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Ama de casa desesperada.

4 Ago
#EsTodoRisas hasta que #MiCarmen tampoco vino hoy.

2 Aug via TweetDeck

 

Lunes 20 : primer día sin Carmen, que se fue de vacaciones. ¡Un mes y medio! ¡Que locura! Trabaja hace 11 años conmigo y quería ir a visitar a su familia a Perú. Apenas me pidió unas vacaciones tan largas pensé: ¡Se lo merece! Trabaja como loca y me da una mano bárbara. Espero que disfrute y de paso me viene bien a mí. Voy a tomar las riendas y demostrarle a todos los que piensan que soy un ama de casa mediocre, lo equivocados que están.
Entré a la cocina y vi el desorden que habían dejado los chicos en la mesa. Ay caramba. Levanté todo, lavé los platos y los sequé uno por uno. Brillantes, los guardé. Ordené el bajo mesada, no se cuándo fue la ultima vez que Carmen dedicó tiempo a  ésto.  Clasifiqué la ropa para lavar según el color y la fibra. Metí toda la ropa blanca, un chorrito de ayudin y unos cristales de blancura que parece que hacen una especie de efervescencia en el agua. Seleccioné el programa de lavado delicado.
Volví a las 5 y saque todo del lavarropas. Perdí una media, no me explico dónde pudo haber ido a parar. Juraría que la puse con todo lo demás. Ya aparecerá, supongo. La ropa estaba muy arrugada, creo que no es piola dejarla en el lavarropas tanto tiempo. La puse en el tender porque ya casi no había sol. Después me dediqué a la cocina y preparé milanesas con papas fritas. Los chicos estaban felices.

    Miércoles 22: Hoy me tocó barrer la galería. La glicina está perdiendo las hojas y cuando las pisaba hacían crac. Divino. Respiré el aire de invierno y barrí con energía. ¡Llené una bolsa! Después limpié los vidrios. Los ventanales quedaron relucientes, el sol entra e inunda la casa de luz y alegría. Pensé en la gente que vive en departamentos y me dije: soy privilegiada. Vivo rodeada de los colores de la naturaleza, lejos de todo, con el río a mis pies. Decidí aprovechar un rato y salí a pasear a Fox hasta el río. Lo vi mojarse la patas y correr con alegría. ¡Cómo disfruta! Cuando volvimos, tuve que secarlo. Estaba todo embarrado y el piola quería meterse en la cocina! Vacié el tacho de basura. Estaba hasta el tope.

    Jueves 23: Me duelen los brazos. La barrida de ayer fue mucho ejercicio, creo. Hoy aproveché que me quedaba en casa todo el día y prendí la chimenea. El fuego invitaba a leer un libro pero no pude. Tuve que pasar el trapo en la bodega, es increíble como se junta polvo entre la madera. Creo que Carmen no hace esto muy seguido. Alguien dibujó con el dedo una carita feliz. ¡Que graciosos!
Junté la ropa que los chicos habían dejado tirada por ahí y la llevé al lavadero. Tengo que comprarles un canasto mas grande para el baño, pensé. Y explicarles que es el mismo trabajo dejar caer las cosas ahí que en el piso.
No sabía que darles de comer a la noche, así que me arremangué y preparé cazuela de mariscos. Todos pidieron dos platos. La cocina quedó hecha un desastre pero ¡que lindo es cocinar para la familia!

    Sábado 25: Hoy preparé un pollo a la bolsa. Es fantástico. Agarras el pollo, lo metes adentro de una bolsa y le tiras adentro unos polvos que vienen en un sobre. Cerras la bolsa, sacudís bien, la metes en el horno y al rato voilá! Tenes el pollo a las hierbas listo, riquísimo y la fuente limpia! Lástima que no se pueda comer desde la bolsa y haya que ensuciar platos. Lavé demasiados, si en casa sólo somos cinco, no me explico por qué había nueve platos sucios.

    Lunes 27. Cada vez que barro, levanto pelos de Fox. Pobre, no le gusta dormir afuera y cuando que se le presenta la oportunidad, entra. Es invierno, pobrecito. Me gustaría mas que no se tire en medio de la cocina y cuando paso el trapo, lo empujo un poquito. Los chicos tomaron coca arriba. Baje 6 vasos sucios. Otra vez estaba el tacho de basura lleno. Quise explicarles un poco de física básica: dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. Ni siquiera adentro del tacho. Sospecho que no me entendieron.

    Martes 28: Hice la lista del supermercado. No se dónde tengo la cabeza porque después de hacerla, me la dejé sobre la mesa de la cocina. Me olvidé de comprar fósforos.

    Miércoles 29: Saque a pasear al perro y cuando volví trajo un montón de tierra. No se dónde la esconde pero después la deja en el piso de la cocina. Por suerte no se metió al rio. Barrí otra vez. Los chicos desayunaban tranquilos y les advertí que levantaran las cosas al terminar. Me miraron extrañados, me parece que mi tono de voz fue un poco áspero. Pero es que alguien tiene que educar a estos mocosos y yo ya estoy cansada de lavar platos el día entero.  

    Jueves 30. La ropa se acumuló durante estos días. Sospeché que mandan a lavar cosas para no tener que ordenarlas estos guachos. Los pantalones negros de Paz no se llegaron a secar. Protestó porque los mandó a lavar el viernes. Debería planchar algo, para mantener la pila controlada pero antes tuve que ir al supermercado. Cuando volví con las bolsas, tuve que bajarlas a todas yo porque Carmen no estaba para darme una mano. Otra vez me olvide los fósforos.

    Sábado 2: Hoy me pasó algo terrible cuando puse el lavarropas. Se me coló una remera blanca del colegio de el de 9 en el lavado de ropa colorada. Quedó rosa. Tuve que ponerla en lavandina porque Javier se negaba a usarla.

    Domingo 3. Hicimos asado. O sea, prendí el fuego mientras Enrique jugaba al tenis, puse la mesa mientras Paz dormía, salé la carne mientras Javier abría la heladera para ver que desayunar, preparé las ensaladas mientras Fox hacía trizas el trapo de piso de la cocina y dije a comer mientras los dos mas grandes se despertaban. Cuando terminamos metí todo en el lavaplatos y me quise ir a dormir la siesta pero el maldito no funcionó. Tuve que sacar todo y lavarlo a mano. Maldije en idiomas varios. A la noche les dije que comieran lo que había sobrado, yo estaba reventada.

    Lunes 4. Hoy fui a Sodimac. Llegó el momento de cambiar los implementos de limpieza de esta casa, no se puede barrer con un escobillón viejo, lleno de pelos de perro. Ni pasar el trapo con los jirones que dejó, otra vez, el perro. Creo que complota en mi contra el tipo. Me pasé 20 minutos comparando trapos de piso, mopas y caños de escoba. Cuando me dí cuenta de lo que estaba haciendo, me preocupé. Me cambiaron por otra, pensé. Compré unos guantes de látex que me llegan hasta el hombro, un tarro de cif con lavandina de 5 litros y un líquido abrillantador para acero inoxidable. Llegué a casa y decidí que no iba a usarlo hasta que llegue Carmen. Volví a olvidarme de comprar fósforos.

    Martes 5. Alguien se hizo el chistoso y trajo una tonelada de tierra que desparramó impunemente en la cocina y el comedor. No sé si fue el perro o alguno de los chicos. Amenacé de muerte a todos, por las dudas. Hace falta un roperito de recepción en esta casa. Todos llegan en invierno, se sacan los abrigos y los dejan encima de la mesa del comedor. Subí tres camperas, dos sacos y tres bufandas.

    Miércoles 6. Soñé que Mateo era el que tiraba tierra en la cocina. Lo miré con cara de odio mientras desayunaban. Javier protestó porque no le gusta comer las sobras de anoche en el colegio. Lo único que me faltaba, que pretenda un servicio a la carta. Como se nota que no has vivido una guerra, le dije con cara de evidente reproche, convirtiéndome, por un momento, en mi madre. Me parece que Enrique se fue riendo, pero capaz sólo me pareció.

    Viernes 8: La pila de ropa para planchar ha crecido notablemente. Tengo 3 medias azules y dos blancas que no tienen compañero. Algo pasa. Miro dentro del lavarropas pero se esfumaron sin dejar rastros. Bajo de la planta alta 4 vasos. Los lavo y los escondo. Quedan sólo 5 a mano. 1 por cada integrante de la familia.
A la noche, preparé medallones de pollo rebozados que compré congelados. No se si les gustó, no les pregunté. Me fui a dormir.

    Sábado 9. Otra ida al supermercado. En ésta casa comen como lima nueva. Los alfajores Tita desaparecieron cómo por arte de magia. Me doy cuenta que no me los roban en el camino porque encuentro los envoltorios al lado de la computadora. Si no los tiro yo, pueden acumular 4 o 5 en un día. ¡Es injusto!

    Lunes 11. Le pase por encima con el auto al plato del perro. Recordar comprar otro plato. Y fósforos. Otra vez tengo la mesa del comedor tapada de sacos y bufandas. Encontré mi gorro de lana que había quedado tapado por la pila.

    Miércoles 13. Limpié los vidrios. Esta casa tiene demasiadas ventanas. A la noche me dolían los brazos. Eso me hizo acordar de que la glicina sigue largando hojas aunque sea pleno invierno.

    Viernes 15. Javier quiso invitar cinco amigos. Lo deje invitar sólo a uno. Tuve que ir al supermercado porque se acabó el papel higiénico. Descubrí por qué odio esa actividad. Una llega al súper, agarra el chango que habitualmente tiene las ruedas chanfleadas y se va para el costado, lo empuja por todo el local, va agarrando cosas que mete en el carro, llega a la caja, hace una cola de 20 minutos, saca todo del carro, lo sube a la cinta, lo embolsa, lo vuelve a meter en el chango, paga una fortuna, acarrea el chango que pesa mas que un burro muerto hasta el auto, saca todas las bolsas, las mete en el baúl, maneja unas cuadras y al llegar a casa tiene que hacer el mismo proceso de sacar las bolsas y llevarlas a la cocina. Voy a empezar a hacer compra OnLine, es más sano. No compré más alfajores Tita, me harté de juntar los envoltorios. Me olvidé otra vez los fósforos. Y del plato para el perro.

    Sábado 16: Llueve. Casi me parto el marulo cuando me tropecé con Fox, que tiene que estar adentro para no mojarse. Le revoleé una patada y se movió. Dos pasos se movió. A los 35 segundos, me tropecé con él de nuevo. Alguien tiró un sachet de leche al tacho. El sachet no estaba vacío y el tacho tampoco. Tuve que limpiar todo el enchastre. Menos mal que me quedan como 4 litros de cif con lavandina. El perro metió el morro a ver si encontraba algo para comer. Le limpié el hocico con cif. Estornudos varios. Compré un tacho enorme de basura para que tarden menos en llenarlo.

    Lunes 18. El viento del domingo terminó de tirar las hojas en la galería. Llamé al techista para que arregle una gotera y de paso, saque la glicina y ponga una galería de techo de tejas. A la noche decidí hacer otra vez el pollo a la bolsa. Pero cuándo metí todo adentro y empecé a sacudirlo, se reventó la bolsa. El pollo y el polvo de pimentón voló por el aire y dejó la cocina hecha un desastre. El perro aprovechó la confusión y se afanó dos patas. Pedí empanadas.

    Martes 19. Odio el invierno, odio las hojas que caen, odio el jardín, odio la tierra, odio la lluvia, odio las ventanas que se ensucian, odio al perro adentro de casa y odio a todo aquel que desordene algo. Quiero irme a vivir a un departamento. Sin balcón. Si encuentro un solo abrigo más sobre la mesa del comedor, lo dono al ejercito de salvación.

    Miércoles 20. Paz organizó el día del amigo en casa. Cuando volví de festejar yo, me encontré con la cocina hecha un caos. Casi me pongo a llorar. Saqué a pasear al perro y el infeliz, metió las patas en el río. Después se llenó de barro. Cuando quiso entrar a la cocina, ligó un escobazo. Lo dejé afuera y me fui a dormir. Al despedir Paz a sus amigas, abrió la puerta y el tipo entró. Embarró la cocina, el comedor y el living.

    Viernes 22. Me olvide de sacar una camisa de Enrique del secarropas. Quedó hecha un acordeón. La escondí hasta que vuelva Carmen. Después de las vacaciones que se está tomando ésta piola, tendrá energía para plancharla.

    Sábado 23: Llegué a la fase: “Lo que dejen desordenado, lo escondo”. En breve va a ser “Lo que dejen desordenado, lo tiro” y culminaré con un democrático “Si dejan algo desordenado, los fajo”. Mateo opinó que el canasto de las medias es un Memotest gigante. Já, que chistoso.

    Lunes 25. Paré en una esquina y le compre medias a un ñato. 10 pares iguales, del mismo color. Si se me pierden en el lavarropas no me voy a enterar. Falta una semana para que vuelva Carmen y esto no está funcionando. Los chicos están de vacaciones y pretenden almorzar en casa. No entienden que si no está Carmen, acá hay solo una comida al día. Bajé 4 kilos.

    Martes 26. A los vidrios les vendría bien una repasada pero preferí cerrar los ojos.

    Jueves 28. Marido, hija mayor e hijo menor partieron de vacaciones. Intenté, en una jugada magistral de mi parte, endosarles al perro también, pero se avivaron. Quedamos Mateo y yo. Él, porque tiene que estudiar, yo porque tengo que fiscalizar que estudie. Le dejé las cosas en claro: en la heladera tenes comida, lo que ensucies, limpialo, lo que desordenes ordenalo y tu vida no va a ser un infierno. Y me fui a la peluquería.

    Domingo 31. Mañana vuelve Carmen. No me llamó pero doy por descontado que mañana vuelve. Es en lo que habíamos quedado. Y se acaban las vacaciones. La vida volverá a ser normal, por suerte. Saqué turno en un spa para pasarme un día entero sin hacer nada. Me lo merezco. Estoy agotada. No paré en todo el mes y medio en que se fue de joda. El año que viene le voy a decir que se vaya en enero. Al menos no voy a tener que juntar abrigos de la mesa del comedor. No jodamos. Hace 11 años que estamos trabajando juntas y funcionamos bien. Pero yo jamás hubiera pedido un mes y medio de vacaciones. ¡No soy Carolina de Mónaco, che!

    Lunes 1. Carmen no vino. Parece que ella sí es Carolina de Mónaco. Llamé al spa para cancelar la cita. Y empecé a llorar.

 

No cuenten conmigo. Tendría que haber nacido hace 60 años.

 

 

Vida de perros

17 May

Taquelopá, llamé al veterinario. Mi Fox se peleo con Patán, el de la esquina y perdió. Esta magullado.

2:56 PM May 14th via TweetDeck

Señoras y señores, con ustedes: Fox!

Fox es parte de la familia. Casi un hijo mas. Un golden retriever que otra familia crió hasta el año y que tuvo que regalar por esas cosas de la vida. Llego con 13 meses y si bien el tamaño era el de un ternero, todavía jugaba como cachorro.

Javier tenía 3 años y median lo mismo, siempre que Fox estuviera parado en sus cuatro patas. Si se paraba en dos, alcanzaba a Mateo que todavía no había pegado el estirón.

Paseando por el barrio, buscando algun otro perro vecino.

Motivos por los que me pregunto por qué no me compré un canario:

1. El pelo. Fox tiene mucho. Y lo pierde. Un día, harta de barrerlos, lo mandé a la peluquería. Pelalo, le dije al ñato. Nunca me imaginé que iba a tomarlo literal. Cuando lo vi volver pensé: mama mía, que te he hecho. Lo habían rapado tanto que parecía un weimaraner pero le habían dejado la cabeza peluda. Parecía que se la habían cortado y le habían puesto un cuerpo de un perro mucho mas chico. Para terminar la maldad perpetrada, le habían dejado la punta de la cola (pelada por supuesto) con un mechón. Lo mas parecido a un león que he visto en mi vida. Los perros del barrio venían a la puerta de casa a reírse un rato. Un año tardó en volver a crecerle, pobre. Mis hijos y mi marido nunca me lo perdonaron. Fox, en cambio, si.

Después de refregarte así en la nieve no pretenderás entrar a casa...

2. Los paseos. Fox siempre quiere pasear. Vamos casi todos los días a buscar a Javier al colegio y apenas agarro la correa el tipo se vuelve loco de contento. Pero eso es poco a su humilde entender. Siempre quiere pasear. Mi marido se cambia para ir a correr y el tipo lo escucha bajar la escalera en zapatillas y se da cuenta. No se si será que suena distinto. Empieza a seguirlo por las distintas ventanas, no vaya a ser que lo dejen afuera del programa. A la mañana yo bajo a la cocina a las seis de la mañana a intentar despertarme y el tipo ronca como si no fuera con el la cosa. Hasta que el olor a café lo despierta (?) y se para al lado de la puerta (del lado de adentro, obviamente el rey de la casa duerme adentro) y espera a que le abra. Si no lo hago, viene hasta donde estoy todavía intentando hacer sinapsis en mis neuronas y me da cabezazos hasta que me levanta y le abro. Y obviamente pretende pasear conmigo. Flaco, a las seis y media de la matina las calles no están puestas, no rompas.

3. Las idas al veterinario: Cualquier visita al veterinario cuesta un ojo de la cara. Y si no es porque se comió un hueso y le duele la panza, es porque se peleó con otro perro y quedó maltrecho, pero unas cuantas veces al año hay que ir. Subirlo al auto, que deja lleno de pelos, a la fuerza porque no le gusta, empujar hasta que los 40 kilos se meten en mi citroen y volver a hacer lo mismo a la vuelta.

Nada mejor que mojarse en el rio (arroyo, mar, pileta, con que tenga agua basta)

4. Los fuegos artificiales. Llega diciembre y llegan los problemas. Fox le tiene pánico a los fuegos artificiales. Pero no tiene en cuanta el tamaño que porta. Suena el primer cohete y se abalanza sobre la puerta del living y a cabezazo limpio, la abre. Si los ruidos persisten, se mete bajo la mesa, tirando a su paso lo que encuentre. Y si no para, sube. Fox sabe que tiene la vida penada si va a la planta alta. Pero no le importa. Y de pronto te encontras con la mole peluda, en carrera desenfrenada por los cuartos intentando meterse bajo una cama. Correte, porque te lleva puesto.

5. Las medias y los trapos. Tiene una debilidad. Bah, dos. Las medias y los trapos. Si encuentra una media que alguno de los chicos dejó tirada, se la manda. Hemos tenido que ir al veterinario por eso, también. Los trapos no se los come, los destroza nomas. Veloz como un rayo, cuando abren la puerta de la cocina, mete el hocico y raja a toda velocidad con el trapo de piso que encontró entre los dientes. Intentá sacárselo. Te hace ole moviendo la cola y corre cada vez mas rápido en círculos. Podes pasarte tres horas amenazando, no le importan las consecuencias.

Cruzando un vado, si hay agua mejor.

6. Patán. Patan es un golden retriever igual a él que vive a media cuadra de casa. Antes de que llegara Fox, Patan venía de visita, entraba, paseaba por el jardín, ligaba algún mimo y se iba contento. El día que llegó Fox, hubo problemas. Y hace 5 años que los hay. Una o dos veces al año se agarran. Patan es mas piola y viene a chumbarlo. Este gilazo enloquece de odio y se acerca a la reja, enardecido. El otro, ladino, lo sigue chumbando hasta que el mío, totalmente fuera de si, hace fuerza y pasa la cabezota por entre los barrotes de la reja. Y no la puede sacar. Ahí, sonó. El otro se lo come a gusto.

Eso pasó el viernes. Quedó maltrecho. Y con el orgullo herido. Incapaz de defenderse cuando Patan le clavo los dientes desde afuera, no había modo de separarlos. Al agresor le pegué con lo que encontré a mano, pero cuando estos tipos enloquecen no hay manera de separarlos. Terminé tirándole echo en el balde con lavandina (?) que encontré dentro de un balde, obviamente. Recién cuando al tipo empezaron a arderle los ojos, aflojó.

Resultado: Mi Fox con un corte que va desde el lagrimal hasta el hocico, decadron inyectable, antibióticos por diez días y, lo que mas me parte, dos días en los que estuvo echado, con forma de ovillo, bajo la mesa.

Fox duerme como un pollo a la parrilla.

De a poco va volviendo a ser el de antes. Ya mueve la cola cuando le hablas, quiere volver a pasear y supongo que en unos días volverá a ser el Fox de siempre, el que me recibe cuando llego con fiesta como si me hubiera ido seis días aunque sólo haya sido una hora, compañero desde la mañana temprano, cuándo me oye bajar la escalera y mueve la cola aunque esté torrando, el que se queda en la calle vigilando a Javier cuando va a las hamacas o que lo mira cuando juega al fútbol, el que ladra alarmado cuando alguno de los chicos se tira de cabeza a la pileta, el que se echa al lado mio cuando me pongo a ver una peli, y el que viene y con la cabeza me saca la mano del mouse cuando estoy twiteando.

Dos hinchas de Ñuls.

Vuelve, de a poco, a ser el de antes. El que me da, todos los días, tantas razones por las que no me compré un canario.