegio, tuve la delicadeza de hacerlo cuando no estaban presentes.

La tortilla la preparé cuando miraban para otro lado.


Confisqué, sin culpa alguna, todos los juegos que les regalaron que consideré nocivos para mi salud mental o para mi cintura. Por eso desaparecieron las 10000 piezas (ojo, no exagero, eran diez mil!!!) para hacer collares que mi hermana le regalo a mi hija cuando tenía 8 años. Primero se cayeron al piso, las 10000. Barrí unas 9865 y calculo que las 135 restantes fueron a parar debajo de la heladera, del lavarropas y el horno. Nunca supe mas de ellas. Confisqué también el juego de química que una abuela regaló para Navidad, cuando mancharon las sillas del jardín con limadura de hierro y tiré sin piedad a la basura el juego de “arma tus propias figuras de yeso” que (otra vez, ¿cuando no?) mi hermana tuvo la iluminada idea de regalarle a uno de mis hijos.
Tiré bolitas y piezas de rasti de a montones. Y cada vez que traian malas notas, me apropiaba de los controles del nintendo 64.


Los obligué a ir a natación aunque no les gustaba. Pero, debo decir a mi favor, que nunca los hice competir en una carrera. En la playa no me metí al mar con ellos (odio las olas) pero siempre convencí al papá de que lo haga.


Papá siempre tiene un minuto para meterse al mar con los chicos, mientras mamá toma daikiri en la playa.

En el colegio los he defendido cuando me llamaba la maestra para decirme que eran burros pero en casa los cagaba a pedos por vagos.
Mi hija mayor rogó años por un celular como el de sus amigas y tuvo que sobrevivir con uno viejisimo pero que funcionaba perfectamente. Podrá decirle al analista eso, me hago cargo.

Tenga el celular preparado en el momento del parto, los chicos cada vez lo piden antes.



Y, definitivamente lo que mas los ha frustrado, llenado de vergüenza y odio hacia mi, su santa y abnegada madre, es que jamas me desmaterialicé cuando llegaban sus amigos. Tampoco me ponía a charlar con ellos, ni a animar la fiesta. Pero siempre estuve presente, saludando cuando iban entrando, vigilando que la cosa se mantenga dentro de ciertos parámetros de orden. Aún a riesgo, lo sé, ¡que horror!, de que sus amigos descubrieran que mis hijos, igual que ellos y que buena parte del planeta, tienen madre.

No hay nada que hacerle, todos hemos tenido una.


Coleccionistas

6 Sep

Pasado el curro de las figuritas del mundial, les comento que ahora los gogo´s son lo mas (?)

viernes, 03 de septiembre de 2010 21:48:45 via TweetDeck

Es una verdad absoluta. La gente colecciona cosas. Por una simple cuestión de falta de desarrollo de estética y una incapacidad monetaria, la gente, cuando está en estado niño, colecciona porquerías. No importa en que época de la historia nos ubiquemos, es una costumbre arraigada en lo mas profundo de la humanidad.

Piense usted mismo en su infancia. Acaso no formaba parte del conjunto universal de coleccionistas anónimos? Piedras, chapitas de coca, sapos o autitos matchbox, todos hemos coleccionado algo.

Podría explicar los fundamentos sociológicos de esta costumbre pero, obviamente ya lo ha hecho alguien acá, probablemente mucho mejor de lo que puedo hacerlo yo y, todo hay que decirlo, mi intención aquí es analizar las nefastas consecuencias que esa recolección tiene, en la vida diaria de una madre.

Chapitas, piedritas y estampillas, todo se podía coleccionar. ¡Y éramos tipos felices!

Cuando yo era chica, las colecciones eran baratas. Cada vez que íbamos a comer afuera, le pedíamos al mozo que nos servia que nos dejara las chapitas de la coca y, si el tipo era copado, hasta era capaz de traernos una bolsa así de grande y la colección se incrementaba de manera exponencial. Los fabricantes de gaseosa tuvieron, un buen día, la brillante idea de ponerle a las chapitas adentro un plástico con un dibujo y así apareció el precursor de las “promos” de hoy en día. Todos dejamos de pedir coca y pedíamos crush, porque ahí adentro había una Cachavacha (¡!)

Precursor de las promos, los dibujitos de García Ferré generaban gran algarabía en los niños de los años 70.

Hoy en día los chicos juntan tapitas de cocacola y cuando juntan 3 mas 4,50 les dan un vaso. Lamentablemente, los vasos no califican para colección infantil porque o los rompen o son incautados por las madres porque los durax ya no duran toda la vida.

Otra cosa que juntábamos eran piedras. No piedras cualunques. tenían que ser lisitas y de color claro. Reventábamos bolsillos llenándolos de piedras. Y siempre servían como arma de defensa personal llegado el caso de necesitarla porque te cruzabas con la bandita enemiga de la otra cuadra. Nuestros hijos no juntan piedras. Hoy en día, con la irrupción del fen-shuí y la decoración zen, te las cobran como si fueran pepitas de oro. Si alguno de mis angelitos se hubiera dedicado a juntar cantos rodados o piedras bola, ya se las hubiera afanado para poner en el cantero de las begonias.

Te venden la bolsita de piedras de morondanga y te las cobran como si fueran piedras preciosas, De haber guardado mi colección, hoy sería millonaria.

Según mi hijo de 8 años, en nuestra época los emails venían en sobre. No conoce del todo la finalidad del cartero y el tipo no sabe qué es una estampilla, directamente. Ni le interesa saberlo, sospecho. Nosotros masacrabamos el sobre de la carta del tío Roberto desde Caleta Olivia. Ni hablar de los que teníamos la suerte de recibir de vez en cuando una carta de España con el perfil de Juan Carlos con corona y todo. Hoy en día las cartas suelen ser facturas de luz o teléfono, te las trae un cartero que no es EL cartero, te hace firmar y poner tu numero de DNI. Y desde luego, vienen sin estampilla.

Para los niños del siglo 21 esto vendría a ser una especie de botón SEND.

La cosa es que la posibilidad de coleccionar cosas ha ido mermando con el tiempo y ciertos inescrupulosos comerciantes, que han sido niños como lo hemos sido nosotros pero que han tenido mas visión de negocio, han sacado al mercado un montón de cosas que se coleccionan.

Figuritas:  Es cierto que en nuestra época las figus existían, pero venían en planchas y, convengamos, nos compraban pocas. Las de nena tenían brillantina y las guardábamos entre las hojas del libro Mujercitas de la colección Robin Hood. Lograr llenar el álbum era algo que podía llevarnos un año de trabajo de recolección o mas. No eran autoadhesivas y había que usar la plasticola con cuidado de no pegotear las hojas. Hoy en día, las madres vamos a buscar los chicos al colegio, desde marzo, con cierto temor. Nos acercamos a darle un beso al angelito temiendo sus palabras. A medida que los meses pasan, el temor se acrecienta. Hasta que llega el día fatal. De lejos lo vemos venir. La cara lo dice todo. Cierto inconformismo mezclado con esperanza y atisbos de rabieta. Y las palabras brotan de su boca, infalibles: Mamá, me tenes que comprar figuritas de fútbol. No es “me podes”, no es “me queres”. Es “me tenés”. No hay ni un atisbo de pedido o ruego. Es una orden. Siempre hay alguno que llega con la novedad. A ese habría que echarlo del colegio y azotar en una plaza pública a su madre para que aprenda. No importa figuritas de qué. Suelen ser de fútbol para los varones, de casi ángeles para las mujeres. Mundial, torneo apertura, torneo clausura, temporada 2, 3 o 9, torneo de la Nacional B. Lo mismo da. Los chicos las quieren. Y todos los días las exigen.  El álbum se convierte en un bien preciado, lo cuidan mucho mas que al cuaderno de castellano. Las cambian, las pierden, lloran, las encuentran, ríen. Cada vez que vamos al kiosco preguntamos con temor al kioskero si tiene figuritas. Por que hay veces que se agotan. Y andá a explicarle al enano, que de comercio, ley de oferta y demanda y de los fundamentos keynesianos de la microeconomía no entiende nada, que en el kiosco no hay figuritas. Imposible. Por eso es que las madres, que somos gente piola, solemos comprar 20 paquetes de un saque y las vamos dosificando. Y podemos utilizarlas, ¿por qué no? para exigir una contraprestacion académica aceptable: Si no te aprendes la tabla del 7, no te doy figuritas esta semana. Funciona, créanme.

Quiere asustar a sus hijos? Digale que la proxima vez que le pidan figuritas les va a regalar las que usted guarda de cuando tenía su edad...

Muñequitos de kinder Desde la irrupción en el mercado de este chocolate en forma de huevo, la vida de los padres se ha complicado un poco mas. Por varios motivos. En primer lugar, los chicos ven la publicidad y utilizan el argumento de que es un chocolate con mayor cantidad de leche en beneficio propio. Vamos, quien se lo cree? Un chocolate es un chocolate, no me vengan con que tiene mucha leche y por ende mucho calcio. En segundo lugar, el huevo kinder es carísimo. Y por último, no hay nada mas odioso que abrir la cápsula interna y encontrarse con 300 piezas de tamaño diminuto que hay que encastrar y siete stikers que hay que pegar en el lugar exacto para evitar la cara desaprobadora del angelito. Precisión de neurocirujano se necesita. Nuestros viejos la pasaban mucho mejor, en los chocolatines jack, venía un Boxitracio de una sola pieza.

Al lado de las pequeñas obras de ingeniería mecánica que traen los huevos kinder, debo admitir que la resolución de nuestras "sorpresas" era bastante decadente.

Bolitas: Las archiconocidas bolitas que usábamos nosotros vuelven cada tanto. Pero ojo, los mas críticos de mis lectores pondrán cara de: que decís? Yo ya coleccionaba bolitas! Es cierto, nosotros coleccionabamos bolitas pero cuantas? 10? 20? Esa cantidad compran de un saque estos gusanos. Es medio incomodo, todo hay que decirlo, pararse frente al kiosquero y pedir canicas. Porque el nombre genérico ha cambiado. Es que nuestros angelitos dominan a la perfección el español latinoamericano neutro del disney channel y las llaman así. Bolones, lecheras, bolota, bolita,dragona, boloncho, meteoros, ojos de gato, bolines… requieren un diccionario aparte. Las juntan de a cientos, les rompen los bolsillos del pantalón del colegio y las dejan tiradas con el único fin de que las pisemos y nos rompamos el marulo contra el piso.

Prohibido dejar las bolitas tiradas para que yo las pise y me rompa la crisma.

Tolas y tazos: Las tolas y los tazos causaron furor en los años noventa. Mis hijos los juntaban como Rico Mac Pato juntaba monedas de oro. Eran fáciles de conseguir, venían en los paquetes de Frenchitas (AKA Lays). Las tolas eran una especie de muñequitos de plástico macizo y duro, capaces de destrozar ventanales si eran utilizados como proyectil con buena puntería. Los tazos eran una especie de moneda de carton, parecida a las monedas del bucanero pero con dibujitos de los looney tunes adentro.
Las tolas han pasado de moda pero como nada se tira, todo se transforma, actualmente la moda son los Go-Gos. Hace cosa de un mes que el de 8 me viene taladrando el cerebro cada vez que llego al colegio con un incomprensible  “me compraste gogos?”. Pude pilotearla unos días con un: eh? en que idioma hablas? no se que es eso, acá no los venden, cuando vaya al centro (esa es genial, el tipo considera que “el centro” es una especie de supermercado donde se encuentra todo lo que el quiere y que en San Isidro y zonas aledañas, por ser una especie de despoblado paraje no existen). A las dos semanas, el chico, que será chico pero no come vidrio, empezó con reclamos mas insistentes y finalmente le pedí data exacta: como son, donde los venden y cuanto cuestan. Al día siguiente tenia toda la info el mocoso y logré aplazar el momento hasta el viernes. Por la módica suma de 7 mangos somos los felices propietarios de tres go-gos y dos cartas. Me enteré que el asunto viene reloaded, existe también el álbum de go-gos, que será exigido por you know who dentro de pocos dias…

Se rumorea que los responsables del desparramo en el baño cuando se lavan los dientes serían estos Gogos...

Los psicólogos nos han enseñado la importancia de involucrarse en las actividades lúdicas de nuestros hijos y nosotras, madres argentinas, les hicimos caso. Charlamos con los angelitos sobre lo que les gusta y sobre lo que les interesa. Por eso invertí medio año a aprenderme la formación de Eslovenia y Corea del Norte con las figuritas del mundial. información que ahora no me sirve para nada, porque aunque yo fuera una gran experta en las grandes ligas mundiales, mi hijo ahora habla de Gogos. Y parece que tienen nombres, que, obviamente me tendré que aprender. Imagínense el problema si el gusano me pregunta dónde está Nuclos… la respuesta deberia: ser en tu estante, al lado de Ojaro y Usuzi (?)… No crean que es al pedo, yo uso estas cosas para prevenir el Alzheimer…

Vida de perros

17 May

Taquelopá, llamé al veterinario. Mi Fox se peleo con Patán, el de la esquina y perdió. Esta magullado.

2:56 PM May 14th via TweetDeck

Señoras y señores, con ustedes: Fox!

Fox es parte de la familia. Casi un hijo mas. Un golden retriever que otra familia crió hasta el año y que tuvo que regalar por esas cosas de la vida. Llego con 13 meses y si bien el tamaño era el de un ternero, todavía jugaba como cachorro.

Javier tenía 3 años y median lo mismo, siempre que Fox estuviera parado en sus cuatro patas. Si se paraba en dos, alcanzaba a Mateo que todavía no había pegado el estirón.

Paseando por el barrio, buscando algun otro perro vecino.

Motivos por los que me pregunto por qué no me compré un canario:

1. El pelo. Fox tiene mucho. Y lo pierde. Un día, harta de barrerlos, lo mandé a la peluquería. Pelalo, le dije al ñato. Nunca me imaginé que iba a tomarlo literal. Cuando lo vi volver pensé: mama mía, que te he hecho. Lo habían rapado tanto que parecía un weimaraner pero le habían dejado la cabeza peluda. Parecía que se la habían cortado y le habían puesto un cuerpo de un perro mucho mas chico. Para terminar la maldad perpetrada, le habían dejado la punta de la cola (pelada por supuesto) con un mechón. Lo mas parecido a un león que he visto en mi vida. Los perros del barrio venían a la puerta de casa a reírse un rato. Un año tardó en volver a crecerle, pobre. Mis hijos y mi marido nunca me lo perdonaron. Fox, en cambio, si.

Después de refregarte así en la nieve no pretenderás entrar a casa...

2. Los paseos. Fox siempre quiere pasear. Vamos casi todos los días a buscar a Javier al colegio y apenas agarro la correa el tipo se vuelve loco de contento. Pero eso es poco a su humilde entender. Siempre quiere pasear. Mi marido se cambia para ir a correr y el tipo lo escucha bajar la escalera en zapatillas y se da cuenta. No se si será que suena distinto. Empieza a seguirlo por las distintas ventanas, no vaya a ser que lo dejen afuera del programa. A la mañana yo bajo a la cocina a las seis de la mañana a intentar despertarme y el tipo ronca como si no fuera con el la cosa. Hasta que el olor a café lo despierta (?) y se para al lado de la puerta (del lado de adentro, obviamente el rey de la casa duerme adentro) y espera a que le abra. Si no lo hago, viene hasta donde estoy todavía intentando hacer sinapsis en mis neuronas y me da cabezazos hasta que me levanta y le abro. Y obviamente pretende pasear conmigo. Flaco, a las seis y media de la matina las calles no están puestas, no rompas.

3. Las idas al veterinario: Cualquier visita al veterinario cuesta un ojo de la cara. Y si no es porque se comió un hueso y le duele la panza, es porque se peleó con otro perro y quedó maltrecho, pero unas cuantas veces al año hay que ir. Subirlo al auto, que deja lleno de pelos, a la fuerza porque no le gusta, empujar hasta que los 40 kilos se meten en mi citroen y volver a hacer lo mismo a la vuelta.

Nada mejor que mojarse en el rio (arroyo, mar, pileta, con que tenga agua basta)

4. Los fuegos artificiales. Llega diciembre y llegan los problemas. Fox le tiene pánico a los fuegos artificiales. Pero no tiene en cuanta el tamaño que porta. Suena el primer cohete y se abalanza sobre la puerta del living y a cabezazo limpio, la abre. Si los ruidos persisten, se mete bajo la mesa, tirando a su paso lo que encuentre. Y si no para, sube. Fox sabe que tiene la vida penada si va a la planta alta. Pero no le importa. Y de pronto te encontras con la mole peluda, en carrera desenfrenada por los cuartos intentando meterse bajo una cama. Correte, porque te lleva puesto.

5. Las medias y los trapos. Tiene una debilidad. Bah, dos. Las medias y los trapos. Si encuentra una media que alguno de los chicos dejó tirada, se la manda. Hemos tenido que ir al veterinario por eso, también. Los trapos no se los come, los destroza nomas. Veloz como un rayo, cuando abren la puerta de la cocina, mete el hocico y raja a toda velocidad con el trapo de piso que encontró entre los dientes. Intentá sacárselo. Te hace ole moviendo la cola y corre cada vez mas rápido en círculos. Podes pasarte tres horas amenazando, no le importan las consecuencias.

Cruzando un vado, si hay agua mejor.

6. Patán. Patan es un golden retriever igual a él que vive a media cuadra de casa. Antes de que llegara Fox, Patan venía de visita, entraba, paseaba por el jardín, ligaba algún mimo y se iba contento. El día que llegó Fox, hubo problemas. Y hace 5 años que los hay. Una o dos veces al año se agarran. Patan es mas piola y viene a chumbarlo. Este gilazo enloquece de odio y se acerca a la reja, enardecido. El otro, ladino, lo sigue chumbando hasta que el mío, totalmente fuera de si, hace fuerza y pasa la cabezota por entre los barrotes de la reja. Y no la puede sacar. Ahí, sonó. El otro se lo come a gusto.

Eso pasó el viernes. Quedó maltrecho. Y con el orgullo herido. Incapaz de defenderse cuando Patan le clavo los dientes desde afuera, no había modo de separarlos. Al agresor le pegué con lo que encontré a mano, pero cuando estos tipos enloquecen no hay manera de separarlos. Terminé tirándole echo en el balde con lavandina (?) que encontré dentro de un balde, obviamente. Recién cuando al tipo empezaron a arderle los ojos, aflojó.

Resultado: Mi Fox con un corte que va desde el lagrimal hasta el hocico, decadron inyectable, antibióticos por diez días y, lo que mas me parte, dos días en los que estuvo echado, con forma de ovillo, bajo la mesa.

Fox duerme como un pollo a la parrilla.

De a poco va volviendo a ser el de antes. Ya mueve la cola cuando le hablas, quiere volver a pasear y supongo que en unos días volverá a ser el Fox de siempre, el que me recibe cuando llego con fiesta como si me hubiera ido seis días aunque sólo haya sido una hora, compañero desde la mañana temprano, cuándo me oye bajar la escalera y mueve la cola aunque esté torrando, el que se queda en la calle vigilando a Javier cuando va a las hamacas o que lo mira cuando juega al fútbol, el que ladra alarmado cuando alguno de los chicos se tira de cabeza a la pileta, el que se echa al lado mio cuando me pongo a ver una peli, y el que viene y con la cabeza me saca la mano del mouse cuando estoy twiteando.

Dos hinchas de Ñuls.

Vuelve, de a poco, a ser el de antes. El que me da, todos los días, tantas razones por las que no me compré un canario.

conspiración

13 Ene

“Llegados a Pinamar. Primer salida a la farmacia a comprar ibupirac jarabe. Niño con fiebre en lo que serán unas largas vacaciones. Socorro!”
11:26 PM Jan 12th from web

Si yo fuera Cristina Fernández de Kirchner diría, en conferencia de prensa, que esto es una gran conspiración. Le echaría la culpa a Clarin, Cobos y Magneto. A Macri no, el tipo se mete en quilombos solo sin que nadie lo ayude.
Anoche llegamos a Pinamar después de un viaje complicado. Los piqueteros cortaron la autopista a La Plata y tuvimos que hacer una vuelta enorme. General Paz, Ezeiza, Cañuelas, San Vicente y recien ahí la ruta 2. Después nos chocó un perro. Si, como se lee. Un perro cruzó corriendo la ruta y nos llevó por delante, nos rompió una óptica y nos dejo el guardaplast del guardabarros delantero con un sospechosisimo temblequeo. Llegamos y Javier tenía fiebre. Tuve que salir a comprar Ibupirac y termometro, la madre optimista como yo no piensa que los crios pueden tener fiebre de vacaciones. Amaneció igual. O peor segun el termometro. En el mar anuncian aguavivas. Por suerte hay sol.
Si no me quejaría ante Cobos, Clarín y la patria sojera, por supuesto.