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Vida de perros

17 May

Taquelopá, llamé al veterinario. Mi Fox se peleo con Patán, el de la esquina y perdió. Esta magullado.

2:56 PM May 14th via TweetDeck

Señoras y señores, con ustedes: Fox!

Fox es parte de la familia. Casi un hijo mas. Un golden retriever que otra familia crió hasta el año y que tuvo que regalar por esas cosas de la vida. Llego con 13 meses y si bien el tamaño era el de un ternero, todavía jugaba como cachorro.

Javier tenía 3 años y median lo mismo, siempre que Fox estuviera parado en sus cuatro patas. Si se paraba en dos, alcanzaba a Mateo que todavía no había pegado el estirón.

Paseando por el barrio, buscando algun otro perro vecino.

Motivos por los que me pregunto por qué no me compré un canario:

1. El pelo. Fox tiene mucho. Y lo pierde. Un día, harta de barrerlos, lo mandé a la peluquería. Pelalo, le dije al ñato. Nunca me imaginé que iba a tomarlo literal. Cuando lo vi volver pensé: mama mía, que te he hecho. Lo habían rapado tanto que parecía un weimaraner pero le habían dejado la cabeza peluda. Parecía que se la habían cortado y le habían puesto un cuerpo de un perro mucho mas chico. Para terminar la maldad perpetrada, le habían dejado la punta de la cola (pelada por supuesto) con un mechón. Lo mas parecido a un león que he visto en mi vida. Los perros del barrio venían a la puerta de casa a reírse un rato. Un año tardó en volver a crecerle, pobre. Mis hijos y mi marido nunca me lo perdonaron. Fox, en cambio, si.

Después de refregarte así en la nieve no pretenderás entrar a casa...

2. Los paseos. Fox siempre quiere pasear. Vamos casi todos los días a buscar a Javier al colegio y apenas agarro la correa el tipo se vuelve loco de contento. Pero eso es poco a su humilde entender. Siempre quiere pasear. Mi marido se cambia para ir a correr y el tipo lo escucha bajar la escalera en zapatillas y se da cuenta. No se si será que suena distinto. Empieza a seguirlo por las distintas ventanas, no vaya a ser que lo dejen afuera del programa. A la mañana yo bajo a la cocina a las seis de la mañana a intentar despertarme y el tipo ronca como si no fuera con el la cosa. Hasta que el olor a café lo despierta (?) y se para al lado de la puerta (del lado de adentro, obviamente el rey de la casa duerme adentro) y espera a que le abra. Si no lo hago, viene hasta donde estoy todavía intentando hacer sinapsis en mis neuronas y me da cabezazos hasta que me levanta y le abro. Y obviamente pretende pasear conmigo. Flaco, a las seis y media de la matina las calles no están puestas, no rompas.

3. Las idas al veterinario: Cualquier visita al veterinario cuesta un ojo de la cara. Y si no es porque se comió un hueso y le duele la panza, es porque se peleó con otro perro y quedó maltrecho, pero unas cuantas veces al año hay que ir. Subirlo al auto, que deja lleno de pelos, a la fuerza porque no le gusta, empujar hasta que los 40 kilos se meten en mi citroen y volver a hacer lo mismo a la vuelta.

Nada mejor que mojarse en el rio (arroyo, mar, pileta, con que tenga agua basta)

4. Los fuegos artificiales. Llega diciembre y llegan los problemas. Fox le tiene pánico a los fuegos artificiales. Pero no tiene en cuanta el tamaño que porta. Suena el primer cohete y se abalanza sobre la puerta del living y a cabezazo limpio, la abre. Si los ruidos persisten, se mete bajo la mesa, tirando a su paso lo que encuentre. Y si no para, sube. Fox sabe que tiene la vida penada si va a la planta alta. Pero no le importa. Y de pronto te encontras con la mole peluda, en carrera desenfrenada por los cuartos intentando meterse bajo una cama. Correte, porque te lleva puesto.

5. Las medias y los trapos. Tiene una debilidad. Bah, dos. Las medias y los trapos. Si encuentra una media que alguno de los chicos dejó tirada, se la manda. Hemos tenido que ir al veterinario por eso, también. Los trapos no se los come, los destroza nomas. Veloz como un rayo, cuando abren la puerta de la cocina, mete el hocico y raja a toda velocidad con el trapo de piso que encontró entre los dientes. Intentá sacárselo. Te hace ole moviendo la cola y corre cada vez mas rápido en círculos. Podes pasarte tres horas amenazando, no le importan las consecuencias.

Cruzando un vado, si hay agua mejor.

6. Patán. Patan es un golden retriever igual a él que vive a media cuadra de casa. Antes de que llegara Fox, Patan venía de visita, entraba, paseaba por el jardín, ligaba algún mimo y se iba contento. El día que llegó Fox, hubo problemas. Y hace 5 años que los hay. Una o dos veces al año se agarran. Patan es mas piola y viene a chumbarlo. Este gilazo enloquece de odio y se acerca a la reja, enardecido. El otro, ladino, lo sigue chumbando hasta que el mío, totalmente fuera de si, hace fuerza y pasa la cabezota por entre los barrotes de la reja. Y no la puede sacar. Ahí, sonó. El otro se lo come a gusto.

Eso pasó el viernes. Quedó maltrecho. Y con el orgullo herido. Incapaz de defenderse cuando Patan le clavo los dientes desde afuera, no había modo de separarlos. Al agresor le pegué con lo que encontré a mano, pero cuando estos tipos enloquecen no hay manera de separarlos. Terminé tirándole echo en el balde con lavandina (?) que encontré dentro de un balde, obviamente. Recién cuando al tipo empezaron a arderle los ojos, aflojó.

Resultado: Mi Fox con un corte que va desde el lagrimal hasta el hocico, decadron inyectable, antibióticos por diez días y, lo que mas me parte, dos días en los que estuvo echado, con forma de ovillo, bajo la mesa.

Fox duerme como un pollo a la parrilla.

De a poco va volviendo a ser el de antes. Ya mueve la cola cuando le hablas, quiere volver a pasear y supongo que en unos días volverá a ser el Fox de siempre, el que me recibe cuando llego con fiesta como si me hubiera ido seis días aunque sólo haya sido una hora, compañero desde la mañana temprano, cuándo me oye bajar la escalera y mueve la cola aunque esté torrando, el que se queda en la calle vigilando a Javier cuando va a las hamacas o que lo mira cuando juega al fútbol, el que ladra alarmado cuando alguno de los chicos se tira de cabeza a la pileta, el que se echa al lado mio cuando me pongo a ver una peli, y el que viene y con la cabeza me saca la mano del mouse cuando estoy twiteando.

Dos hinchas de Ñuls.

Vuelve, de a poco, a ser el de antes. El que me da, todos los días, tantas razones por las que no me compré un canario.

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Si estos de la oposicion fueran mis hijos…

11 Mar

Quieren que les diga algo? La oposicion esta llevando mi paciencia al limite. En cualquier momento les vuela un cascotazo. Yo les avisé

about 16 hours ago via TweetDeck

Hay veces en las que me siento una madre sufrida frente a la tele. Yo pretendo que mis hijos no se peleen. Pero como eso es imposible, creanme, bajo las expectativas y pretendo al menos que no se peleen en público. Que los trapitos sucios se laven en casa, vió? Que el “pero que pelotudo que sos” que Paz grita a Mateo sea dentro de casa y sin visitas, de poco sirve que sea en casa si yo tengo invitadas a tomar el te a las madres del colegio de Javier.

Aveces no me hacen caso, estos desgraciados que tengo por hijos. Yo intento que mi mirada de “cuando te agarre te liquido, esperá a que lleguemos a casa” los haga desistir de su mal comportamiento pero por lo visto, o mi mirada no es tan penetrante como yo pretendo o a estos tipos nada los amedrenta.

Intento no meterme. No porque me de miedo, he convivido con tres hermanos y sobreviví, creanme que eso me fogueó para pelearme con una banda de mercenarios turcos que le hayan puesto precio a mi cabeza. No me meto porque considero que los problemas de hermanos se resuelven entre hermanos y salvo que alguno esté sangrando profusamente por el castañazo que le metió el otro, los dejo que se griten lo que quieran gritarse y que se amiguen cuando quieran amigarse. Porque si me meto, suelo recibir como respuesta un “no te metas vieja” y el término vieja me perturba y salgo corriendo a ver si necesito botox.

Si digo “hoy no cocino” enseguida empiezan a discutir. Uno dice vamos a Macdonalds, el otro dice yo me hago un revuelto gramajo y la reina sentencia comamos sushi. Si digo “saquen a pasear al perro?”, Paz dice que lo saque Mateo, Mateo dice tengo que estudiar (caradura!) y Javier dice: yo soy chiquito. En lo único que se ponen de acuerdo es cuando pregunto quien lava los platos. Yo no, yo no, yo no, responden al unísono.

Pero lo que mas me enloquece es encontrarme con gente como mi amiga Florencia, que tiene hijos que se adoran, se ayudan, no se gritan y cuando salen de bañarse, no dejan las toallas tiradas, sin pensar en que despues de ellos, viene otro a bañarse. Le desconfío, ojo. Creo que las peleas entre hermanos son lógicas y saludables y que hay cosas que tienen que resolver entre ellos. Pero la envidia me pincha un poco verlos tan perfectos, tan prolijos y cuando son niñas, todas con el moño en el pelo bien ajustado. Y me revienta verla que mira a los suyos, mira a los míos, sopesa las diferencias y sonríe. Me enferma que la guacha sonría.

De alguna manera, en esta telenovela por capitulos que nos brinda el gobierno y la oposicion, hay veces que me siento igual. Pretendo que el gobierno actúe mal (cosa que hace y muy bien) y que la oposicion actúe bien (cosa que hace muy mal). El gobierno es como los hijos perfectos de mi amiga Florencia: todos hablan en bloque, todos opinan lo mismo, todos se defienden y todos se sonrién. Los de la oposición parecen mis hijos: se pelean, se hacen zancadillas, me hacen pasar papelones delante de los demás, no se ponen de acuerdo aunque todos quieran lo mismo.

Ahora resulta que nadie quiere que el gobierno haga lo que se le antoje para seguir teniendo caja y seguir disciplinando a las provincias. Pero, gracias a las peleas entre ellos, el gobierno sigue haciendo lo que se le canta y de alguna manera, Nestor y Cristina sonríen. Igual que mi amiga Florencia.

Esta vez si me meto, como mujer argentina y como madre experimentada:

Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera

tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea

porque si entre ellos pelean, Nestor y Cristina, sonríen desde afuera…